Peronismo, el hecho maldito de la política argentina. Una breve introducción

  • "En torno a la historia del peronismo hay muy pocos elementos de consenso"
  • "A la pregunta de si el peronismo se limita a la figura de Perón hay que responder con una negativa rotunda"
  • "De entre todos estos movimientos, el más conocido y, probablemente, el más importante de la última década haya sido el kirchnerismo"

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Manuel Romero Fernández

El día 17 de octubre de 1945 una multitud de obreros inundaba las principales avenidas de la ciudad de Buenos Aires. En torno a la media tarde la gran mayoría de ellos ya se agolpaban en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo de la República Argentina. El objetivo era para todos el mismo: la liberación del General Perón, el que era por aquel entonces, hasta ser detenido, Secretario de Trabajo y Vicepresidente de la Nación Argentina. Si bien el país ya estaba paralizado por las convocatorias de huelga general lanzadas por los sindicatos, la movilización se produjo de forma espontánea -es probable que mucha de la gente que salía de sus casas esa misma mañana, o quienes se incorporaron directamente desde los centros de trabajo a la marcha, no supieran cuando se lanzaron a hacerlo que desembocarían en la Plaza de Mayo, dando lugar a una de las mayores movilizaciones de la historia política Argentina. En torno a las 23 horas, el presidente Farrell, con el objetivo de calmar a la gente allí reunida, salió al balcón y, de acuerdo a lo que demandaban, dio paso a Perón para que hablara. Así fue como se consumó el acontecimiento fundacional del peronismo en Argentina.

Cualquier cosa de lo escrito en el párrafo anterior podría ser cuestionada, y, obviamente, eso no querría decir que yo me esté inventando nada. Lo que revelaría, más bien, es que en torno a la historia del peronismo hay muy pocos elementos de consenso. Eso sí, lo que nadie puede negar es que este fue un momento que transformaría de forma radical la política en Argentina hasta nuestro presente. Se han escrito miles de páginas sobre su historia, sus múltiples significados o las dimensiones de su impacto, y son miles de páginas más las que probablemente quedan aún por escribir. Yo me limitaré a hacer introducción en apenas unas pocas líneas al calor de las próximas elecciones generales del 27 de octubre en Argentina, en las que, una vez más, el fantasma del peronismo vuelve a ser decisivo para comprender la contienda.

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En el año 1943, mediante un golpe de Estado, se le pone punto y final a la conocida como la Década Infame y se constituye un gobierno militar. Perón, uno de aquellos militares, se pone al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión en un momento en el que Argentina, debido a sus exportaciones, está sumergida en un proceso de industrialización creciente, y, por lo tanto, dispone de una clase obrera que cada vez cuenta con más miembros entre sus filas. Desde el cargo de poder que ocupa comienza a llevar a cabo una serie de políticas sociales que dotan a los trabajadores de derechos laborales hasta entonces inéditos en Argentina, como las vacaciones pagadas o la jubilación, y convenios colectivos de trabajo, lo que implicaba alcanzar acuerdos con sindicatos. Si bien todo esto le valdrá para ir ganándose cada vez más apoyos y simpatías entre las clases trabajadoras, también lo hará para ir forjándose enemistades y antipatías en la patronal. De hecho, las presiones al gobierno por parte de la clase empresarial terminaron dando sus frutos. El día 9 de octubre de 1945 Perón renunciará a todos sus cargos y unos días más tarde será detenido, lo que conduce a la movilización masiva del 17 de octubre narrada al inicio del artículo.

Unos meses después, ya en 1946, Perón concurre a unas elecciones como candidato y saldrá elegido presidente. A partir de aquí, su orientación estratégica se puede explicar mediante lo que se ha denominado como las tres banderas del peronismo: justicia social, independencia económica y soberanía política. Ocupará este cargo durante 9 años, siendo reelegido en 1951, unos comicios marcados por ser los primeros en Argentina en contar con la participación de la mujer, gracias a la lucha infatigable de Eva Perón, también sea dicho, personaje al que también se le ha dedicado una ingente cantidad de bibliografía y que es, sin duda, fundamental para comprender el fenómeno peronista en toda su complejidad. Finalmente, en 1955 será derrocado por un golpe de Estado ejecutado por las fuerzas opositoras en alianza -todas tenían en común ser antiperonistas. Perón se vio obligado a huir del país, refugiándose en España hasta su regreso en 1973.

Durante los años de su exilio el peronismo continúa creciendo, impregnando ideológicamente a sectores cada vez más heterogéneos. Pero, y aquí es donde está lo más interesante para mí de este fenómeno, es en la huida del general cuando el peronismo como movimiento descabezado por la ausencia de su líder se revela como un fantasma que sobrevuela la política argentina, cuyos contornos son muy difíciles de delinear. Por eso, a la pregunta de si el peronismo se limita a la figura de Perón hay que responder con una negativa rotunda. De hecho, el mejor ejemplo de esto serán los enfrentamientos entre sectores peronistas cuando Perón retorna al país y es incapaz de integrar a las diferentes corrientes que forman el peronismo, por lo que debe escoger por una de ellas, inclinándose por los sectores más conservadores de la rama sindical y dando la espalda a Montoneros, jóvenes guerrilleros que, pese a esto, nunca dejaron de reclamarse como los auténticos representantes del peronismo.

Las dificultades para otorgarle una definición cerrada al peronismo tienen que ver con la heterogeneidad que lo caracteriza desde su surgimiento. Entre una de las definiciones más extendidas se encuentra la de John William Cooke, el abanderado del espíritu revolucionario del peronismo, quien lo describió como “el hecho maldito del país burgués”. Esta es una concreción magnífica de lo que supuso el 17 de octubre de 1945 para Argentina -y para entender la reivindicación del peronismo hoy. Aquellos muchedumbres que anegaban las avenidas de la ciudad de Buenos Aires estaban compuestos por gente muy diferente y que, sin embargo, tenían algo en común: formaban parte de “lo otro” de la sociedad argentina de entonces, es decir, los sectores excluidos: obreros, campesinos, mujeres, vagabundos, etc. El mejor ejemplo de esto son los apodos que les daban los periódicos a esta nueva e incomprensible irrupción plebeya: “desarrapados”, “negros”, o “descamisados”, entre muchos otros.

Con la llegada de Perón al poder una parte el peronismo se institucionalizó, pero no por ello ha ido perdiendo su riqueza semántica y política, todo lo contrario, continuaron proliferando peronismos de muy distinta índole. De ahí que en muchas ocasiones, sobretodo cuando lo observamos con una mirada acostumbrada a interpretar cualquier gesto político desde las coordenadas izquierda-derecha, este fenómeno nos resulte incomprensible. Hasta llegar al siglo XXI su significado ha ido fluctuando y adaptándose a las coyunturas que lo atravesaban, en alguna ocasión, como a finales de la década de los 90, incluso perdiendo popularidad a la hora de designar identidades políticas. No obstante, en los inicios del nuevo milenio algunos temblores volverían a sacudir el panorama político argentino, y el peronismo, de nuevo, estaba en pugna entre diferentes partidos, organizaciones sociales o movimientos políticos que se atribuían para sí el calificativo de peronistas.

De entre todos estos movimientos, el más conocido y, probablemente, el más importante de la última década haya sido el kirchnerismo. Habría que debatir si acaso el kirchnerismo no es en sí mismo un movimiento con unas lógicas políticas propias que va más allá del peronismo. El propio Axel Kicillof -ex-ministro de Economía y Finanzas Públicas con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y actual candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires- en conversación con Jorge Alemán describe el kirchnerismo como una fase superior del peronismo, es decir, que que tiene su matriz ideológica en el peronismo pero que en alguna medida también ha desarrollado su autonomía. No entraremos aquí en esa discusión, nos limitaremos a explicar en qué consiste y por qué es fundamental para comprender la política en Argentina así como los próximos comicios del 27 de octubre.

El kirchnerismo nace al calor de un período histórico muy convulso. En el intervalo que recoge desde finales de la década de los 90 hasta los primeros años del  2000 se sucedieron varias crisis relacionadas con la puesta en marcha de un plan neoliberal de “achicamiento del Estado” por parte del gobierno de Menem, cuyas consecuencias políticas, económicas, y sociales fueron devastadoras para la sociedad argentina. La pérdida de legitimidad y el descrédito a la clase política se se hizo patente en el grito “que se vayan todos”. Por lo que se intuía que en esta ocasión, a diferencia de 1945, había una ausencia de referencias y un horizonte político sin definir. Fue un momento destituyente para la política argentina. Por otro lado, el peronismo se encontraba debilitado como identidad política y había pérdida parte de su capacidad para interpelar a los sectores populares.

Néstor Kirchner era un cuadro político de la militancia peronista, ya en el año 1981 había fundado el ateneo Juan Domingo Perón, y había sido reelegido en varias ocasiones consecutivas como gobernador de Santa Cruz. Fue en el año 2003 cuando se postula como candidato a la presidencia y, pese a ser derrotado, asumirá el cargo tras la renuncia de Carlos Menem al balotaje. En los años precedentes Argentina había padecido una sucesión de varios presidentes en periodos muy cortos de tiempo, lo que es sintomático de la inestabilidad política del país. Probablemente, uno de los rasgos de la cultura política peronista de Kirchner se manifestó en la capacidad de sumar actores muy diferentes en oposición, en este caso concreto, a las políticas neoliberales implementadas en la última década. Teniendo la “transversalidad” como idea-fuerza de su quehacer político, en una coyuntura en la que el peronismo aún no había recuperado su potencialidad política de antaño, Kirchner logró agrupar sectores procedentes del peronismo y del no peronismo y devolver parte del músculo a un Estado debilitados por el desmantelamiento neoliberal de los últimos años.

Entre sus primeras medidas como presidente se encuentran la retirada de los cuadros de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, ambos presidentes durante la terrible dictadura militar de 1976-1983, que continuaban colgados en la academia militar, la sustitución de la cúpula de las fuerzas armadas o, la más exitosa de todas ellas, la reestructuración de la deuda y el ajuste de cuentas con el FMI. Todo esto le permitió generar consensos cada vez más amplios en la sociedad argentina. En el año 2007, Cristina Fernández de Kirchner tomará el relevo, logrando la victoria en primera vuelta. Y será tan solo tres años más tarde cuando Néstor Kirchner fallece.

Como se puede ver, el kirchnerismo posee características particulares que dificultan que pueda ser leído como una simple expresión del peronismo. Es un significante en sí mismo en disputa que oscila en una relación de tensión entre quienes lo definen por llevar a cabo políticas como la Ley de Matrimonio Igualitario o la reestatalización de las pensiones y las jubilaciones, y las constantes acusaciones de corrupción y autoritarismo por parte de los poderes mediáticos y la oposición. Después de más de una década en el gobierno el kirchnerismo fue derrotado en el año 2015 por un amplio frente antiperonista, “Cambiemos”, encabezado por Mauricio Macri, ex-diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, como curiosidad, presidente del Boca Juniors entre 1995 y 2008.

El desgaste habitual de una formación que lleva tantos años al frente de la gestión de un país como Argentina, junto con algunas de las intrigas palaciegas del kirchnerismo provocó la fragmentación y, por lo tanto, el debilitamiento del mismo. Sin embargo, tras una gestión catastrófica del gobierno neoliberal de Macri, el kirchnerismo, encabezado por Cristina Fernández, en alianza con otros sectores del peronismo reapareció bajo la fórmula Fernández-Fernández para concurrir a las elecciones del próximo 27 de octubre con la candidatura del “Frente de Todos”. Este tándem se ha revelado como una jugada maestra tras la victoria arrolladora de las elecciones primarias (PASO) celebradas en agosto, asestando un duro golpe a la candidatura oficialista. Alberto Fernández, figura pública ya reconocida por ser ex-jefe de gabinete de Néstor Kirchner, es el candidato a la presidencia de Argentina, mientras que Cristina Fernández, en un movimiento inesperado, se desplazaría a la vicepresidencia.

Insisto, para terminar, que este artículo no se propone bajo ningún concepto elaborar una exposición sistemática del peronismo, nada más lejos, sino hacer un breve recorrido histórico e ideológico a través de uno de los fenómenos políticos y sociales más importantes de Argentina. También me gustaría aclarar de nuevo, aunque ya he tratado de hacerlo más arriba, que peronismo y kirchnerismo no funcionan como términos equivalentes, sino que cada uno respondería a sus propias lógicas a la vez que se relacionan y se nutren entre sí. Ambos, una vez más, sobrevuelan como un fantasma el paisaje político en Argentina y serán determinantes para poder interpretar tanto la campaña como los resultados de los comicios del próximo 27 de octubre.

1 Comment
  1. Alejandra Moyano says

    Como resumen, es corto y preciso pero tendencioso.
    Al gobierno de Perón y Evita le faltan lo que lo sufrieron por si autoritarismo y su desprecio a los científicos que muchos debieron huir del país. Alpargatas si, libros no…
    Del Kirchnerismo falta decir que entre esos problemas de Palacio están el enriquecimiento de sus hijos que nunca dieron palo al agua y tienen millones, la muerte del fiscal que acusaba a Cristina K en la trama con Iran…

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