Una cultura 10

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Essen, capital de la vieja cuenca del Ruhr motor y orgullo industrial de Alemania, ha mudado su ropaje de carbón y acero en ideas artísticas, obras teatrales, instalaciones retadoras que se dejarán ver y tocar en los más de 2.500 eventos y 300 proyectos preparados. No se trata de un alarde de efectos especiales, dice uno de sus organizadores, Oliver Scheytt, sino un empeño convencido de apostar por el cambio a mejor de los seres humanos a través de la cultura, una antigua aspiración humanista.
Andrés Laguna
Andrés Laguna

Precisamente, humanista es la figura gigante de Andrés Laguna, una idem en la "memoria histórica " española, aunque debiera decir, un océano de desconocimiento en el común hispano, a pesar de la celebración del quinto centenario de su muerte -qué manía con la muerte- en 1999. Curioso que el nombre de este médico humanista del siglo XVI, que vivió y trabajó en varios países europeos gracias al uso de la lingua franca, el latín,  pasmando con su elocuencia y saber allá donde iba, contratado por emperadores y papas para el cuidado de su salud, entre ellos Carlos V -que se lo llevó consigo a Alemania-, que ayudó a paliar los estragos de la peste y habló de Europa como unidad cultural por vez primera, aventajando en el tiempo a mi admirado Montaigne, curioso, digo, que no figure entre los más notables del Reino. Un ejercicio tonto: ¿si fuera francés habría pasado lo mismo o quizás los franceses aprecian mejor a los suyos? Incluso cuando no se merecen tanto, caso Victor Hugo, aunque ése es otro cantar que no viene al caso. Se admiten apuestas. Pero, miren ustedes por dónde, la Presidencia española de la UE ha venido a desempolvar al buen segoviano universal para ajustar debidamente su discurso. Una oportunidad de oro para dar lustre y publicidad a una exportación cultural española realmente valiosa.

Como la lengua. Se preparan los recados de escribir para el V Congreso de la Lengua Española en la ciudad de Valparaíso, Chile.  Ya afilan sus cuchillos los amanuenses de las lenguas precolombinas y otras del estilo para tratar de aminorar el efecto de fragua poderosa que la lengua común, la lingua franca de cientos de millones de personas, produce para beneficio cultural y económico de sus hablantes. Hasta el ladino sirve aún para entenderse entre gentes muy dispares, y el chabacano, como acabo de comprobar en Zamboanga, Mindanao. Espero que esta vez tampoco tengan éxito los que abogan por suprimir los acentos con el pretexto de evitar así que los niños se sientan frustrados por lo difícil que es aprenderlos. Que en esos términos he oído expresarse a académicos. Da pavor.

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