La revolución oxidada

2

Del acorazado Potemkin a un viejo pesquero anclado en puerto desde hace años. De Odesa al Puerto de la Luz un siglo, un sueño y una pesadilla después. De la revolución comunista de octubre del diecisiete a la derrota de días iguales sobre un barco atracado en Gran Canaria en el que viven como ratas los marineros de unas otrora poderosas empresas pesqueras de repúblicas de la antigua URSS ahora quebradas, buscavidas que esperan en vano salir al mar o volver a casa. Los sueños revolucionarios convertidos en óxido, la igualdad social en una maroma deshilachada amarrada a un noray y la lucha de clases desvanecida como en el silbido del mar entre chapas herrumbrosas.

Cinco marineros “encallados” en las Canarias desde hace más de un lustro a la espera de una salida digna para sus vidas nos cuentan su historia en Anclados, un sugerente documental de la debutante Carlota Nelson, producido por José María Morales, de Wanda, un tipo con olfato que sabe encontrar buenos proyectos.

Las lamentables condiciones de vida de los huéspedes de esos gigantes anclados en puerto, su impresionante odisea de organizarse y recuperar uno de los barcos para reflotarlo y ganar dinero con él, y el amargo epílogo donde se revela la situación de estas personas tres años después de empezar el rodaje -unos echaron raíces, otros volvieron, otros siguen varados…- son los hitos narrativos de este documental correcto en la forma y sobrio en los sentimientos en el que acaso se eche de menos un poco más de profundidad emocional, tanto en el enfoque general como en el análisis de los protagonistas, de quienes sólo se ha mostrado la parte superficial.

Una sobreabundancia de imágenes líricas y simbólicas en las que la realizadora se recrea de manera innecesaria, un ritmo demasiado lento que posibilita que te hagas preguntas antes de que te las cuente la película unos minutos después (trabas administrativas, familias de origen, situación legal de los barcos…), algún recurso ideológico artificial y forzado (en la radio del coche hablaban del caso Gürtel) y algunas incógnitas sin resolver son los únicos lastres estéticos y argumentales de esta interesante película que ha logrado sacar del olvido a unos fantasmas que una revolución comunista periclitada y un consecuente capitalismo de urgencia dejó varados en nuestras costas.

Llama la atención que estos marineros que han perdido todo, el trabajo, el dinero y la familia, aún mantienen admirablemente la dignidad y la esperanza y a veces se consuelan añorando los tiempos de la URSS en los que la protección social y el trabajo seguro eran preferibles a las posibilidades capitalistas: “¡Hasta el vodka era mejor!”, dice alguien en algún momento del documental.

Todos estos hombres desperdigados por el mundo a los que el naufragio revolucionario les pilló pescando simbolizan la derrota de una ideología y el fracaso del sistema que la ha sustituido. Sus miradas desilusionadas, sus vidas sin brújula y sus sueños inciertos son los de todo el pueblo soviético, que un día se levantó gritando igualdad, siete décadas después se acostó pidiendo libertad y ahora se despierta de dos sueños malogrados bostezando con nostalgia sin saber qué ha pasado ni hacia dónde ir.

En este río revuelto de revoluciones la ganancia ha sido sobre todo de unos pocos listos que se han hecho ricos con las sobras del imperio. Porque ahora el enemigo capitalista es el vecino de al lado y la libertad se emborracha cada noche con vodka de garrafa mientras los que siempre han movido los hilos galopan en deslumbrantes coches negros con putas de mil dólares. La caña y el cebo, el sueño y la pesadilla, las dos caras de la misma moneda.

———————————————–

Dejo una breve biografía de los protagonistas del documental.

Máximo- 26 años. De Odesa, Ucrania, la ciudad más mediterránea de la antigua Unión Soviética. Hace 6 años llegó a Gran Canaria a bordo del Géminis, y él y toda la tripulación se quedaron varados cuando el capitán se dio a la fuga. De aquella tripulación, Máximo es el único miembro que decidió quedarse en el barco con la esperanza de cobrar. No era capaz de volver derrotado y sin dinero a casa después de tanto tiempo. Por orgullo. Por vergüenza. Lleva casi 7 años viviendo en los barcos y trabajando de vigilante, traductor, intermediario, gestor y contratista para los nuevos dueños de los arruinados barcos que reparan. Ha aprendido el idioma y conoce al dedillo cómo y quien corta el bacalao en el Muelle de la Luz. No se fía de nada ni de nadie. Es el único que se ha establecido con cierto éxito. En sus ratos libres, compone música con el ordenador.

Volodya- 68 años. Ucraniano, de Sebastopol. Cuarenta años de cocinero de barco. Lleva casi siete años viviendo en el puerto. Su sueño es volver a casa pero con la pensión que le corresponde (50 euros al mes) no podría mantenerse a él ni a su familia. Vive a bordo del Skyval, un barco cuyos vigilantes han convertido en hotel. Alquilan camarotes a otros marineros abandonados.

David- 45 años. Georgiano, de Tbilisi. Ingeniero y aventurero. Lleva cuatro años viviendo en el puerto. David llegó aquí porque invirtió su dinero en un barco abandonado y le salió mal. Mientras espera el juicio, trabaja como vigilante y es mano derecha del nuevo dueño de un barco abandonado. Su sueño es viajar hasta su casa en coche, recorriendo Europa y filmándolo con una cámara.

Jana- 42 años. De Crimea, Ucrania. Cocinera de barcos. Divorciada con dos hijas, vive con su novio ruso, del que no esta enamorada. Los dos son inquilinos del barco-hotel. Lleva un año y medio viviendo en Las Palmas como consecuencia de un impago a bordo de un barco y trabaja como limpiadora y cocinera y a menudo se ausenta a trabajar en casa de rusos adinerados por periodos de semanas.

Valieri- 62 años. De Kiev, Ucrania. Lleva cinco años viviendo a bordo de un barco abandonado y ejerce de vigilante. Casado con dos hijas, trabaja en lo que vaya surgiendo en el puerto: pintor, mecánico, electricista. Espera que el barco se venda para desguace para cobrar algo del dinero que le deben y así volver a su país.

Zaidan, nombre del barco que algunos marineros logran reparar tras mucho esfuerzo y con el que salen al mar para intentar pescar.

2 Comments
  1. jonathan says

    Ah, pues me alegro de que se deje ver. En cuanto a lo del vodka: totalmente de acuerdo, el vodka desde Gorbachev no hay quien se lo beba en la Santa Rusia.

Leave A Reply

Your email address will not be published.