La bolsa del pastor

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Saramago y su esposa, Pilar del Río, en una imagen de agosto de 2009. / Martínez de Cripán (Efe)

Me entero por la radio mientras conducía por la AP7: ha muerto José Saramago. Y me da pena, no sé por qué, ya que los escritores de su categoría es como si ya estuvieran muertos, en el sentido de que ya están en la gloria de los escritores. Ya me entienden, no quieran que me líe más.

No hablaba con Saramago desde que le concedieron el Premio Nobel, una honra pendiente de la Academia Sueca con las letras portuguesas,  pero que le complicó la vida mucho y se la llenó de compromisos.

Un escritor que, de por sí, estaba lo suficientemente comprometido como para que le criticaran su manía de seguir siendo comunista y sus comentarios “agoreros” sobre la realidad del mundo y de la injusticia de la vida misma. Sí, escribía cosas bellas, sobre todo, cuando estaba algo tocado del aura pessoana y heterónima de La balsa de piedra y de El año de la muerte de Ricardo Reis. También me impresionó El informe sobre la ceguera, ya en otro timbre de grito.

Pero –y recuerdo que tuve el valor de decírselo, lo que me valió una conversación de las que no se olvidan- no me gustó El evangelio según Jesucristo. Me parecía que lo escribió por un afán suyo de ajustar cuentas consigo mismo y su cultura cristiana. Y las hipócritas construcciones sociales portuguesas, en particular. “Pero, ¿Jesucristo de protagonista de una novela? ¿Y quién demonios va a leer eso, José? Menudo rollo”, creo que le comenté, abusando de la confianza que él mismo me ofreció en su lisboeta rincón, tan apacible y confortable, mientras Pilar del Río le daba los últimos toques a una limonada soberbia. Saramago –Sousa, en realidad era su nombre- sonreía bondadoso ante la descarada pregunta de su interlocutora. Tras su estampa elegante y distinguida, el escritor parecía esconder la simplicidad de la bolsa de pastor, que es el nombre popular de la planta campestre que se llama Jaramago, como él, y que estamos hartos de ver en primavera por todas partes.

Y algo bueno me diría (ahora lo he olvidado, y si quisiera recordarlo tendría que aventurarme en ese invento laberíntico de El Mundo, Orbyt o así, que ya no me deja entrar en mis propios escritos de cuando entonces; demasiado complicado para mí).

Era bonita su casa lisboeta que tuvo que abandonar después, porque resulta que sí, que hubo quien leyó esa novela, sobre todo unos cuantos merluzos al mando de Portugal, por entonces, y entre esos lectores abusones y otros pardillos que engrosaban la sociedad portuguesa de postín le acabaron echando a Lanzarote. Donde tampoco ha vivido mal, no sufran.

Última imagen que conservo (por si les hace gracia a ustedes): En su habitación de un hotel, a la que me había invitado a entrar una vez terminado el trabajo periodístico, Pilar se quejaba de la espalda o, me temo lo peor, de mis masajes heterodoxos en los nudos de sus músculos dorsales. José, sentado al escritorio, en la otra punta del cuarto, parecía absorto en el ordenador portátil. Cuando los lamentos de Pilar se iban suavizando, un grito de júbilo se alzó desde el rincón del escritorio. ¿Una frase afortunada, un hallazgo literario, un artículo brillantemente rematado, un gol del Benfica? Cá. Un solitario revoloteando en cascadas, a la primera.

Resulta que tenía una enfermedad y que se ha tomado poco tiempo para resolver sus cosas en la tierra y enfilar el camino hacia el cielo en un viaje que espero venturoso y no tan sobresaltado como El viaje del elefante, su penúltima novela, que aún tengo por leer, qué dicha. Quizás ahora haya dado con el enigma del que tanto habla en sus novelas: "Dentro de nós há uma coisa que nâo tem nome, essa coisa é o que somos". Un hombre discreto. Envidiado –criticado, por tanto- y discreto. Leve le sea la tierra, y a leerle tocan.

Un abrazo, Pilar.

4 Comments
  1. Krrrrrrr says

    Una pena la pérdida de saramago:

    Requiem – Wolfgang Amadeus Mozart
    http://www.goear.com/listen/2874d3b/requiem-wolfgang-amadeus-mozart

    Moonlight Sonata – Ludwig Van Beethoven
    http://www.goear.com/listen/8300724/moonlight-sonata-ludwig-van-beethoven

  2. estrella says

    Que bien explicado, verdad?
    “Dentro de nós há uma coisa que nâo tem nome, essa coisa é o que somos”
    Gracias Elvira por esos momentos intimos.

  3. Adolfo says

    Gracias, Elvira, por darnos a este Saramago íntimo (y esa foto encantadora del escritor con su querida Pilar.) Hemos perdido a un escritor cuya obra importaba moralmente; que tenía una presencia, un peso moral, estuviéramos o no de acuerdo con sus ideas. Y qué cosa más rara en nuestra sociedad, donde se espera de un narrador la brillantez, la originalidad, el éxito comercial… Ha observado Andrés Ovejero, con cierta ironía: “Over the past century there has been a radical deterioration in the image of politicians: presidents, ministers, legislators, have become negative models which people tend to distrust.It’s not that the famous committed writer – I think here of Saramago, Sontag, Grass, Arundhati Roy—has become a substitute leader of the masses in the Western world. Rather, he has become the priest of a lay religion asking a more just society, a more human world. The writer-priest, on the soapbox or behind the microphone, performs a rite which, like religious ceremonies or the chanting of hymns in demonstrations and political gatherings, makes us feel part of a movement, part of a hope common to thousands of people. I don’t believe anyone can object to that feeling which literature too tries to produce in us: that of being less alone…”

  4. celine says

    «Estar menos solos…» Eso es, desde luego. Bien dicho.

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