Baile en danza

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Nacho Duato/FOTO: PEDRO ARNAY. ALHMA.COM

Nacho Duato ha dejado la dirección de la Compañía Nacional de Danza, que entro a dirigir en 1990, cuando se llamaba Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, en ese afán de los mandamases políticos de nombrar de forma rimbombante instituciones para que parezcan más grandes, más respetables. Duato hizo grande y respetable esa compañía nacional muy pronto; quizá por esa razón, en 1993, ya cambiaron la rimbombancia por un nombre más práctico y fácil de identificar.

Es cierto que en sus veinte años de director, Duato no dio cuartelillo al ballet clásico, quizá por considerar que había que progresar a una concepción más moderna y acorde con los tiempos, que, creo personalmente, que él domina. En este sentido, podría pensarse que los exiliados del clasicismo español, entre los que se encuentran nombres conocidos como Tamara Rojo, prima ballerina del Royal Ballet de Londres o los de Oscar Torrado, que sí llegó a trabajar con ND, su compañera de danza, Laura Hormigón, o la estrella del ballet de la Opera de París, José Martínez, se han visto forzados a abandonar España. Lo que en cierto modo es verdad, pero de eso Duato no es responsable. Hay que apuntar a razones estructurales, de mal endémico, de falta de compañías donde surjan canteras. Y todo esto trae como consecuencia, falta de maestros, falta de escuelas, ay.

Duato es un gran bailarín y sus coreografías resultan impresionantes, originales, fuertes, significativas; son el resultado de una mente pensante y un alma apasionada por su trabajo, encerrados ambos en un bello rostro y un cuerpo espléndido, cultivado con el esfuerzo y la pasión por la danza. Nada, por tanto, le ha sido regalado a este artista.

En caso es que se ha marchado a los fríos de Rusia, a bailar y enseñar donde le aprecian, dice, donde no tiene que explicar quién es y qué es lo que ha hecho en su vida profesional, cada vez que habla con un propio, un mandao del Ministerio de Cultura. El ballet del Teatro Mijailovski de San Petersburgo, uno de los más prestigiosos del mundo, le espera. Ha elegido ese país para despedirse.

He visto, por casualidad, sus declaraciones en Informe Semanal, TVE1, y el gesto con que trataba de explicar lo humillante que es tener que contar quién eres "como si en vez que los 50 que has cumplido fueras un jovencito que está empezando". Y esto, sí suena a familiar. Seguramente, más de uno de los lectores que honran con su visita este blog ha tenido una experiencia similar. España como madrastra, como padrastro, más bien, que no reconoce la valía de sus hijos y los empuja afuera en busca de su futuro. Que improvisa las apariencias para ser admitida en el club de los importantes pero no concede al tesón de sus figuras el tiempo necesario para que fragüen las buenas empresas culturales.

José Martínez propuso hace años algo interesante:  “Crear no una compañía, sino varias, tal vez no de 80 bailarines, sino de 30, que se juntaran para hacer determinados programas. No costarían tanto, diez millones a repartir, por ejemplo, entre tres compañías como el Ballet de Zaragoza. En Alemania, cada autonomía o ciudad tiene una. Las hay contemporáneas, más clásicas, vanguardistas, de autor…”

Está a punto la creación de una compañía algo más grande, de 90 artistas, la del Real Ballet de España, al frente de la cual, el ministerio quiere poner a Tamara Rojo, quien no dejaría sus obligaciones en Londres. ¿Es posible tanta capacidad? ¿No quedará desatendida la compañía española? ¿No hay otra persona de menos relumbrón pero de igual valía? Son preguntas que una se hace y que parecen razonables. Aunque, como dice, Martínez, “lo que hay que hacer es tener paciencia… no juzgar a la compañía a la primera producción.”

Por lo pronto, Tamara Rojo no bailará en El Escorial, el día 10 de agosto -aunque sí cumplirá con sus clases de danza- como estaba previsto, porque el alcalde no ha cumplido el requisito de que el suelo tenga unas condiciones técnicas que eviten lesiones en los bailarines. También suena a familiar la chapuza y el incumplimiento de compromisos. Por eso se van, como hacen científicos, médicos, enfermeras. Por eso, aunque vuelven un ratito, regresan allá donde les aprecian y cuidan como es debido. Allá donde saben. Yo quiero creer que aquí también sabemos quizás porque me gustaría que lo bueno se quedara en casa, porque se me nota a la legua que soy una "nacionalista española".

Buena suerte, en todo caso, a Nacho Duato en su andadura por la blanca Rusia (por la nieve, digo).

5 Comments
  1. Julián Sauquillo says

    Agradezco la brillante explicación de los logros de Duato. Es justo ser agradecido con nuestros genios. En todo caso, Duato va a permanecer con nosotros como invitado. No se exilia. Su sustitución abrirá el juego a otros muchos magníficos bailarines. El turno de Duato ha sido muy largo. Magnífico artículo, en todo caso. Gracias.

  2. Vigano says

    En el artículo das por hecho que el Ministerio de Cultura quiere «instalar» a Tamara Rojo al frente de la nueva compañía. Desconozco tus fuentes de información pero niego la mayor. En primer lugar por que el entusiasmo de Tamara respecto a España se ha redicido a mínimos y, conociendo el percal en Cultura e INAEM más la seriedad de Tamara, me parece que el candidato es otro. Sinceramente, creo que Tamara no se presentará al concurso.

  3. Elvira Huelbes says

    http://danzahoy.com/pages/members/nota.php?ed=60&sec=actualidad&art=01

    De acuerdo en la seriedad de Rojo. Como debe ser. Algo de razón llevará usted con esa duda tan fundada.

  4. me says

    Bueno, si no se ha exiliado, Rusia no es mal sitio para un coreógrafo. Como implicas, y por desgracia, en España pasados los 50 hay que ir pensando en la jubilación.

  5. celine says

    Duato tiene fama de altanero y un tanto ególatra. Les pasa a los artistas a menudo, se dice. Pero también está casi todo el mundo de acuerdo en que es un buen coreógrafo; sobre todo en la antigua URSS. Lo que sí me creo es que lo haya pasado mal en las conversaciones con los propios del Ministerio de Cultura.

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