Celebrar la libertad

Ofelia de Pablo

Napoleón dijo una vez que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” Esto es lo que Bahamas hace con sus memoria, recordar. El Festival del Junkanoo, la gran fiesta de los esclavos es la mejor forma –alegre y colorida- de celebrar el fin de la esclavitud y de mantener el recuerdo para que nunca vuelva a ocurrir.

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“Ya llegan”- alguien grita en la calle y se escuchan a lo lejos los tambores. Una marea de color invade la ciudad de Nassau, la capital de las islas. Al fondo aparece Jeremy radiante, teñido en purpurina y levantando a su alrededor un enorme disfraz de casi cinco metros de altura hecho de cartón, alambre y papel maché.

Todo el país parece acompañar al festival de los esclavos, un mundo de timbales, tambores de cabra y cuernos suenan al unísono convertidos en charangas.

Los disfraces desfilan como un alegre carnaval poblando aceras, calles y hasta farolas pero su significado va mucho más allá de la fiesta. Ellos son el alma de la comunidad que un día fue esclava y que sobrevivió a duras penas en las colonias. En 1854 se abolió la esclavitud pero hasta ese momento los africanos traídos a las colonias solo gozaban de tres días festivos al año y de ahí el origen de esta celebración. Celebraban su pequeña libertad. “Tres días al son más frenético que existe” -como dice Jeremy cuando me cuenta el porqué del festival “es el ritmo de las almas condenas a un destino fatal”. “Nosotros –añade- somos sus herederos y es nuestro deber mantener el espíritu, el canto a la libertad y la memoria”-señala agitando divertido un sinfín de plumas y cartones de colores. “Existe aun la esclavitud, ahora es de otra manera pero existe: laboral, sexual, económica”–reivindica.

Bajo la magia de las noches sin final de este festival que puebla las islas más bellas del planeta encuentro una sola palabra que se ha instalado en mi cerebro “la memoria construye la libertad”