La segunda oportunidad del cine fracasado

Cuando uno oye hablar de cine invisible lo primero que piensa es en ese cine hecho en zonas del mundo alejadas -más económica que geográficamente, que también- de la civilización occidental y apartado por tanto de la distribución internacional ordinaria. Quizá también en cinematografías de países en conflicto social o político en las que ciertos directores encuentran dificultad para sacar adelante sus proyectos. Pero desde luego no en cine español o europeo que no ha se ha estrenado en nuestros cines ni editado en España en DVD.

Pero sí, los responsables de Filmotech, la sección digital de Egeda (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales) dedicada a la exhibición de cine por internet; es decir, la web de descargas legales de los amigos de la ministra González-Sinde, han puesto en marcha una idea para sacar rendimiento a películas que no lo han tenido porque ni siquiera se han visto.

Patrocinado por El Corte Inglés, el 1º Festival Europeo de Cine Invisible On Line parece estar hecho con la triple intención de ofrecer la posibilidad de ver películas que de ninguna otra manera se podrían ver, dar a conocer Filmotech y explicar de paso la posición de Egeda respecto de la piratería. Lo que no sabemos es el orden de importancia de estos objetivos.

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Desde el pasado lunes 11 de abril hasta el 11 de mayo se puede ver en Filmotech una selección de películas producidas en 2009 y 2010 agrupadas en tres categorías principales: cine inédito español, cine inédito documental y cine inédito europeo. Además hay una sección paralela denominada joyas del cine español, en la que se pueden ver gratis clásicos como El pisito, La caza, Plácido o Viridiana, entre otras.

Se establecen tres tipos de premios. El premio del jurado a la mejor película, que supondrá la edición en DVD -no sabemos el número de copias-, su exhibición en el canal TCM –nos sabemos por cuánto tiempo ni cuántos pases- y 2.500 euros, que suponemos irán a la producción. El premio del público, que es honorífico. Y el premio al público votante, entre el que se sortearán 10 abonos anuales a Filmotech. Es decir, el premiador premiado.

El jurado lo componen el director de cine Daniel Sánchez Arévalo; el showman y escritor gracias a Planeta Boris Izaguirre; el periodista de Cámara Abierta de La 2 Daniel Seseña; el redactor jefe de Fotogramas, Pere Vall; el ejecutivo de TNT y TCM España Rafael Portela, y el director del Ámbito Cultural de El corte Inglés, Ramón Pernas.

Dicen los responsables que cualquiera podrá ver las películas en competición, que de eso se trata la distribución por internet, pero el truco viene cuando aclaran que sólo se podrán hacer 500 descargas de cada película de las categorías de cine europeo y documental -esto sí que es luchar contra la piratería-, que por cierto son la mitad que las españolas, tres en cada una.

Así pues el festival queda reducido a una campaña de propaganda contra la piratería y a favor de la distribución por red y a un acto de presentación de las películas españolas seleccionadas, que además, tras su paso por el festival “se explotarán comercialmente en cine y dvd”, aseguran en Filmotech. Lo cual parece contradictorio con el premio del jurado antes mencionado.

Nosotros no tenemos muy claro el sentido de este tipo de festivales, que ya intentaron antes en Filmin, la web de visionado previo pago del flamante nuevo director de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y propietario de la distribuidora Altafilms y de los Cines Renoir, Enrique González Macho, quien opina que internet no es el presente del cine. Aunque sin premios y con nombre más creativo y menos pretencioso e internacional, Atlántida Film Fest (Primer Festival de Cine Inédito Español), se trataba de lo mismo: enseñar el fracaso del cine español e intentar promocionarse.

Yo creo que para luchar contra la piratería y darse a conocer en el proceloso mundo de la distribución de cine en red puede que no haga falta organizar un festival -me pregunto qué pensará Alex de la Iglesia de todo esto-. Pero, claro, ahora que los ayuntamientos se han quedado sin pasta y ya no te montan un festival para las fiestas del pueblo, alguien tiene que hacerlo, aunque sean los productores.

No nos alegramos demasiado por festivales ficticios como éste. Más bien nos entran ganas de echarnos a llorar porque nos recuerdan que hay bastantes películas que, independientemente de su calidad, cuestan un dinero a productores independientes y a todos los españoles en subvenciones que no sirven para mucho excepto para mantener una industria que no arranca. Por centrarnos en un ejemplo concreto, Bitart New Media S.L., la productora de Ander, en concurso en este festival, recibió 20.000 euros para asistir al Festival de Cine de Berlín del 2009, donde consiguió el premio CICAE, de la Confederación Internacional de Cines de Arte y Ensayo.

Nosotros preferimos otro tipo de festivales para cinematografías y pueblos verdaderamente invisibles como el que organiza la ONGD Cultura, Comunicación y Desarrollo,  el Festival de Cine del Sahara o el Festival de Cine Panafricano de Burkina Fasso, por nombrar algunos, y buscar otras fórmulas para promocionar el cine español, que puede que se encuentren en la distribución y en la exhibición, más que en la producción. Quizá internet sea más presente de lo que dicen.