Si no siempre entendidos, siempre abiertos

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Un grupo de peronistas, durante su protesta, el pasado miércoles, frente al hotel de Buenos Aires donde se alojaba el Premio Nobel Mario Vargas Llosa. / Cézaro de Luca (Efe)

Esta Semana Santa, si descontamos la literatura castiza que de por sí generan los pasos, saetas y demás, por coincidencias raras de efemérides calculadas  cada una a su manera, se ha mostrado especialmente abocada a la cultura libresca, y eso que se han postergado para el miércoles 27 los eventos del Premio Cervantes en Alcalá de Henares, este año con Ana María Matute, y la fiesta nocturna de motivos literarios llamada desde hace seis años La Noche de los Libros que organiza la Comunidad de Madrid. Brillaba, desde luego, San Jordi y la Fiesta del Libro y la Rosa, pero también se inauguraba esta Semana Santa, al otro lado del charco, la 37 edición de la Feria del Libro de Buenos Aires con polémica incluida, estaba cantada pues se llevaban meses calentando motores, entre Mario Vargas Llosa y los responsables de la Feria con el ministro de Educación incluido, un grupo de intelectuales peronistas afectos a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la inclusión inesperada, inesperada por no prevista, de un Fernando Savater comparando a Perón con Franco que ha ayudado a que la cosa se encendiera aún más. Mientras la gente regresaba de sus vacaciones de Pascua, cien escritores, cien, se reunían este sábado en el Hotel Regina de Barcelona en un desayuno comunal para, luego, firmar ejemplares de sus libros entre la expectación del público y la ansiedad de los responsables editoriales que, esta vez, al modo de los cofrades de las Hermandades o de los empresarios taurinos, miraban al cielo con especial celo, no fuese que el chaparrón aguase tan literario día.

Hay que felicitarse. El día de San Jordi ha sido un éxito… un éxito de ventas y de asistencia del público, las Ramblas estaban a tope de turistas, extranjeros y españoles, y de barceloneses que no se habían escapado a  las playas pensando en el mal tiempo, que no sólo se decantó por los best sellers más o menos previstos, Si tu me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, de Albert Espinosa, ha sido el más vendido según el gremio de Libreros de Cataluña, sino que respondió a las llamadas de una literatura de más alta excelencia, cuan el libro de Stéphane Hessel, Indignáos, tal la novela de Javier Marías, Los enamoramientos, recién salida de las imprentas de Alfaguara o, por aquello de reconocer rostros televisivos y de darle una oportunidad a la divulgación científica, Eduard Punset con Excusas para no pensar. Por haber, había escritores por todas partes, desde Juan Marsé, nada afecto a este tipo de esparcimientos, que firmaba ejemplares de su última novela, Caligrafía de los sueños, una excelente narración que enlaza con lo mejor de su literatura, la que escribía hace años, a Alicia Giménez Barlett, que andaba toda contenta con su Premio Nadal a cuestas,  Donde nadie te encuentre, una novela que le ha supuesto cierta consagración después de años de publicar sin que se le reconociera su valía, pasando por Rafael Reig, su narración Todo está perdonado ha sido galardonada recientemente con el Premio Tusquets de Novela, que paseaba su primera experiencia en San Jordi con escondida satisfacción o Almudena Grandes, un clásico en el ruedo barcelonés, que firmaba ejemplares de su novela Inés o la alegría. Todo esto sin referirnos a Manuel Rivas, Eduardo Mendoza, Maruja Torres y un sinfín de escritores, ya digo, cien, que de por sí son ya  multitud, a los que no cabe citar por razones obvias, salvo uno, alguien que se ha convertido en un fenómeno de masas, un tal Federico Moccia, un autor de novelas de sagas románticas, así se anuncia, que con la última de sus entregas, Perdona pero quiero casarme contigo, hay también película recién hecha y estrenada, ha arrasado este sábado, tanto que alrededor de su figura había montones de seguidores con camisetas donde se podía leer su emblema “Enamocciáte”. Esto en cuanto al libro o, a la vista de algunas muestras, lo que parece tal. Las estadísticas de las rosas no son tan optimistas, o no tienen tanta voluntad de serlo: el día fue malo.

Un agente de seguridad custodia, el pasado jueves, el salón donde Vargas Llosa participaba en un coloquio. / Leo Valle (Efe)

Al otro lado del Atlántico el debate literario se vestía con galas más sesudas, por lo menos en apariencia. Había polémica desde hacía meses entre Vargas Llosa y algunos intelectuales argentinos de claro signo peronista, según el Premio Nobel no son  creadores sino sociólogos, por aquello de la democracia, la sociedad liberal y el cuestionamiento del modo de llevar las cosas en un país que se supone inmerso en el molde occidental por parte de la presidenta Kirchner. No crean, por lo dicho, que la cosa iba por derroteros de teoría política, no, el Premio Nobel se limitó a repetir fórmulas liberales en forma de titulares de prensa, fórmulas tan generales que todo el mundo comparte aunque sea con la boca pequeña, pero la confrontación se venía venir porque las fuerzas vivas del peronismo actual se sintieron ofendidos por la injerencia en sus asuntos. Tanto arreció la tormenta, una tormenta plagada de insultos, que la presidenta llamó a sus filas al orden y al modo salomónico se decidió que, por esta vez, la inauguración, en vez de ser oficiada por un escritor, en este caso Vargas Llosa, se dividiera en dos, haciendo doblete. Primero ella, la presidenta, abriría la edición de la Feria y, luego, la conferencia inaugural la daría el escritor peruano, eso sí, sin que hiciera referencias explícitas a la situación política argentina.

Entre insultos, por ahí andaba el ministro de Educación repartiendo mandobles a Savater por confundir el peronismo, el modo argentino al socialismo según él, con un vulgar remedo de la doctrina de Mussolini y encima con el agravante de la amistad hacia el dictador Franco, y declaraciones de Vargas Llosa previniendo del mal camino que estaba tomando el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y achacando la intolerancia hacia el liberalismo por parte de algunos regímenes latinoamericanos a la prohibición por parte de la Inquisición española de los libros de ficción en el continente, se han desarrollado las horas posteriores a la inauguración de la Feria, un certamen que, a pesar de todo esto, no sufrirá merma alguna en sus previsiones porque, admitámoslo, la realidad poco tiene que ver con aquello que se cuece en los medios… y la Feria del Libro de Buenos Aires mueve alrededor de ella unos intereses económicos que no se atreven a estropear ni doña Cristina ni don Mario. Algún exacerbado e inocente, valiéndose de la comparativa entre distintas etapas históricas, ha conjeturado la similitud entre la situación que ha sufrido Vargas Llosa ahora con la que le ocurrió a Borges en tiempos de Perón y Evita. No nos engañemos. Ni Cristina Kirchner es Perón, menos Evita, ni vivimos en tiempos de masas descamisadas, ni Vargas Llosa es Jorge Luís Borges, a quien nunca se le ocurrió escribir una novela. La cosa, ahora, va por otros derroteros. No hay más que fijarse en lo que duran estas polémicas tan previstas y, a la vez, en las camisetas que anuncian “Enamocciáte”. Parecen formar parte del mismo lote.

2 Comments
  1. Borja Lázaro Herrero says

    Quizás esta polémica no dure mucho, por ser esta; sí es cierto que la polémica en cualquier caso la lleva el propio Vargas Llosa consigo allá donde vaya. No hay más fascista que el que impone con bonitas palabras (pensando siempre en el eco propio de su voz) un pensamiento unidireccional como único válido para una sociedad civilizada (como el hace llamar descalificando como primitivos a quien no es de su parte). Y la promueve atacando con vehemencia a quien no lo sigue con dardos envenenados que rozan la falta de educación y moral.

  2. Aguila says

    Son los mismos caudillistas de siempre que arrasan con los fondos públicos.

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