Tristeza en Villa Rabitos

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Pumby, el gato feliz de José Sanchis

Escribo esta entrada para acompañar a Pumby, héroe de mi infancia, que está de luto. Ha muerto en Valencia su autor, José Sanchis, olvidado en una residencia de ancianos. No puedo evitar el pensar que habría sido otra su suerte de haber nacido en Cincinatti, pero así es la vida. Además, le gustaba mucho Valencia como para cambiarla por Cincinatti.

Aprendí a leer con Pumby. Guardaba mi propina de los domingos para comprarme la revista y luego paladearla –se me acababa enseguida, dada la ansiedad con que la leía-, releerla, manosear sus páginas para detenerme en los gestos del profesor Chivete, de su colaboradora Blanquita o del Capitán Mostachete. Pumby alegró las tardes de domingo de la infancia española desde los años 50 hasta los 80, en que desapareció, por lo que es una deuda moral rendir homenaje a su autor, un dibujante en cuya cabeza bullían mundos de aventuras y ocurrencias que solamente la escasez podía encender.

Pero, como ocurre con algunas gastronomías llamadas pobres –como la andaluza- resulta que sus recetas son más sabrosas y delicadas que las pesadas salsotas de la abundancia. ¿A quién le importaba que en España la vida fuera gris y triste, pobretona, si tenía a mano un número de Pumby? Desde luego, no a personajes de cuatro o cinco años entre los que me contaba.

Sanchis supo crear un héroe que recordaba al ratón Mickey de Walt Disney pero con referencias españolas, que se metía en aventuras fantásticas muy en la órbita de Julio Verne, que a veces mostraba sus debilidades con toda naturalidad o aparecía en alguna escena cotidiana, no heroica, sin que se le cayeran los anillos por ello.

Supongo que cumplir años conlleva asistir a muchas despedidas, aprender a encajar golpes y flechas del destino adverso, como diría Hamlet. Hacerse adulto es una faena que trae muchos disgustos, por eso quizá, a Witold Gombrowicz nunca le gustó la idea de madurar. Madurar, sentar la cabeza, dedicarse a las cosas importantes. La meta es llegar a ser viejos sin ser adultos, ¿eh, Jacques Brell?

Villa Rabitos ha quedado desolada. Sopla un aire cálido y denso que levanta algunas hojas secas de los árboles sedientos en este verano sin lluvia. Es como si todo el tiempo fuera la hora de la siesta. De vez en cuando, un sollozo tras la ventana oculta por una persiana verde de madera. Pero quedan las aventuras de sus habitantes, animadas por un dibujante casi anónimo, que podría haber sido muy famoso y muy rico. En cierto modo, lo fue –rico- casi al final de su vida, gracias al tesón que mostró ante los pícaros amigos de la inteligencia ajena que pretendieron hacerse con su Pumby. José Sanchis ganó un largo pleito en el Tribunal Supremo que le supuso unos milloncejos.

Sanchis llevaba años soportando la enfermedad de Alzheimer, de modo que poco podría disfrutar este triunfo de la justicia ni siquiera las mieles de sus buenos recuerdos. Temo que ni siquiera se acordara del gatito feliz que tanto llenó su vida. Pero abrigo la esperanza (siempre me gustó esta manida expresión) de que en algún lugar del cosmos cuárquico, algún aliento suyo acierte a saber que muchos hemos sido felices cuando niños gracias a él y a su divertida imaginación.

Por esa razón, y no otra, he escrito este modesto artículo. No puedo invitarles a que lean Pumby porque ya es tarde; demasiado tarde para hacerlo. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, cuando éramos niños. Y además, no estamos en Cincinatti, donde seguramente, se habrían conservado los libros de lectura de Pumby. Estamos en España, donde nunca se ha respetado a los dibujantes de cómics, antes tebeos, y por lo tanto, conseguir un ejemplar puede resultar muy difícil.

3 Comments
  1. Carley says

    A wonderful job. Super helpful ifonmratoin.

  2. En memoria de José Sanchis says

    Es triste que alguien que llegó al corazon de tantos niños haya sido relegado a un plano «anónimo» como es el caso de Sanchis. Debido a eso algunos nos enteramos ahora de su muerte… Porque puede que sus obras gustasen más o gustasen menos, pero estaban presentes en el dia a dia a nivel colectivo, cosa que nunca debió cambiar, y eso pudo haberse hecho avivando sus obras mediante reediciones o adaptaciones a series animadas, como la que finalmente se produjo después de ganar el juicio por los derechos de Pumby casi al final de su vida, aunque más vale tarde que nunca.
    Aunque no se que es peor, que la gente no le recuerde o que el mismo no recuerde nada de lo que ha hecho… Así que entonces esas últimas imagenes donde aparece con su hermano y un par de compañeros de la industria es una residencia… Y yo diciendo por ahí en otros blogs que me habría gustado visitarle antes de fallecer ya que estuve unos meses antes por allí, porque esto del alzeimer es aun más desgarrador y me entristece aun más porque no sabía nada. Pobre de mi, que inocente pensar que una visita podría haber cambiado algo ante el dolor que siento ahora y le habría animado a el, aunque quizá si, quien sabe.
    Por eso espero que pasara feliz los últimos momentos y años dentro de lo posible, que se haya sentido querido y admirado, querido por todo el mundo, por los suyos, por quien le rindió homenaje hasta el día que se fue, como los que le habéis dedicado un espacio en vuestro blog para despediros de el, y sobre todo que siga feliz allá donde esté.
    Si te vale de consuelo, se organizó un último gran evento en el Centro Comercial Gran Turia de Valencia a finales de 2011 hasta principios de 2012 llamado «Las aventuras de Pumby en Gran Turia», y le dedicaron un ninot en las fallas que creo que fue indultado. También se le abrió un facebook al mes de dejarnos, lo malo es que está vacio… Y para mi, no veo otra forma de honrrarle formando parte de su facebook, dandolo a conocer a nuevas generaciones hablando todo lo que pueda de el, y haciendo que viva divulgando y leyendo sus obras siempre que tenga tiempo, ojala así se alivie el dolor que llevo dentro.
    Y vuelvo a dar las gracias por el homenaje a la memoria de esa gran persona y gran artista que era Jose Sanchis que tu y que muchos le habéis hecho y gracias por darme la oportunidad de desahogarme y compartir mi dolor.
    Estoy seguro de que si Jose Sanchis leyera tus lineas, se alegraría mucho, y se marcharía a Villa Rabitos o donde quiera que esté ahora en paz, contento y feliz.

    Gracias.

  3. En memoria de José Sanchis says

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