“El comisario” Noriega

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Una escena del primier capítulo de Homicidios. / telecinco.es

Hace unos días señalábamos en este mismo lugar la desconfianza de algunos ejecutivos de televisión en los productos novedosos o distintos y su preferencia por híbridos basados en series consolidadas de otros tiempos cuyos derechos no tienen reparo en pagar. Existe otra fórmula distinta y más sutil para hacer lo mismo que consiste en repetir un éxito del pasado cambiando el nombre y añadiendo alguna trama.

Es lo que ha hecho Telecinco con Homicidios, la nueva apuesta para la noche de los martes protagonizada por Eduardo Noriega, una copia algo barroca y descafeinada de El comisario , la emblemática serie de policías que triunfó en la cadena de Fuencarral durante una década, al frente de cuyos espléndidos guiones estaba el ínclito Ignacio del Moral.

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Las principales diferencias argumentales entre ambas son que se ha añadido una trama arco durante los trece capítulos de la temporada con las fechorías de un asesino en serie y que el protagonista en vez de un comisario es un profesor de psicología especializado en patología conductual que ayuda a la brigada de homicidios de la policía a encontrarlo con sus conocimientos e intuiciones.

Los escenarios siguen siendo la comisaría, el bar cercano y los domicilios de los personajes; entre los protagonistas hay una pareja de policías –uno de ellos hasta lleva camisa a cuadros y barba, como Pope, y el otro es un guaperas como Charlie-, una joven policía recién incorporada, una médico forense y un comisario solemne y cabal; se intercalan secuencias exteriores con interiores; hay persecuciones y acción; y suponemos que en cada capítulo habrán de enfrentarse todos a un caso de asesinato e intentar descubrir al asesino en serie.

El jefe de guiones y creador es Miguel Sáez Carral, quien se inició en Al salir de clase y se forjó en Sin tetas no hay paraíso, serie de putas y delincuentes de la que aún le quedan secuelas en su estilo. Algunos diálogos nos parecieron algo artificiales y forzados, destinados sobre todo a dar información sobre las tramas pero carentes de autenticidad: "-Es posible que ese cómplice sea un asesino en serie"; y otros, simplemente innecesarios: "-Manolete, si no sabes torear para qué te metes", "-Las mujeres matan de otra manera, normalemte por motivos económicos"... Las tramas, sin embargo, tenían cierta agilidad y las revelaciones avanzaban eficientemente para mantener el interés hasta el final de “El camino que va de Cork a Dublín”, título de esta primera entrega, vista por 2,73 millones de personas y líder de audiencia en su franja con un 15,9% de cuota de pantalla.

En la actuación destaca la química de los dos protagonistas, el profesor y la inspectora jefe, entre los cuales es evidente la tensión sexual aunque sus intérpretes no estén dotados de excesivas facultades dramáticas. Eduardo Noriega es un actor de cine, donde más o menos puede disimular sus carencias, pero en televisión muestra abiertamente su dificultad para la interpretación y sólo brilla cuando sonríe y pone cara de malo, que es lo que mejor sabe hacer. A la protagonista femenina, Eva Hernández, le sucede un poco lo mismo: tiene ciertas limitaciones, aunque se le note menos; y también al resto de jóvenes actores, procedentes la mayoría de series televisivas.

Capítulo aparte merece la realización de Alberto Ruiz Rojo, quien viene de Hermanos y detectives y Con dos tacones, se permite bastantes licencias formales que a nosotros nos parecen retorcidamente innecesarias: opta por alternar planos con cámara al hombro con otros con cámara lenta, insertar planos y elementos imaginarios (reconstrucción de crímenes o pantallas de teléfono móvil) o incluir música enlatada para relazar los sentimientos. Eso sí, con una textura de bastante calidad que imita al cine. Hay llamativas carencias de puesta en escena: la sala de interrogatorios parece el baño de un hotel y la casa del psicólogo una mansión de la duquesa de Alba, y ciertos nombres son evidentemente mejorables: la tienda armería de equipamiento de trajes policiales y militares se llama Ekipol.

Homicidios bebe argumentalmente en las fuentes de CSI y Mentes criminales y sobre todo, como hemos mencionado, en El comisario. En general es una secuela normalita de una gran serie y puede generar cierto interés en un público poco exigente que cada vez tiene menos lugares dónde encontrar algo decente a pesar de la esperada y fracasada TDT. Aunque uno se pase el capítulo esperando a que aparezca en cualquier momento el comisario Gerardo, el inspector jefe Casqueiro, Charlie, Pope, Eva… para que le den algo de caché. ¿Quién sabe?

7 Comments
  1. pa celtas los de Teruel says

    no se… de todas formas en todas las series españolas que tratan de polis o que aparece reflejado el sistema legal parece que todos los guionistas lo desconocen bastante y toman las referencias directamernte del sistema norteamericano, que como me pasa a mi, conocen de ver series y peliculas… de todas formas en casi todas las series españolas de polis, hast en el comisario, que mira que me gustaba ( sobre todo la morena ), me pasa lo mismo que con las pelis de la guerra civil, que no me extrañaria nada si en mitad de una secuencia cualquiera se sientan todos y se jalan un buen cocido o una fabada… no se si me explico pero es que hoy tengo que ir al juzgado a ratificar una denuncia por apropiacion indebida contra el padre de una conocida periodista deportiva y estoy un poco tenso…

  2. pa celtas los de Teruel says

    acabo de leer la cronica sobre «la deuda» y solo comentar que cuando hoy anunciar en la radio lo de la manadolina del capitan corelli pense que era una porno… luego ya vi que no, que la mandolina era otra cosa…

  3. pa celtas los de Teruel says

    dios mio cuando oí.. k m pasa..???

  4. Carolina says

    Cierto es que la mediocridad de los actores impiden concentrarse en la trama de la serie, que es bastante solvente y divertida. Yo le daría, de momento, un seis

  5. gatita mala says

    Precisamente quienes creo que se salvan, en cuanto a la interpretación se refiere, son 2 actores de series de televisión: Marian Aguilera (pelirroja mosquita muerta de «Al salir de clase») -que ha ido mejorando con el tiempo y por la que no parecen pasar los años-, y el bastante más guaperas que el chulo playa de verano azul, Carlos García (el enigmático Fernando de la tercera temporada de Amar en tiempos revueltos) -mucho más interesante donde se dió a conocer que en esta malísima copia de «El comisario», todo hay que decirlo-.
    Manteniendo una mínima esperanza de que la cosa mejore o de que, simplemente, no tengas nada mejor que hacer un martes noche que ver esta serie, la primera impresión ha sido penosa, sobretodo por las pésimas actuaciones de sus 2 protagonistas. Es cierto, a Noriega le pega más ser el malo y no cambia el tono de voz, bien sea diciendo que está feliz porque ha echado un polvo, o que está triste porque han asesinado a su mascota. Y la protagonista femenina, Celia Freijeiro, es realmente intragable, pero démosle una oportunidad, quizás con los años mejore, quién sabe…

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