Sin ministerio de Ciencia

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El ministro de Economía y Competencia, Luis de Guindos, junto a la hasta ahora ministra de Ciencia, Cristina Garmendia, ayer, en el traspaso de poderes. / J. J.Guillén (Efe)

Puede que fuera la película Amelie la que inició la práctica de los “me gusta/no me gusta”; en todo caso, mientras escuchaba los discursos de traspaso de carteras de los nuevos ministros, he puesto en práctica ese juego inocente con el resultado alentador de que me han gustado más de los que no. Sin entrar en profundidades porque no se trata de eso, cuando aún hay que dejar trabajar a este gabinete los 100 días de rigor antes de lanzarse a morder yugulares, ya saben.

Me gusta la buena dicción y la solidez argumental del ex alcalde de Madrid, actual ministro de Justicia, Ruíz-Gallardón. Era de esperar en este pitagorín,  fiscal en excedencia y empollón conocido. No me gusta el rollito majete del muevo ministro de Guindos: esas “tres cositas” que quería decir y ese mamoneo con el respetable presente. La pobre labia de Luis de Guindos espero que contraste radicalmente con su capacidad de gestión en el ministerio de Economía, sabiendo las cosas que sabe tras su experiencia laboral en Lehman Brothers, oh brother! Por la cuenta que nos trae a todos.

Me gusta la nerviosa dicción de la vicepresidente Sáenz de Santamaría, miembro también del club de pitagorines, primera de su promoción y mujer de aspecto aniñado con las gónadas muy bien puestas y una azotea excelentemente amueblada, según mis buenas fuentes. No me gusta la prosa del catalán de Valladolid que dirige el ministerio del Interior, Jorge Fernández Díaz. Me ha resultado farragoso el ingeniero para poca cosa que ha dicho. Lo que sí ha estado bien es que sobre el lodazal etarra ha hablado de manera clara, tanto que borra las huellas evanescentes y plurívocas de los Jáuregui y los López. Me gusta la rala sencillez del discurso de la ministra de Empleo (también me gusta lo de "Empleo"), Fátima Báñez, y su insistencia en trabajar con humildad, ante tantos españoles humillados a la fuerza por la falta de empleo y de dignidad en la vida.

Me gusta el aspecto nada cuidado de la ministra de Fomento, Ana Pastor, a la que parece importarle tres pitos lo del cultivo del looking, en claro contraste con la hiperexposición de la beautiful people de gobiernos anteriores. No me gusta la aparente torpeza del ministro de Exteriores, García Margallo, aunque confío en que queden sólo en apariencia y en la tontería del primer día esos guiños zalameros a la ministra saliente.

Me gusta la llana prosa del ministro de Defensa, Pedro Morenés, aspecto de halcón. Torpeza en el decir y poco interés en quedar como superman, aunque me inquieta su actividad anterior, entre misiles, ya que pertenezco a la generación de bobos y bobas, consagrada por el admirado profesor Giovanni Sartori, que se alteran con esas cosas. No me gusta que del ministerio de Luis de Guindos dependa Ciencia e Investigación, pero prefiero pensar que a lo mejor es tan negativa la noticia que acaba saliendo bien. La cosa es que ponga a trabajar a los que saben mover las cuerdas de la investigación, tan precarias y gastadas.

Porque ¿qué será de la investigación y el intercambio científico en este gobierno? ¿Significa el hecho de que no figure el enunciado que tampoco se prestará atención debida al contenido? España adolece, desde el principio de la democracia, de atención suficiente en investigación científica y eso que muchos nombres españoles han demostrado su valía, a pesar del sacrificio que les ha supuesto llegar a algo en esta materia.

En biomedicina, por ejemplo, los programas de intercambio de jóvenes científicos de todas partes del mundo y la salida de investigadores españoles a otros países enriquece la vida científica y otorga a los países valores inapreciables todavía por el público en general, pero que se aplauden con conocimiento por los que saben.

La pena es que en España hay 17 gobiernos organizando su corralito científico. Unos mejor que otros. Y lo ideal sería que entre ellos –especialmente los que mejor lo están haciendo: Cataluña, País Vasco, Navarra, Madrid- trazaran una línea de colaboración transitable y rentable. Quizás de esa maniobra podría ocuparse quien ostente la responsabilidad directa en este ministerio, porque sabemos que dinero hay más que suficiente y que es más bien una cuestión de organización. Viejo problema español.

Quieran los dioses que a este ministro tan aparentemente tiburón, Luis de Guindos, se le cruce una persona muy certera en la materia. O dos.

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