Whitney Houston, el beso en la mano y el despeñadero

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José García Pastor *

Whitney Houston, durante un concierto en Zurich (Suiza), el 9 de mayo de 2010. / Walter Bieri (Efe)

El Señor Gainsbourg no podía haber ido más al grano. En unos segundos pasó de calificar de genio a una jovencita de 23 años a expresar sin tapujos, a pesar de los patéticos intentos del presentador-traductor, lo que de verdad le inspiraba Whitney Houston, primero en inglés y luego, por si no había quedado claro, en francés. Al día de hoy, llegado el momento de recordar la atormentada carrera de la diva recién fallecida, importa menos el exabrupto que la extraña sensación de que, con el caballeroso beso que le estampaba en la mano, su célebre admirador le transmitía algo oscuro, de ningún modo la genialidad (etiqueta intransferible que, irreverencias y payasadas aparte, encaja a la perfección con la trayectoria y el legado, incesantemente fecundo, del gran cantante francés), sí el intangible bastón de la décadanse.

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Tal vez no sea casualidad que poco después de la muerte de Gainsbourg, en 1991, Houston alcanzara su mayor éxito con I Will Always Love You, canción de Dolly Parton, e iniciara un calvario personal marcado, según cuentan las biografías que desde hace tiempo pueblan internet y se van ampliando y enriqueciendo a cada minuto que pasa, por turbulencias en la vida sentimental y problemas de drogadicción.

Lo cierto es que la estrella, dotada de una voz prodigiosa puesta al servicio de conceptos musicales insulsos y poco novedosos, al margen de su apabullante éxito comercial, llegó a perder el control de su tesoro (la voz) y empezó a ser más noticia por sus caídas y recaídas en el abismo que por un genuino resurgimiento artístico o, tal vez más importante, de ventas. Quien no supiera cómo se forjan este tipo de leyendas se sorprendería de que inspire tanta devoción alguien que habitó la cima del mundo durante un período cuantitativamente más corto (de 1985 a 1992) que el de su caída (de 1992 a 2012, simplificando mucho), pero ya sabemos que el morbo y la fascinación que despiertan las vueltas de la rueda de la fortuna son más poderosos que las valoraciones musicales ponderadas. Baste, en todo caso, con recordar la también prolongada y fascinante decadencia de Michael Jackson o el ciclo de subida y tropezón, mucho más breve, protagonizado por Amy Winehouse.

Whitney Houston pertenecía a la aristocracia de las grandes vocalistas estadounidenses (era prima de Dionne Warwick, amadrinada, literalmente, de Aretha Franklin) y alcanzó la fama en pleno apogeo de la MTV, que por primera vez promocionó a gran escala a una jovencita de piel oscura, y de muy buen ver, llamada a ser el nuevo bombazo de ventas, carne de la sumisión incondicional del público; para entendernos, la contraparte femenina del propio Jackson, cuyo Thriller había batido todos los récords unos años antes. La industria y el público la apoyaron, el mundo se maravilló y el resto es historia, mayormente triste. Alguien debería haberle advertido en 1986 de que el beso lascivo de un cantante francés borracho, respetuosamente propinado en la mano porque no se le dio más opción, no podía augurar nada bueno, por mucha pajarita que el malandrín se hubiera puesto para la ocasión, pero cabe aventurar que Whitney cometió errores más graves que no esquivar aquellos labios.

(*) José García Pastor es escritor y traductor.
2 Comments
  1. PedreA69 says

    Era una gran persona la witney Houston.era la numero uno de las divas. Junto a Maria Carey. Y compañía ke puedo decir si era muy wApa y tenía una voz impresionante te querremos witney . Always broken heart nunca te olvidaremos descansa en paz

  2. Jonatan says

    Mas que Houston cometiera errores parece que los errores la atacaran a ella. Lástima.

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