Egipto: ¿Dónde está mi revolución?

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Ofelia de Pablo

Un cartel de una de las candidatas a las elecciones presidenciales de Egipto aparece destrozado en uno de los ferries que cruzan el Nilo. / © Ofelia de Pablo

Un año y medio después de las protestas de la Plaza Tahrir que convulsionaron al mundo y que consiguieron abatir al dictador Hosni Mubarak encontramos que el resultado de las primeras elecciones democráticas egipcias, después de 30 años, han dejado como vencedores absolutos a los partidos islamistas. Los Hermanos Musulmanes han conquistado el Parlamento y en las calles el desencanto se palpa sobre todo entre las mujeres.

Junto a la famosa Plaza de la Liberación, Midam Tahrir, donde aún resuena el eco de aquellas mujeres pidiendo libertad se despliegan decenas de enormes escaparates con todo tipo de lencería. Los atrevidos diseños invaden las aceras mientras un hormiguero de mujeres desfila delante de las tiendas. Mujeres completamente tapadas de pies a cabeza, incluido el rostro, se paran en escaparates donde se muestran las transparencias más sensuales, tangas provocativos, incluso algún sujetador con correajes de cuero. “Aunque nos veas así vestidas en la calle –afirma una mujer a la que solo podemos ver los ojos- en casa tenemos que agradar a nuestro hombre; si no le cuidamos podría marcharse con otra”.

Hace tan solo un año y medio las mujeres que caminaban mano a mano junto a los hombres en la primera gran revolución en la que participaban soñaron que, por una vez, la discriminación contra ellas podría tener sus días contados. Durante aquellos días ellas se jactaban de sentir que cada vez eran más libres. Creían que poco a poco podrían cambiar esta sociedad donde la desigualdad de derechos entre hombre y mujeres es un hecho. Y nada más lejos de la realidad. Hoy sus calles no solo vuelven a estar colmadas de mujeres enfundadas en chadores negros, sino que la esperanza que enarbolaron como bandera las luchadoras de Tahrir está desavaneciéndose.

Nagwa Shoeb, que fue la directora general del SWIPM, la ONG que dirigía Susan Mubarak, la mujer del ex dictador, nos comenta en una entrevista que "hoy sobre la mujer egipcia se cierne un negro futuro. Se pensó que con la revolución anti Mubarak las cosas mejorarían para nosotras pero la realidad es que es incluso peor que antes”. Nagwa afirma que lo que se avanzó en derechos gracias a Susan Mubarak ahora se ha vuelto en contra de las mujeres. “Todo lo que suena a obra de Susana Muabarak, solo por ser la mujer del exdictador, se convierte automáticamente en algo antirrevolcuionario, sin importar el bien que ha hecho a muchas mujeres. Todo lo que se logró ahora se está dinamitando”.

Sus palabras son un claro ejemplo de lo que se vive en la calles. Blogueras, políticas y periodistas, entre otras, que confiaron en que la revolución traería igualdad, ahora tienen miedo de su futuro. “Nadie sabe que va a pasar, pero está claro que las mujeres lejos de mejorar nuestros derechos vamos a perder lo poco que teníamos” añade Shreya, una de las blogueras que participó activamente durante la ‘primavera árabe’.

Frente al Museo Egipcio encontramos a Manal, tiene 18 años y bajo su vestimenta moderna y desenfadada oculta su drama: “la gente me discrimina por vestir así. No tengo amigos. Me gritan por la calle que soy una mala musulmana” Ella, como otras chicas de su edad, han crecido en una familia de clase media que le permitió acceder a Educación. Pero hace unos años las cosas cambiaron. “Mi madre decía que tenía que ponerme velo, llevar otra ropa, que los vecinos nos criticaban”. Y de las críticas pasaron a las agresiones, primero verbales, y después físicas. En este caso, Manal nos contaba que tenía suerte, su padre –el cabeza de familia- es quien la apoya. “Él me dice que soy dueña de mi vida, que tengo que hacer lo que crea conveniente”. Ahora, ella, como otras muchas jóvenes, sólo quiere terminar sus estudios y marcharse del país. “Quiero salir de este infierno, ser azafata y vivir en Europa”.

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