Mohamed Chukri: Tánger no era una fiesta

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Juan Ángel Juristo

Cubierta del libro de Mohamed Chukri.

Se acaba de publicar Paul Bowles , el recluso de Tánger, con prólogo de Juan Goytisolo, libro que forma parte de la trilogía de Mohamed Chukri consagrada a sus experiencias con escritores famosos y que fueron amigos y amantes suyos, por parte de la Editorial Cabaret Voltaire, casa que ha llegado a un acuerdo entre la traductora Rajael Boumediane el Mentí y el hermano de Chukri, Abdelaziz, para publicar gran parte de la obra del autor de El pan desnudo, novela que causó un considerable escándalo cuando se publicó, en Marruecos hubo que esperar al 2000 para que la obra se viera editada, y que volverá  a ser publicada este octubre en castellano con el título de El pan, por haberlo querido así Goytisolo, autor que vivió en Tánger unos años, fue allí donde pergeñó La reivindicación del conde don Julián, y conocedor de primera mano de todo ese mundillo del que habla Chukri en el libro.

El libro causó cierta sensación cuando fue publicado, se trata de una recopilación de pareceres que data de 1996, igual que los otros tomos que completan la trilogía, el dedicado a Tennessee Williams y el correspondiente a Jean Genet, y le costó al escritor marroquí no sólo la amistad de Paul Bowles sino cierto ostracismo por parte de ese grupo, extenso y, por lo tanto, peligroso, no tanto por el número de componentes que lo formaban sino por la influencia sobre el entorno cultural, del momento, tan determinante que bien podría decirse que ese entono cultural era ellos mismos. La cosa llegó  a tal extremo que el mismo Chukri consideró que había matado  a su segundo padre, ya que la colaboración entre el autor de El cielo protector y Chukri llegó a  extremos de una intimidad muy intensa, veinticinco años de amistad, y fue el mismo Paul Bowles el que le tradujo Por un trozo de pan, título inicial de la autobiografía de Chukri que más tarde se publicaría con el membrete de El pan desnudo.

Mohamed Chukri es un autor milagroso. Posee la fuerza de ese tipo de personas dotadas de una extremada sensibilidad que nacen en un ambiente hostil al desarrollo de esas capacidades. Cuando digo hostil no estoy hablando de falta de oportunidades o algo que tenga que ver con las diferencias sociales presentes en nuestra sociedad, estoy refiriéndome a universos distintos, a mundos que nunca se tocan, que se ignoran porque ni siquiera se ven. La incomodidad que produce Mohamed Chukri es la incomodidad que producen los aparecidos, es decir, de un hombre que lo tenía todo para ser un delincuente de los de verdad, no al modo de Genet, y morir joven y, con suerte, en alguna cuneta, y que, sin embargo, se convierte en un escritor y en uno de los referentes culturales del Marruecos literario en las décadas de los setenta y ochenta. Tan incómodo como sólo puede serlo alguien al que la clase media, que es la que produce los intelectuales, trata en su imaginario como un esclavo, es decir, como un hombre que debería estar infinitamente agradecido por todo lo que ellos hicieron a favor de ese marroquí recogido en las aceras. Lejos de ello, de ser perro agradecido, se quedó en agradecido, pero no en perro, y publicó, bien es verdad que no de manera harto inocente pues sus personajes criticados precisamente eran también los que estaban dando fama a lo que estaba publicando, algunos retratos de esos personajes que no fueron del agrado de ellos. Jean Genet, el delincuente que no lo era tanto, no volvió  a dirigirle la palabra y Paul Bowles, ya sabemos, le hizo en parte la vida imposible.

He conocido a Paul Bowles cuando, viejecito, le dieron un homenaje en el Teatro María Guerrero, oficiado por Juan Cruz, que a fuerza de emoción casi acaba con su vida. He conocido a Mohamed Chukri en una visita madrileña, y puedo asegurarles que, por muy distintos que fueran, a simple vista no les cuadra tanta animadversión, pero ese no cuadrar lo que oculta, ya digo, es la quiebra que produce habitar en universos distintos. No sé si es verdad todo lo que cuenta Mohamed Chukri en el libro, por allí andan no sólo Paul Bowles, sino también Jane Bowles, Truman Capote, Allen Ginsberg, Kerouac, el recientemente finado Gore Vidal, pero si puedo asegurarles que es verosímil y posee ese sentimiento de verdad que uno sabe cuando se enfrenta a opiniones genuinas. Esa es la incomodidad que produce Chukri, el que no da ninguna concesión respecto a  las escapadas a que son tan proclives los miembros de la clase cultural. No perdona una. Tengo para mí que lo que cuenta de Jane Bowles es cierto y que el alcoholismo y la depresión  en que se sumió la escritora tuvieron más que ver con la indiferencia con que ese mundillo al que pertenecía acogió Dos damas muy serias que con otra razón más oculta y hasta mágica, por ahí circula una historia de una especie de criada marroquí que actuaba como un vampiro, casi en sentido literal, y, desde luego, las páginas que se refieren a los problemas sexuales de los Bowles, y todo esto porque es absolutamente coherente en sus opiniones: es lo que distingue la sexualidad directa de un marroquí de la calle de la de un homosexual de clase media adinerada surgido de un ambiente puritano. Ya digo, universos distintos… como el reproche que le dirige a Bowles porque le da en casa al hachís como un poseso pero luego en la calle sólo fuma cigarrillos, supongo que en boquilla. Aquí Chukri no entiende en dandismo de Bowles porque ni siquiera es capaz de concebirlo.

Lo que interesa del libro no es la supuesta desmitificación de un periodo que la prensa cultural anglosajona ha glorificado hasta la exasperación de lo supersticioso porque por allí se encontraban eximios escritores de su ámbito, una desmitificación que a cualquier adulto con más de veinte años de experiencia de la vida no le coge por sorpresa, sino por lo que tiene de reivindicación de la realidad de las cosas en lo que hay de verdad pura y simple, en revelar la explotación más vil que se oculta tras las supuestas arcadias culturales, por ejemplo, o las miserables realidades psicológicas, de andar por casa muchas veces, que les acontecían a unos personajes que los fanáticos religiosos del arte, sustituto de la religión, han elevado a mitomanía rentable. Hay revelaciones que no se perdonan.


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2 Comments
  1. paco otero says

    Tánger no fué una fiesta entonces ni lo es hoy «para los marroquis,»si lo fué y lo sigue siendo(al menos hasta el 2005,año que yo salí de él)para los europeos.
    Diferentes intereses nos siguen mostrando aquel mitico Tánger solo en en versión CASABLANCA ( nada mas cruelmente incompleto;aquella epoca tuvo nombres y mitos conpletamente en español y no entiendan esto como un nacionalismo franquista poque justamente muchos de estos nombres fueron exiliados de la dictadura y otros vienen desde el siglo XIX ¿nombres?…Sanz de Soto Calvache, A. Vazquez(la vida perra de…)Fuentes,Pimienta,Tomas Rodriguez.Teglen, los Buenaventura(alberto españa) Los Berrocal, de Velasco etc etc etc…sin olvidar ADOLFO propietario del ultimo prostibulo de jovencitos,por donde pasaban españoles de la baja la media y la alta sociedad hasta que murio creo que en el 2003/4…todos ellos juntos fueron gentes principales del tan manipulado cadaver del mitico Tánger(años 40-50.60)
    podria seguir,…tal vez en otro momento.

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