El mismo amor para todas las vidas

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El canadiense Jean-Marc Vallée (C.R.A.Z.Y., La Reina Victoria…), un director formalista en cuyas películas la música y las relaciones personales tienen mucha importancia, nos presenta en Café de Flore una historia de amor a lo largo del tiempo, estructurada en sendas tramas de amor profundo en dos momentos distintos: en los años sesenta, el amor de una madre hacia su hijo con síndrome de Down, y en el tiempo presente, el de un famoso DJ canadiense y una joven que le hace romper su matrimonio con su chica de toda la vida.

La película tiene dos niveles. Conviene adentrarse hasta las honduras de la trama para entender su alcance y su significado, permaneciendo atento a las señales argumentales, visuales y sonoras de las dos historias, que confluyen en una resolución compleja pero intensa. Si aceptamos las tesis del director y nos dejamos llevar por su narración sin prejuicios comprenderemos que estamos ante una gran película, sólidamente construida y con unidad dramática clara. Si no, no entenderemos nada y habremos tenido la sensación de ver dos buenas películas sin nexo.

En la parte más sórdida de la historia, la que transcurre en el París de los años sesenta, una afeada y casi irreconocible Vanessa Paradis, ex de Johnny Deep y, además de cantante, intérprete de La Chica del puente o Perdidos en La Mancha, hace un papel memorable como madre de un niño con síndrome de Down, sin recursos, sola y luchadora, a quien logra dar la mejor educación posible. En el tiempo actual, tanto Kevin Parent como Evelyn Brochu, consiguen trasmitir de  manera natural y sin sobresaltos ni estridencias su repentino, sincero e sólido amor que rompe todas las barreras sociales y afectivas del entorno de los protagonistas.

Por encima y alrededor de estas dos tramas está la de la mujer del DJ (Hélène Florent), cuya búsqueda de explicación a sus sentimientos por la pérdida de su amor nos ilumina a los espectadores hacia el final de la cinta, comprobando con ella que la razón es muy dolorosa, casi por encima de lo racional. Y la de los otros personajes necesitados de amor que confluyen en la película: las hijas, el niño con síndrome de Down…

Desde nuestro punto de vista el director tiene varios méritos: consigue enlazar sólida y armónicamente las dos historias en la resolución, utiliza muy bien la música y la iluminación para armar la cinta, y ha logrado dirigir muy bien a los actores, que ofrecen interpretaciones honestas, comedidas y valientes.

Estamos ante una película de seres dependientes, de hombres y mujeres que se necesitan y que necesitan el amor; de personas que se enfrentan al amor y al desamor con toda su alma. Pero sobre todo estamos ante una intensa y arrebatadora historia de amor en varias fases, casi inexplicable racionalmente, contada de una manera original y llena de belleza y fuerza dramática.

Amor, renuncia, valentía, lucha, adaptación, felicidad, dolor, miedo… A veces hay que esperar varias vidas para entender algunas cosas. Porque alma gemela y amor son dos conceptos distintos. No se la pierdan si tienen tiempo y déjense llevar por la historia, pero absténgase los escépticos y los rígidos de corazón y de espíritu, porque ellos no entrarán en el reino de esta emocionante película.

1 Comment
  1. celine says

    Vale, pues me la apunto. Será una prueba para dilucidar el grado de rigidez de mi corazón. Gracias, Pascual.

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