Wagner versus Verdi: dos bicentenarios

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Imagen promocional de la próxima representación de 'Falstaff' en La Scala, que estará en escena entre el 15 de enero y el 12 de febrero. / teatroallascalla.org

Hace tiempo que renuncié a escuchar el Concierto de Año Nuevo de Viena, instituido bajo el régimen nazi en el año 38 y que escuchan embelesados en 81 países de la tierra, incluidos China y Corea, para sintonizar con La Fenice en su concierto de capodanno, que comenzó su andadura para festejar su resurrección después del incendio que  destruyó el teatro por completo en 1996. Ni que decir tiene que si en Viena se extasían con los mil veces repetidos valses de la familia Strauss y finalizan siempre con La marcha Radetsky mientras el público bate palmas, en Venecia, en un escenario un poco más elegante, por lo menos no llega al empalagoso kitsch de los austríacos, el público se medio mueve al son de Verdi, siempre Verdi, como si el compositor del Rissorgimento todavía fuese el único capaz de recordar a los propios italianos que fue su música la que se tocó cuando hizo falta echar  a los austrohúngaros del suelo patrio.

Este año, sin embargo, en Viena tocaron piezas de Verdi y Wagner bajo la dirección de Franz Welter Möst: el preludio de Lohengrin y el prestissimo de Don Carlo por aquello de que este 2013 se cumplía el bicentenario del nacimiento de los dos compositores. Wagner en mayo, Verdi en octubre. Me temí lo peor: son dos grandes músicos, de los mejores del siglo XIX, que es decir mucho, y revolucionaron la música. Pero fueron tan grandes que en un tiempo como el de ahora, necesitado el mundo oficial de conmemoraciones tradicionales porque existe un miedo cerval al cambio, que no al Apocalipsis, aniversarios de este tipo suelen ir acompañados de un empacho contraproducente. Consultados los eventos programados la realidad superó lo esperado. Simplemente abruma.

Ya para la semana que viene, el 15 de enero, la Scala, el foso milanés que va a llevar el peso gordo de la conmemoración verdiana con la representación de las óperas mayores, se estrena con Falstaff, una obra que según Auden superaba al original shakespeariano, aunque hay que tener en cuenta que al poeta inglés le parecía el peor drama del bardo, y que creada ya cuando Verdi tenía ochenta años, influyó en la ópera italiana posterior con gran predicamento, en especial Puccini. Dos semanas más tarde, el 1 de febrero, Nabucco, una de las óperas más conocidas del compositor y que dirigirá Nicola Luisotti; en marzo, Macbeth, otra ópera basada en dramas shakesperianos, que dirigirá Valery Gergiev, un director de orquesta muy de moda. Le sigue Un ballo in maschera, que durará la primavera para concluir, después de la representación, ya en otoño, de Don Carlo, con Aida, la ópera que se estrenó en El Cairo con toda la parafernalia del momento y que sigue siendo, hoy día, la obra más celebrada de Giuseppe Verdi.

No hace falta decir que Milán, la ciudad donde murió el compositor no va a ser la única italiana donde Verdi se dejará oir. No hay lugar en el país donde no se escuche algo del compositor: la capital, Roma, estrenará I due Foscari, con Werner Herzog como director de escena; Zubin Mheta dirigirá Don Carlo en Florencia… pero si hay que destacar algo en todo este conjunto de eventos, es la representación de Lohengrin , la ópera de Wagner, en el Teatro Máximo de Palermo. La dirigirá Daniel Baremboim y es una bella muestra de que dentro de la conmemoración verdiana hay un hueco para el compositor alemán. No en vano Verdi adoraba a Wagner, sentimiento no correspondido, por cierto.

Imagen de la presentación de Rienzi en la página de la Ópera de Berlín. / deutscheoperberlin.de

Y si esto se les ocurre a los italianos, con una crisis que está haciendo mella en el patrimonio artístico, hay que volver los ojos a Alemania para quedarse un tanto apabullado. Por lo pronto, tanto Leipzig, lugar de nacimiento de Richard Wagner, como Bayreuth, la localidad donde se cumplió su sueño de arte total, hay que decir que los alerones del teatro se están cayendo a pesar de las denuncias de los familiares del compositor, van a llevar el peso de las representaciones wagnerianas, donde por supuesto, no hace falta ser especialmente sutil para adivinarlo, será la tetralogía de El anillo del Nibelungo la estrella principal. Es curioso constatar de qué modo y a pesar de las representaciones todos los veranos de las mismas óperas wagnerianas en Bayreuth, la afición no decae. Este año, aunque siga pareciendo increíble, ese repetido repertorio ha dado paso a  la representación de óperas wagnerianas menos conocidas y que en Bayreuth nunca habían sido representadas, como Las hadas, La prohibición de amar y Rienzi, que últimamente se ha puesto de moda entre los aficionados a Wagner. Algo digno de ser recalcado en un mundo, el wagneriano, bastante conservador y poco dispuesto a acoger todo lo que no tenga que ver con ciertas obras y parafernalias que el Maestro consagró en aquel teatro en su tiempo.

Desde luego Munich, Berlín, con sus dos Teatros de la Ópera, que interpretarán… El anillo… cómo no, y otra vez Leipzig, donde tendrán lugar los eventos más imaginativos de la conmemoración: se proyectarán películas basadas en obras wagnerianas, películas donde para la banda de música se eligieron temas de este compositor, e incluso el homenaje que Stephen Frye hizo a Wagner en su momento. Eventos que se cerrarán con la proyección Wagner y sus mujeres, que ha realizado su bisnieta Katharina.

Con lo apuntado aquí hemos dado apenas un esbozo de lo más granado del año dedicado a  los dos compositores, aunque la lista da para varias páginas. Hay otro homenaje, desde luego más irreverente, pero más divertido e incluso más lúcido, que los Hermanos Marx hicieron, quizá sin advertirlo, a estos dos compositores. En dos película suyas, Una tarde en el circo, dejan a la deriva  a una orquesta entera flotando en una balsa  a los acordes de Lohengrin; en Una noche en la ópera, la representación más surrealista de Il Trovatore de Verdi que haya tenido lugar, es un prodigio de buen cine cómico hasta el extremo de lo genial. Recuerden a Harpo vestido de zíngara en el coro de los gitanos  cuando este año las administraciones se nos pongan campanudas con dichos bicentenarios. Ayuda  a llevarlo con cierta dignidad

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