¿A qué esperan para regularizar la restauración del Patrimonio?

Cartel de la Asociación de Conservadores y Restauradores de España (ACRE) para denunciar las restauraciones de Bienes Culturales realizadas por personal no cualificado. / asociacion-acre.com

¿Se acuerda alguien del Ecce Homo intervenido por una vecina bienintencionada en un pueblo zaragozano que le acabó quedando un poco regular?

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Han pasado siete meses desde que la imagen de ese borrón emplastado y sucio en la pared de una iglesia corriera por la red más que un vídeo de Michael Jackson, convirtiéndose en la alegoría del cuidado que en España se tiene por el patrimonio. Esa pintura mural tenía poco valor, pero quién sabe qué otras piezas esperan manos apañadas como las de la vecina de Borja que las coloque como trending topic en el tuiterío mundial.

Las risas que produjo aquel suceso, propias de una sociedad -o, al menos, una buena parte- más dispuesta a tomarse a chirigota la cultura que a esforzarse por comprender y disfrutar del arte, dejaron de lado otros ejemplos de desaguisados que no desmerecen en absoluto el éxito mediático, y que igual deberían preocupar un poco a los responsables de cuidar del patrimonio.

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Es el caso de una talla, aparentemente de un san Juan, que ha colgado en su página la Asociación de Conservadores y Restauradores de España (ACRE), para denunciar el estado de cosas en España, y que muestra las consecuencias de la acción de otro espontáneo desinteresado.

Pero hay más; muchos más. Una víctima reciente, de hace unas pocas semanas, ha sido una talla románica, de Nuestra Señora del Puente del Congosto, en otro pueblo de Salamanca, que al parecer fue intervenida por otro aficionado “desinteresado” en algún punto de Alicante. La figura presentaba un deterioro tal que habría requerido la actuación de varios especialistas. El resultado no da para mondarse de la risa a poco que se tenga un corazón sensible

“Desinteresado” lo que tiene es que puede significar muchas cosas. Por ejemplo, el Ministerio de Cultura parece bastante desinteresado en preservar el patrimonio de todos los españoles.

Habrá quien piense que las obras de estos ejemplos no son demasiado valiosas, sobre todo si se comparan con restauraciones polémicas de profesionales que dieron mucho que hablar en su momento; pero esa es harina de otro costal. Lo que es cierto es que, si estas imágenes fueron valiosas, ahora no valen ni para exhibirlas en una feria de churros y quisquillas.

Comprendo que la presión de la crisis, los medios, la sociedad, los bancos, la Unión Europea y el comisario holandés haga que gobernantes y legisladores parezcan ir de cabeza, sin tiempo ni para respirar, pero nadie les obligó a estar donde están.

España es un viejo país, cargado de patrimonio artístico, histórico y hasta paisajístico, aunque de esto ya sabemos que hay aún menos sensibilidad. También es un país con un viejo problema de raíz: un problema de escuela, de educación, que se ha lastrado durante generaciones y que parece no tocar fondo, como la crisis.

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Rosa Tera, presidenta de ACRE.

El problema -como ha indicado Rosa Tera, presidente de ACRE a cuartopoder.es– es que “la profesión sigue dividida entre los formados en las escuelas y los universitarios“, de modo que no se ponen de acuerdo para luchar unidos en la batalla contra el intrusismo. “En Portugal está más especificado el terreno profesional y en Italia han conseguido, después de mucho esfuerzo y tiempo, que sólo ellos puedan intervenir en restauraciones“.

Rosa Tera y otros responsables de  ACRE acaban de reunirse con el director general de Patrimonio, pero no asoman buenas perspectivas por ninguna parte. “Nosotros promovemos y reivindicamos trabajar con el Instituto de Conservación y Restauración“, dice RT, quien no ve motivos para que universitarios y profesionales formados en la Escuela Superior de Restauración y Conservación deban estar enfrentados.Lo que sí es esencial es llegar a la titulación única”, concluye.

Que el intrusismo es una lacra que debe combatirse es algo de sentido común; no por corporativismo vacuo sino por la defensa de la gente preparada para desarrollar su profesión, por la inversión que el Estado y las familias han hecho para preparar a esos profesionales y porque, en el ámbito de países occidentales, en el que todavía nos movemos, el patrimonio artístico, arquitectónico, cultural, histórico, etc. está en manos de conocedores del oficio, no de cualquier listillo que pasaba por ahí.

El colmo de la sorpresa es que el propio Ministerio de Educación, Cultura y Deportes avala y promueve unos cursillos on line para formar restauradores de eccehomos y otros disparates por el estilo. Lo mejor es que en el propio Ministerio tardaron en saber de la existencia de esos cursos, que forman parte de políticas de promoción de empleo, en este caso, del Ayuntamiento de Granada. La ACRE ha pedido al ministerio que suspenda su apoyo a esos cursillos porque “desde ellos se promueven y alientan una capacitación insuficiente que, en último término, puede estimular graves atentados al patrimonio cultural“.

Y cabe preguntarse, ¿qué demonios están haciendo los licenciados y estudiantes de Bellas Artes preparándose concienzudamente en Restauración y Conservación de Bienes Culturales si luego resulta que nada hay regulado y en España cualquier vecino se puede poner a arreglarle la cara a todo cristo?, y nunca mejor dicho.

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