Barcelona, al oeste del Pecos

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Cartel del 31 Salón del Comic de Barcelona. / ficomic.com

Este viernes se inauguró la 31 edición del Salón del Cómic de Barcelona, el más importante de España y referente ya de las muestras del género que se hacen en Europa. Este año las cosas no pintan del todo mal a pesar de la crisis. El cómic siempre fue un género popular… popular y barato, lo que no siempre coincide. Si usted no posee apetencias fetichistas, que también, puede acercarse este fin de semana a los espacios de la Feria de Barcelona, en Plaza de España, y allí le espera, usted entre otros 100.000 que se supone acudirán a la muestra, un guirigay de stands y de eventos múltiples y variados en torno al cómic que este año se presenta arropado bajo el estandarte del Western:  Por un puñado de cómics, recoge, pues, actos en torno al acercamiento entre los dos géneros que según el director del Salón, Carles Santamaría, van de la mano desde hace mucho tiempo, “ya que el cómic ayudó a fijar lo que es el western tanto como el cine”.

Palabras exultantes para un año que se supone tan bueno o más que el anterior. Carles Santamaría sabe, cifras cantan, que el cómic aguanta la crisis mejor que otras actividades culturales. No sólo la aguanta sino que parece que la crisis es algo que el cómic sabe abordar, quizá porque sea refugio de muchos en tiempos aciagos. Ya dije: el cómic, a pesar de subidas del IVA y tremendas noticias agoreras, como el cierre masivo de librerías, se nutre de esas miserias, quizá porque sea género nacido prácticamente de ellas: no olvidemos el auge tremendo del género en los años treinta, a raíz del crac del 29. Entonces nació Supermán.

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El director del Salón acude, para corroborar todo esto, a las cifras. El año pasado el mundo del cómic facturó 100 millones de euros, lo que equivale a decir que posee una salud más que envidiable. Si a eso le añadimos la mareante cifra de 300 librerías especializadas, librerías que, al contrario que las literarias, facturan más que para la supervivencia. Todo esto, según Santamaría, se debe a la enorme flexibilidad y adaptación del género a los tiempos, porque es diverso y creativo y enlaza con otros muchos, no con ánimo de fagocitarlos, sino con el de complementarlos. El Salón, así, se alimentará en gran parte del mundo del videojuego y del cine, por lo que multinacionales como la Warner vendrán a promocionar El hombre de acero o la última película de Guillermo del Toro, Pacific Rim, con monstruos marinos que quieren destruir la Tierra, o Nickelodeon, que traerá a Ciro Nieli, productor de Las tortugas Ninja, o a Kevin Eastman, que fue uno de los creadores del cómic en que se basa la serie. Para los videojuegos hay dos espacios, el Espacio Nintendo y el Espacio Microsoft, que cumplirán con creces con las ansias de los aficionados a este tipo de pasatiempos.

El western como leitmotiv del salón de este año. El género está de moda, desde Quentin Tarantino y su Django desencadenado a Gore Verbinski, que va a rodar El llanero solitario, ahí Johnny Deep interpreta a Tonto, o a Kevin Costner con Hattfields & McCoys. De ahí que el Salón, inteligentemente, haya optado porque este año el género épico por excelencia del siglo XX sea el invitado de honor. La muestra, titulada Por un puñado de cómics, está comisariada por Toni Guiral, y habrá concursos donde la gente podrá disfrazarse de vaquero. Pero no sólo esto, ya se sabe Lucky Luke y sus secuaces, los Hermanos Dalton, y toda la maravillosa parafernalia que un género tan versátil como el cómic puede brindarle  a otro, tan joven y tan vital como él, sino que esa épica también se disfraza de fantasía volante, como la muestra dedicada al 75 aniversario de la creación de Supermán, y una exposición que nos habla de los tiempos actuales, titulada, El humor no se recorta, dedicada a Josep Maria Berenguer, editor de la Cúpula, y a Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, creador de El capitán Trueno.

Hay también muestras sobre los cuadernos de viajes, que están tan de moda, y que gentes como Guy Delisle bordan en obras como Pyongyang o Crónicas birmanas, y que visitará este año el Salón. También pasaran por aquí Gilbert Shelton, Manu Larcenet, Charles Masson o Adam Hughes, creador de DC Comics.

Pero el western es el western y con este homenaje el Salón quiere rebasar la cifra de los 100.000 visitantes. La cosa no es baladí porque en realidad siempre suelen tener un competidor que les amarga la existencia pero, a la vez, les sirve de acicate: el Salón del Manga. En la Feriade Barcelona de este año el Salón del Manga logró alcanzar la cifra de 112.000 otakus, que no sólo son visitantes sino que la palabra esconde alusiones a las obsesiones de sus seguidores, de talante un tanto peculiar y extravagante, de tal manera que otaku bien puede ser traducido por friquí. El Salón no quiere friquis, por lo menos no sólo. De ahí que suponga que el western tendrá más tirón, aunque sea menos proclive  a la gente cargada de obsesiones. Toni Guiral, que es el comisario del Salón que dirige las muestras, piensa que ésta será un éxito porque su calidad así lo avala: desde originales del TBO de la I Guerra Mundial al cómic de Django desencadenado pasando por los clásicos del género, los de José Ortiz, Antonio Hernández Palacios o Manfred Sommer, y, desde luego, el Blueberry, de Moebius o el dibujante que tuvo el último Lucky Luke.

El toparse, pues, con una diligencia no va  a ser lo raro en este Salón. De hecho se exhibe una de ellas pero sólo por aquello de decorar el ambiente. Sin pretensiones, pero con espacio sobrado. No en vano son 1.200 metros dedicados al western. De ahí que también se encuentren a chicos azules del Séptimo de Caballería, o el espacio Comic City dedicado a las ciudades míticas del género, Dodge City, Austin, Kansas City, Tucson, Silver City… o el que se expande en los paisajes enormes, bajo el título de Gran Cañón. Y si es verdad que esta épica tuvo en el cine  a un John Ford, también lo es que Blueberry, de Moebius, no le va a la zaga en eso del culto. Dos géneros que se atraen como amantes. Juntarlos ha sido un éxito.

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