Pisotón a la educación en España

El informe de la OCDE sobre la preparación de los adultos españoles en comprensión lectora y matemática elemental es demoledor, como ya habrán leído los lectores de cuartopoder.es a estas alturas. Tanta pobreza intelectual contrasta con la extremada riqueza de países como Japón y Finlandia, primero y segundo en la lista de los más listos. ¿Y por qué? Surge enseguida la pregunta. Una sola cosa une a esos dos países: la educación infantil es relajada, permisiva y muy centrada en las necesidades de los niños más que en su aprendizaje reglado.

De los argumentos que se han esgrimido sobre las razones de su éxito y de nuestro fracaso hay uno en el que no parece haber reparado nadie, sumidos como están los protagonistas del campo educativo español en batallas lingüísticas, exigencias de aprender aritmética en un inglés que nadie domina y otros caballos desbocados por el estilo.

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Llegué tarde a un programa sobre educación en la 2, el pasado lunes, en el que al escritor Alejandro Gándara se le preguntaba por las razones del fracaso del sistema escolar en España. Su respuesta me pareció incontestable: parecen estar más preocupados por que los alumnos acumulen datos y cifras que por que comprendan qué es la vida, qué es el dolor y qué es la muerte.

¿Es posible que se empiece la escuela por donde no procede? Tanta prisa por enseñar a leer y calcular a gente de tres años, ¿no estará dejando de lado la sustancia fundamental de lo que debe empezar a saber un ser humano?

Es posible que una vez comprendido esto, la persona esté preparada para adquirir el grado de confianza en sí misma  que le facilite el camino a otros conocimientos. La clave del éxito finlandés no es atiborrar de horas de clase y de presión competitiva al alumno, como sucede en China y en Corea del Sur, por ejemplo, otros triunfadores de los PISA. La clave finlandesa es la de proveer de confianza en sí mismo al aprendiz de persona . Ese era el argumento que anunciaba más arriba: confianza.

Para ello, los finlandeses se toman su tiempo y su atención a los niños a partir de los 7 años, sin cargarlos de deberes ni castigos. Con un presupuesto inferior al de España, su sistema educativo es aprobado en un 90 por ciento por los finlandeses.

Un dato que recoge el informe de la OCDE para España del que estamos hablando: un profesor finlandés cobra al principio de su carrera, alrededor de 30.000 dólares y al final llega a los 45.900; uno español empieza con 6.000 dólares más y termina con casi 12.000 más que su colega del norte. Pero los datos no explican casi nada.

Lo que sí explica mucho es que el sistema educativo finlandés es público, que las autoridades educativas confían plenamente en sus profesores, a los que han preparado y exigido mucho antes de que puedan ejercer. Los escogen no sólo por sus conocimientos –tienen que sacar una media de 9 o más para ser aprobados- sino también por su grado de sensibilidad social. Los mejores profesores se dedican a la enseñanza primaria, que es cuando los niños desarrollan sus habilidades.

Que el ambiente de trabajo en las escuelas es relajado y respetuoso con cada alumno, siendo impensables situaciones de acoso y violencia como las que se producen aquí. Y, en caso de darse, son cortadas de raíz y al principio, sin permitir que se corrompa la situación.

Que rara vez se les somete a exámenes ni se les pide tareas en casa hasta que cumplen 16 años, cuando se someten a una única prueba obligatoria.

Que todos los alumnos de la misma clase estudian juntos, no importa la diferencia de inteligencia o capacidad; para eso hay una proporción de profesores de apoyo por alumnos: nunca más de 20 en clase.

Que la familia y la sociedad importan tanto al sistema finlandés como la escuela, y que ésta, a su vez, defiende el estado de bienestar frente a los supuestos competitivos del neoliberalismo. Así, para los finlandeses, la familia es más importante que lo que ganen papá y mamá en sus trabajos. Más de la mitad de los finlandeses cree que la familia es más responsable que la escuela en la educación de sus hijos. Falta una encuesta así en España.

A lo mejor, habría que imitar en lo posible “prácticas de éxito” como las que se realizan en Finlandia. En España no es nuevo ya que desde los tiempos de los krausistas y la Institución Libre de Enseñanza se lleva intentando fórmulas educativas con mejor o peor resultado.

En las escuelas concertadas hay ejemplos interesantes como el de la Escuela Liberi de Barcelona u otras escuelas repartidas por las diferentes comunidades, basadas, en parte, en doctrinas de carácter libertario, como la de la escuela inglesa de Summerhill, en parte, en las enseñanzas de Jean Piaget y de María Montessori. Pero la gran mayoría son privadas.

En todo caso, aprender a ser persona es algo más complejo e importante que aprobar exámenes y sacar matrículas que agraden a las élites de una sociedad. Eso no quita para que sea algo bochornoso que los españoles leamos tan mal y hagamos las cuentas con tanta impericia como para estar a la cola. Si al menos sacáramos sobresaliente en saber ser felices ya llevaríamos ganada la mayor.