Educar a los que educan

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Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, en una imagen de archivo. / Efe

La Comunidad de Madrid se ha puesto seria y va a exigir al estudiante a maestro –antes Magisterio– que saque un 5 en Lengua y Matemáticas en la prueba de Selectividad. Estupor. Se ve que estaba yo mal informada al creer, sin género de dudas, que para aprobar había que sacar 5 y que para entrar en un nivel de enseñanza superior había que aprobar. Eso era antes de la reforma del ministro Maravall de aquella esperanzada y frustrada legislatura del primer gobierno socialista. Qué tiempos.

Esta drástica y valiente decisión de Madrid es consecuencia de la publicación, hace casi un año, de los resultados de unas oposiciones a maestros, en 2011, en las que un 86 % de los aspirantes suspendió una prueba que inquiría sobre los conocimientos que debe tener cualquier estudiante de sexto de primaria. Es decir, que hubo una abrumadora mayoría de opositores a maestro que no supieron responder como debe hacerlo un estudiante de 12 años.

Entonces, los sindicatos salieron a protestar por lo que consideraron un escarnio, dada la parcialidad de las informaciones que se barajaron. Decían que no habían dado más que cinco meses para prepararse. Llevaban razón. Ni cinco ni más meses son suficientes para adquirir unos conocimientos que deben adquirirse desde la más tierna infancia con buenos maestros. Los aspirantes a maestros son víctima de malos maestros. La cosa tiene cola desde hace mucho tiempo. Generaciones.

Ya hemos comentado aquí cómo se toman estos asuntos los finlandeses que, casualmente, salen triunfadores de los malditos estudios PISA. Y sabemos, porque se ha publicado por activa y pasiva, que no se trata solamente de financiar mejor la educación. La Marea Verde vuelve a la carga con una huelga de dos días para demandar lo que necesitan sin que la sociedad española sepa bien a qué se refieren: ¿a ganar más sueldo, a que tengan más profesores por aula, a que tengan más medios materiales? ¿De verdad es prioritario el asunto de los Erasmus? Pero, esta es otra cuestión; volvamos a la enseñanza primaria, que es la importante.

Muchas veces, los problemas se resuelven con imaginación y capacidad de observación. ¿Tienen los maestros españoles tiempo para desarrollar estas dos cualidades? ¿Lo tiene el gobierno? Porque si las reglas están claras y son las adecuadas, sólo habría que aplicar la plantilla y, eso sí, una gran vocación por la enseñanza. Pero las reglas, le corresponde al gobierno diseñarlas.

El nivel de educación de un país depende de la capacidad de formar y motivar a sus profesores, según el sentido común y un informe de la consultora McKinsey and Company que se encarga de analizar los resultados del famoso informe PISA, ése que se empeña en denigrar a los españoles con cada publicación. Sarcasmo.

El informe en cuestión lleva tiempo advirtiendo que es más importante resolver cómo se enseña que lo que se enseña. Que las intervenciones con más éxito se centran en los procesos de enseñanza más que en andar cambiando contenidos. Aprende mejor un niño cuando se le dan los elementos de su aprendizaje con la motivación necesaria. Por eso, el informe McKinsey prioriza “mejorar las habilidades de enseñanza de docentes” además de la capacidad de gestión de los directores, que ésa es otra.

Para mejorar habilidades, pericia y capacidad de motivación, un maestro, un profesor, tiene que saber de lo que está hablando. No sé si es justo que esos conocimientos se sometan a un examen en el que los nervios y el miedo al fracaso influyan más que lo que se puede responder pero es la medida con la que se elige, por ahora, a los que valen para tarea tan fundamental.

Me alegra que Madrid haya seguido los pasos de la Comunidad Catalana con esta decisión.

1 Comment
  1. galicor says

    Es deseo que la dedicación sea pedagógicas sin que la política interfiera.

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