De puente en puente y grito porque me toca

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Imagen de uno de los atascos registrados en las carreteras durante la pasada Semana Santa. / Efe
Imagen de uno de los atascos registrados en las carreteras durante la pasada Semana Santa. / Efe

Se avecina otro puente el primero de mayo, que en Madrid, con su fiesta particular del 2, es más grande que el de San Francisco. Según el relato que día a día hace la Dirección General de Tráfico, las escapadas por carretera en España resultan aventuras peligrosas, a pesar de que el recuento de muertos tiende a reducirse. La pasada Semana Santa, sin embargo, aumentó con relación al año pasado. Le echan las culpas a que ha caído en abril y ha hecho buen tiempo y, claro, la gente ha salido de estampía.

También se ha desvelado el mal estado de las carreteras, que acusan la crisis y la desidia de los que deberían velar por su mantenimiento. Desde luego, doy fe de que la que une Lérida con Tarragona está cada día más abollada, desgarrada, rota e impracticable, sin que los pegotes de alquitrán que añaden de vez en cuando para paliar los baches saquen de apuros.

Asimismo, se ha sabido el resultado de un estudio que ha hecho alguna organización privada, según el cual los españoles no es que conduzcamos mal, no; en realidad conducimos divinamente. Pero es que parece que nos conducimos mal del coche para adentro. Gritamos, insultamos y pitamos más que la media europea. Y, me temo, que fuera abunda la mala conducción personal también. ¿Por qué? Se me ocurre una razón que viene a verse agravada por las dificultades económicas en las que andamos estancados. Los nervios, que se nos desatan a la primera de cambio.

Los más viejos del lugar recordarán las colas que se formaban, en la estafeta de correos, por ejemplo, o esperando el autobús, o ante la ventanilla de billetes de RENFE, hace años, muchos. Eran colas sin orden ni concierto, que formaban bolas de gente, en las que los más listos, o los más brutos, se colaban sin consideración a los que llevaban tiempo esperando turno. Mucho tiempo después, se inventó el chisme ese que da números para la cola del frutero.

Los nervios se disparaban en esas situaciones, en las que todo el mundo llevaba una prisa terrible, no podía permitirse el perder el tren que estaba a punto de salir o le tocaba las narices que se le colara alguien, con razón; todas esas cosas ponían los nervios de punta y propiciaban que el personal intercambiara más de un mal gesto. En una de esas colas estuve a punto de presenciar una pelea de las de saloon de far west, por un quítame allá esas pajas, en un aeropuerto del llamado Tercer Mundo.

Aprovecho para ponerme de mal ejemplo y así expiar mis culpas, pues recibí una vez  la lección de una mujer extranjera, a la cola del estanco donde quería comprar sellos, que me espetó un “Keep your turn”, cuando pretendía yo deslizarme por delante de ella. Fue sólo eso, pero fue suficiente para abochornarme. Supongo que porque, al fin y al cabo, me educaron bien mis padres.

Pero, estábamos en la carretera. Hay algo, creo yo, de lo mismo, elevado a la n potencia, cuando nos ponemos al volante. Una curiosa transformación que hace más grosero a quien ya de por sí lo es un poco, y más agresivo a quien no lo es en realidad. ¿Por qué? Pues yo creo que por un defectuoso manejo en la respiración y en la consciencia de cada cual.

Sería muy buena práctica que, al sentarse al volante, la persona en cuestión parara la marcha de su propio cuerpo unos segundos, respirara profundamente, un suspiro hondo, cerrara un segundo los ojos, como aislándose en un espacio flotante y seguro, y, al arrancar el motor, exhalara otro suspiro, esta vez, de puesta en marcha.

Bajar los humos, aminorar la marcha de las palpitaciones del corazón, reducir el estrés –ese enemigo que está dentro de nosotros, por más que la gente crea que lo producen agentes externos-, respirar y sonreír, y tomarse la carretera –sobre todo la de doble sentido- como un paseo agradable, una ocasión donde mostrar cortesía y generosidad, elegancia y buen hacer.

Y esto tiene que ver con la confianza que tenga cada cual en sí mismo. No hay que confundir autoestima con chulería torera porque, oiga, es que no tienen nada que ver. Es mi aportación con vistas al puente de mayo que ya se nos está echando encima.

3 Comments
  1. ME says

    En la USA no hay puentes, si queremos salir hay que hacerlo nadando!

  2. ME says

    Hoy las estrella no responden, peo doy cinco!

  3. ME says

    Que feooo! Quise escribir «pero»

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