El diseño puede ser solidario

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La Incubadora Portátil de Embrace es una de las creaciones que se pueden contemplar en la exposición de CaixaFórum 'Inventos. Ideas que cambian vidas'. / obrasocial.lacaixa.es

Después de su andadura en Barcelona y Palma de Mallorca, CaixaForum, a través de su Área Internacional de Obra Social, ha inaugurado este fin de semana una exposición pequeña, sin grandes alharacas, Inventos. Ideas que cambian vidas, muy cerca, justo al lado de la retrospectiva dedicada a Le Corbusier que estará en Madrid justo hasta el 26 de octubre. Lo de su ubicación cerca de la muestra de Le Corbusier es una casualidad, desde luego, pero ilustra bien a las claras, por su contraste, dos modos diferentes de enfocar el diseño industrial en el mundo moderno. Uno, el de Le Corbusier, revolucionario, utópico hasta el punto de romper el modo de hacer urbanismo en el siglo XX y con unas ideas utópicas sobre viviendas sociales que, a la larga, ha dado lugar a hacinamientos casi inhabitables en los extrarradios de las grandes ciudades europeas. Los otros, los solidarios, no refulgen nada, parecerían unos inventos un tanto surrealistas, sacados de la mente de Raymond Roussel como objetos imposibles, incluso algunos tienen la pinta de ser objetos meramente encantados y, si me apuran, parecerían inventos propios de la mente irrefrenable del Doctor Copenhague, aquel que llenaba la página doble del TBO. Pero funcionan.

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Los nombres, además, parecen avalar la tesis de ser objetos de diseño imposible: las Botellas de Luz Solar, diseñada por el Massachussett Institute of Tecnology, las bicimáquinas, el Transportador de Agua Hippo Roller, el Tambor Digital, la silla de ruedas Mekong, la Incubadora Portátil Embrace... pero funcionan y funcionan a base de ingenio, sobre todo, y una obsesiva fijación por usar materiales exclusivamente reciclados. El comisario de la muestra, José María Medina, director de Prosalus y expresidente de la Coordinadora de ONG Desarrollo ha querido con ello incidir en esa característica de la extremada baratura de su coste, que llega a ser prácticamente gratis. La famosa chapuza española de posguerra o la chapuza infinita de los cubanos que son capaces de hacer que un modelo de Cadillac de los cincuenta funcione después de casi sesenta años y sin piezas de repuesto no es nada si lo comparamos con algunos de estos inventos. Hay uno, en especial, que subyuga al público por su efectividad, aliado a su coste tan barato que casi, casi, parece cosa de magia: se trata de la Botella de Luz Solar, del MIT.

Como en las concentraciones de chabolas de Manila no entra prácticamente la luz solar y sus habitantes carecen de electricidad, los del MIT han diseñado una botella, de esas de plástico de litro y medio que, llena de agua y colocada en un agujero embutido en el techo de la vivienda, inunda de luz el interior oscuro con la potencia de una bombilla de 60 vatios. Es quizá, el invento donde más curiosea el visitante: la luz sigue siendo objeto mágico.

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El Hippo Water Roller / obrasocial.lacaixa.es

Hay un dato un tanto terrorífico. La totalidad de los inventos hoy día están destinados a un 10% de la población. Esta exposición quiere demostrar que en África, Latinoamérica y Asia hay unos 4.000 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza y que, por ello, estos diseños están creados para potenciar la energía o resolver el abastecimiento de agua. Por ejemplo, las bicimáquinas, que aprovechan la fuerza de pedaleo de una bicicleta para canalizar esta energía y producir artilugios muy diferentes. A este respecto, cuando visité la exposición, la visión de las bicimáquinas me recordó una estremecedora escena, también cómica, que describe Louis Ferdinand Céline en una novela suya cuando retrata, al anochecer, la imagen de un sargento de la Wermacht pedaleando en una bicicleta estática para mover una dínamo y producir luz mientras la ciudad arde por los cuatro costados a raíz de un bombardeo.

Hay diseños espectaculares, como el Tambor Digital, que consta de dos bidones metálicos a los que se le ha acoplado dos ordenadores con paneles solares y teclados resistentes al agua, con los que se prevén puedan ser distribuidos a una población de Uganda cercana a las 50.000 personas, o la Silla de Ruedas Mekong, que emplean 70.000 personas en Camboya y está diseñada para poder llevarla sin esfuerzo en terrenos escarpados y sin asfaltar, como está la mayor parte del país, o el Transportador de Agua Hippo Roller que es un bidón capaz de contener en su interior 90 litros de agua y que pueden utilizar las porteadoras sin mucho esfuerzo, desde luego mucho menos que transportarlo en equilibrio sobre su cabeza. Consta de un bidón al que le han acoplado un mango con el que es arrastrado al modo de un carrito de la compra.

Sigo pensando que es casualidad pero insto al visitante a que luego se deje caer por la magnífica muestra dedicada a Le Corbusier donde se exponen las maquetas que diseñó para las casa de obreros de Marsella y en el que se proyecta una película donde el arquitecto y diseñador habla de la Ciudad Radiante, momentos álgidos de una Modernidad que Le Corbusier dirigía a todos. Años después aquellas utopías modernas han dado paso a la creación de diseños con materiales de desecho. En realidad siempre fue así, pero circunscrito a los extrarradios de las ciudades. Estos inventos tienen la particularidad de que están dirigidos a un medio rural donde es prácticamente imposible encontrar desechos industriales. De ahí su originalidad y su labor práctica.