Basilea-Madrid, la exposición del año

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Montaje de obras del Kuntmuseum Basel en el Museo Reina Sofía. / Joaquín Cortés y Román Lores (museoreinasofia.es)

No es invento mediático. En cierta forma esta exposición que se abrirá en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía y en el Museo del Prado con 170 obras procedentes del Museo de Arte de Basilea (Suiza), entre las que se encuentran diez picassos que serán expuestos en el Prado, puede ser catalogada como la exposición del año en Madrid. La razón estriba no sólo en las obras maestras que se mostrarán, kandinskys, modiglianis, van goghs, cezánnes, juangris, giacomettis, sino por el carácter extraordinario del evento, ya que probablemente esta ocasión no vuelva a producirse jamás. Las fechas para poder ver la exposición son para recordar, del 18 de marzo al 14 de septiembre, idóneas pues es cuando Madrid es visitada por más turistas.

El Museo de Arte de Basilea es uno de los grandes museos europeos y sus responsables pensaron que era hora de que fuera rehabilitado. Borja Villel, director del MNARS, no se lo pensó dos veces y logró que esas obras, que probablemente fueran destinadas a sótanos mientras duraran las obras de acondicionamiento, pudieran exponerse en Madrid. La idea, brillante, no es, sin embargo, lo que mueve a sorpresa sino que se haya llevado a cabo, pues en este tipo de cuestiones los seguros lo son casi todo y no es fácil que las compañías den su brazo a torcer si no hay plenas garantías. Y aun y así... La garantía del Estado español parece ser que asciende a 1.587 millones de euros, cifra sólo superada por la exposición que tuvo lugar en el MNARS en 2008 donde se expusieron 400 picassos procedentes del Museo Picasso de París: 2.000 millones.

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La exposición está dividida en dos partes. La primera, Fuego blanco. La colección moderna del Kunstmuseum Basel, consta de 106 obras, una muy buena y amplia selección de la colección pública suiza, entre pinturas, collages, esculturas, obra gráfica, vídeos, fotografías, que estarán expuestas en la planta baja del edificio Sabatini. La segunda parte, Coleccionismo y Modernidad. Dos casos de estudio: Colecciones In Obertegs y Rudolph Staechlin, ofrecen 60 pinturas con una concepción nunca antes experimentada en España y que trata de ofrecer una visión distinta de la evolución de la pintura figurativa desde finales del XIX hasta 1940, que es cuando comienza a adueñarse del imaginario artístico la idea de la abstracción. La obra emblemática que se expondrá en esta segunda parte será Jardín de Daubigny, de Van Gogh.

Montaje en el Museo del Prado de la obra de Pablo Picasso 'Los dos Hermanos' (1906), una de las cedidas temporalmente por el Kunstmuseum Basel. / museodelprado.es
Montaje en el Museo del Prado de la obra de Pablo Picasso 'Los dos Hermanos' (1906), una de las cedidas temporalmente por el Kunstmuseum Basel. / museodelprado.es

Y ahora, Picasso. Una vez más el pintor malagueño vuelve al Prado de manos de diez cuadros suyos que evocan distintas trayectorias en su carrera, ya que las fechas de las obras que abarcan son muy amplias, de 1906 a 1967, prácticamente cuadros que son hitos de sus distintas formas de concebir la pintura.

De la importancia otorgada a esta presencia de Picasso da muestra el lugar en el que se mostrarán los diez cuadros: la Galería Central, en comunión con las grandes obras maestras de los pintores antiguos, una obsesión de Picasso,que en ciertas etapas de su vida se confrontó con ellos: Velázquez, Rafael... Como anécdota de la manera en que se cumple a veces el protocolo, hay que decir que el primer Picasso en llegar fue el cuadro Los dos hermanos, perteneciente a su etapa rosa, fechado en 1906, y que será el primero de los diez que abrirá el cortejo.

Vayamos, pues, haciendo boca: entre las dos colecciones se mostrarán obras expresionistas, abstractas, constructivistas, minimalistas, con firmas como la de Munch, Fernand Léger, Warhol,Alberto Giacometti, Paul Klee, Barnett Newman, Donald Judd, Pierre Huyghe, amén de pintores ya clásicos, como Gauguin del que se expone una de sus mejores obras que pertenece a la colección In Obserteg, mientras que hay algún Picasso y algún Chagall que nunca han salido del Museo. Pero la lista continua hasta hacerse casi una cantinela: Renoir, Pissarro, Odilon Redon, Manet, Modigliani, Monet, Cezánne, Le Corbusier, Max Ernst, André Masson, Moholy Nagy, Gerhard Richter, Marth Rothko... demasiado.

Entre las obras expuestas hay algunas antológicas, como Senecio, de Paul Klee, uno de mis cuadros favoritos, o algunos retratos de los más afamados de Marc Chagall, pero la obra que se lleva la palma en cuanto a rarezas es La bebedora de absenta, de Picasso, que en su reverso tiene pintada otra obra, Mujer en el palco, que el pintor malagueño pintó el mismo año, 1901. El cuedro será expuesto en una peana diseñada al efecto para que pueda contemplarse por sus dos caras. Pocas telas como ésta han estado tan impregnadas de trazos maestros, por delante y por detrás.

La exposición, por tanto, puede ser catalogada como la muestra del año en Madrid, sí, pero a condición de que tengamos en cuenta que estamos jugando con un engaño: no es una exposición lo que se muestra sino la parte más florida de uno de los grandes museos europeos. Si tenemos en cuenta esta circunstancia nos atendremos mejor a los hechos, amén de sorprendernos de que un museo de estas características se exponga en gran parte fuera de sus fronteras. ¿Se imaginan 200 obras maestras del Prado expuestas fuera de España a la vez?

No es un caso raro. Es un caso insólito del que hay que aprovecharse. Eso haremos.