La Comarca de Osona, territorio de poetas y bandoleros

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Panorámica de los Riscos de Tavertet (Cingles de Tavertet). Comarca de Osona, provincia de Barcelona
Panorámica de los Riscos de Tavertet (Cingles de Tavertet), Comarca de Osona (Barcelona)

Lentas y perezosas, como quien ya conoce el camino de vuelta a casa, así se deslizan las aguas del río Ter por los innumerables meandros que dibujan una parte del territorio de la comarca de Osona. Santuario de poetas y escondite de bandoleros, sus leyendas de fechorías se esconden entre espesos bosques mientras los versos juegan a escalar cimas o se sumergen en las criptas sagradas. Es un paisaje de verde y de agua, acariciado por el musgo que se desploma, sin previo aviso, en desfiladeros de vértigo buscando a lo lejos el mar.

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Jacint Verdaguer, El príncipe de los poetas catalanes, –como le llamaron sus seguidores- nació en el corazón de Osona, en Folgueroles. Un creador de imágenes únicas y expresionistas que dibujó versos sobre sus queridas montañas pirenaicas en su obra Canigó -que se convirtió en la obra más importante de la Renaixenca catalana- o exaltando el mar en L´Atlántida que inició junto al río Ter en su estancia en el Santuario de la Gleva. Versos que acompañan al río mientras éste desciende por las tierras del norte de la comarca atravesando el frondoso parque natural del Castell de Montesquiu en las faldas del Pirineo –uno de los tres parques de Osona. A pie y con la mochila al hombro el viajero se asoma a las vertiginosas crestas y recorre de punta a punta un incomparable mundo de pinares y boj hasta llegar a uno de los bosques de hayas más bellos de la provincia: el de la Grevolosa. El paraje de gnomos de Els Bufadors es un micro universo tendido bajo árboles centenarios donde crecen las codiciadas setas, tan alabadas en la gastronomía local.

Las aguas del Ter alcanzan las laderas de los elegantes farallones rocosos de Tavertet y El Collsacabra y se desparraman formando un pequeño mar de 17 kilómetros de largo y tres de ancho -el embalse de Sau- que sepultó en 1962 el pueblo de San Romá del que sólo se avista su campanario románico. Los lugareños utilizan a este orgulloso superviviente de su tiempo como referencia del desnivel del agua y si la altura es la adecuada puede verse a las piraguas que recorren el pantano atravesar el arco del campanario.

Situada a medio camino entre el Parque Natural del Montseny y el Pirineo, la zona del Valle de Sau y El Collsacabra invitan a disfrutar de un espacio único de leyendas y aventuras digno de los días del bandido Serrallonga allá por el siglo XVII.

El conocido como Robin Hood catalán se escondía en el macizo de Les Guilleries, al sur de la comarca, después de cometer sus actos atroces. Sus bellos bosques de vegetación frondosa daban cobijo a los malhechores mientras que a poca distancia en Folgueroles –unos poco más tarde- nacía el gran poeta Verdaguer. Hoy su casa se ha convertido en uno de los museos literarios más antiguos y sus huellas se dejan sentir en todo el municipio.

La ruta por el valle termina en uno de los lugares con más encanto: Rupit, un pequeño pueblo de origen medieval que conserva intacto su casco histórico. Atravesar su bamboleante puente colgante de madera nos introduce en un cuento medieval de calles empedradas, ancestrales casas y preciosas balconadas donde el estilizado campanario de la barroca iglesia de Sant Miquel define su perfil en el horizonte. Nada mejor que terminar con una estupenda sopa tostada con albóndigas o una deliciosa parrillada de carne a la brasa con setas en el Restaurante L’Hort d’en Roca (Plaça de l’Era Nova, 7. Tlf. 93 852 20 29). Y de postre los eternos carquiñoles de Rupit ¡antológicos!

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