Max Bill, el artista de las mil caras

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Escultura "El límite pasa por el centro", del artista suizo Max Bill. / Fundación Juan March

La Fundación Juan March ha mantenido siempre cierta predilección por mostrar la obra de los artistas relacionados con la Bauhaus, la escuela de arquitectura y diseño que fundó Walter Gropius en 1919. Baste recordar las tres exposiciones que ha realizado sobre Kandinsky, la de Josef Albers y la que tendrá lugar dentro de dos años, dedicada a Feininger, para dar buena cuenta de ello. Ahora, con la muestra de Max Bill, la primera retrospectiva que se realiza en España del artista suizo que fue alumno de la Bauhaus, esa relación se amplía a los discípulos de la misma, lo que da idea aún hoy de la fecundidad creadora de aquel movimiento que fue pilar fundamental de la Modernidad de las artes y de la mentalidad vanguardista. Mentalidad que no sólo se remitía a las obras sino que se conformaba como un modo de concebir la vida misma.

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Hace dieciséis años, en 1980, la Fundación Joan Miró de Barcelona y el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, fue comisaria Gloria Moure, realizó una exposición sobre Max Bill que dedicó a su pintura y escultura. Por otra parte, en estos últimos meses, la propia Fundación Juan March ha expuesto la obra gráfica de Max Bill en Palma de Mallorca y Cuenca. Con esta muestra inaugurada en Madrid, la Fundación da a conocer la obra, casi inabarcable, de este artista en su fase de pintor, escultor y de grabador, sí, pero también de diseñador de libros y revistas, de arquitecto, de diseñador industrial, grafismo publicitario, diseñador de muebles, ensayista, pedagogo, editor... Es decir, un auténtico representante de la multiformidad que proclamó a los cuatro vientos la escuela de la Bauhaus. Pocos se lo tomaron tan al pie de la letra como Max Bill, pero lo cierto es que muchos le han considerado el hombre orquesta del artista del siglo XX, y no es para menos. Las 170 obras expuestas en la Fundación nos hablan sobretodo de este diabólico proceso multiforme. Todo un logro.

Para Manuel Fontán, director de Museos y exposiciones de la Fundación Juan March, el secreto de Max Bill, su multitalento, reside en que fue capaz, concentrándose en pocas ideas, de expandir éstas a todos los ámbitos del arte, lo que hace de su obra “una intensa fiesta de las formas”. Fiesta que se aplica especialmente en el color , con la creación de los lienzos geométricos multicolores, lo que hace de sus cuadros unas de las representaciones más vivaces de todo el arte del siglo XX, arte especialmente vivaz en el juego de los colores.

La muestra se nutre de colecciones europeas y americanas y ha conseguido involucrar especialmente en el proyecto  al hijo de Max Bill, Jacob, que es arqueólogo. Obras que van desde las primeras piezas de platería que realizó Max Bill a los trabajos que hizo para la Bauhaus y los carteles y diseños para arquitectura de clara factura surrealista. Él siempre se consideró, sobre todo, un arquitecto, aunque hay que reconocer que levantó pocos edificios y eso le viene de la herencia de la Bauhaus, amén de hermosos diseños para artes decorativas, es decir, muebles, mesas, sillas, taburetes, máquinas de escribir, relojes (no olvidemos que nació en la localidad suiza de Winthertur), perchas... Vale decir, un artista que no era ajeno, todo lo contrario, a la industria del diseño. Tanto que llegó a crear su propia empresa, Bill- Zürich.

Max Bill es el creador del arte concreto que Theo van Doesburg acuñó en 1930 para referirse a unos objetos a los que se les ha preterido el aspecto convencional para revelar, mediante la abstracción, su realidad concreta a base de colores y líneas. Bill cumple a la perfección ese requisito y el aspecto simbólico convencional de sus objetos está tan alterado que su significado reposa en ellos mismos, en la propia relación entre línea y color.

Max Bill, por tanto, es un maestro espiritual, al modo en que lo requería Kandinsky y, como buen abstracto, es artista tendente al cuadrado y al rombo, algo que fascinó antes a su maestro Mondrian y a los constructivistas rusos. Y ello porque son inventos geométricos exclusivamente humanos, no se dan en la naturaleza, de los que Max Bill es deudor desde que visitó la exposición universal de artes decorativas de 1925 en París y allí se fascinó con la obra de Le Corbusier. Pero esa fascinación se completó luego en la escuela de la Bauhaus, donde tuvo como maestros a Josef Albers y Moholy Nagy. Luego, durante la guerra, Albers se fue a Estados Unidos e invitó a Max Bill a irse allí, a Black Mountain College, en Carolina del Norte, lugar de refugio de muchos artistas europeo. Pero Bill se quedó en la entonces devastada Europa y fundó la escuela de diseño de Ulm, en Alemania, que, según su hijo, quiso hacer porque para Bill la libertad del artista requería libertad económica y ésta sólo podía ofrecerla una actividad industrial paralela al propio arte.

La exposición está ordenada cronológicamente y arranca con cuadros de clara tendencia surreal como Muchacha coqueta o Recuerdos divertidos para, inmediatamente, introducirnos en la especial conformación de su obra, eminentemente concreta: objetos multiformes antes mencionados que han tenido una influencia notable en el arte latinoamericano, sobre todo en Argentina y Brasil, junto a Josef Albers y Alexander Calder, y en el arte y la arquitectura española, recordemos la relación con Ángel Duarte, de Equipo 57, y la influencia en arquitectos como Rafael Leoz o Enric Miralles.

En suma, una retrospectiva de enorme importancia ya que es primordial su influencia entre nosotros y siempre es bueno reconocer a los maestros fundadores.

Fundación Juan March (YouTube)

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