Senderos homoeróticos en el Museo del Prado y en el Thyssen

Homoerotismo en el Museo del Prado y en el Thyssen
La escultura 'Orestes y Pílades', de la Escuela de Pasiteles, perteneciente a la exposición "La mirada del otro. Escenarios para la diferencia", que presenta el Museo del Prado, un nuevo itinerario expositivo a través de una selección de obras en las que se invita a contemplar la realidad histórica del amor entre personas del mismo sexo y sus vicisitudes. / Efe (Santi Donaire).

Con motivo de la celebración del Día del Orgullo Gay, que suele atraer a gran número de turistas que se desplazan a la ciudad para el evento, los Museos del Prado y Thyssen abordan exposiciones de pintura y escultura de tema homosexual y lésbico que durarán todo el verano: La mirada del Otro: escenarios para la diferencia, y Amistades inmortales, por parte del Prado, y Amor diverso, del lado del Thyssen. De este modo, y con gran sentido de la oportunidad, las dos importantes pinacotecas se suman al carro de unas celebraciones que esperan los restauradores como agua de mayo y al que poco a poco las instituciones culturales se van apuntando dejándose mecer por el signo de los tiempos. Al tiempo: si las instituciones no son lo suficientemente lentas, lo que suele suceder, no creo que pasen muchos años sin que asistamos en Madrid a un Festival de Cine Gay de cierta relevancia. Pero vayamos al arte.

La verdad es que ambos museos lo tienen fácil: en la Antigüedad, en contra de lo que se cree, por prejuicios sobrevenidos en el siglo XIX, el homoerotismo estaba presente de manera clara y precisa en todos los órdenes artísticos, y no entenderemos tamaña profusión sin saber del afán de la Iglesia por proveerse de temas de esta índole para consumo propio, de aristócratas y cardenales. Sin caer en afirmaciones exageradas, eso de que el Catolicismo fue la mayor escuela de pederastia durante siglos, lo cierto es que el santoral daba para que en ciertos temas se dejaba que la vista resbalara con indulgencia. Así, nuestro flechado San Sebastián, jefe de la guardia de Diocleciano y pintado con deleite erótico por los grandes de la pintura europea y elevado a símbolo homoerótico por gentes como Oscar Wilde, Gustave Moreau, Tennessee Williams, Yukio Mishima e incluso el mismo Doctor Sigmund Freud, y sobre el que el Prado exhibe un San Sebastián, de Guido Reni, de exquisita factura, y el Thyssen, para no ser menos, dos, una escultura de Bernini y una pintura de Bronzino.

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Con ello, parece que artistas que sufrieron persecución, calumnias y juicios públicos, como Leonardo, Botticelli, Cellini o Caravaggio, por sus tendencias sexuales, ven así suficientemente publicitadas sus cualidades artísticas, como si ya no lo estuvieran lo suficiente, y es que este tipo de cosas suele llevar aparejadas ciertas virtudes pero también algunas distorsiones: por ejemplo, la poca discriminación que se hace de la calidad artística de cada uno de ellos a favor de su tendencia erótica. Pero vayamos a las exposiciones.

La mirada del Otro. Escenarios para la diferencia, estará con nosotros hasta el 10 de septiembre. Los comisarios de la misma, Carlos G. Navarro y Álvaro Perdices, han escogido 30 obras divididas en cuatro recorridos temáticos. Las obras se mantienen por lo general en el mismo lugar donde se exponen habitualmente, les han colocado una segunda cartela informativa, pero hay una obra que merece comentario aparte: se trata de El Cid, de Rosa Bonheur, que se expone por primera vez desde que llegó la museo y se la colocó en los subterráneos preciosos. Se trata del primer plano de un león que pintó esta pintora, fiera entre las fieras, y que llegó a pedir permiso a las autoridades francesas para poder usar pantalones en las ferias de ganado donde solía pintar.

En Amistades inmortales, se abordan los amores masculinos de la Antigüedad: Orestes y Pilades, Harmodio y Aristogitón, Antinoo y Adriano... figuras que aparecen en obras de Alma Tadema, como el titulado La siesta, que el Prado posee. El lienzo fue donado al Museo por Ernest Gambart, cónsul de España en Niza, que tuvo que renunciar a la carrera diplomática por haber sido acusado de homosexual. A este respecto Miguel Falomir, director del Museo del Prado, ha declarado que el Museo tiene la obligación de dar cabida a todas las sensibilidades y que con exposiciones así quiere desterrar el prejuicio que ha afectado a ciertos artistas por tener una sexualidad distinta a la mayoritaria. Y lo cierto es que una de las gracias de la exposición consiste en resaltar las distintas identidades: por ejemplo, las ya clásicas mujeres barbudas de Ribera y Sánchez Cotán, o la escultura del Hermafrodita dormido, de Matteo Bunicelli, escultura que adquirió Velázquez para Felipe IV, y que por eso mismo se expone junto a Las Meninas. Hay algún que otro Rubens que trata el tema y un grabado de Goya perturbador, El Maricón de la Tía Gila, que ponía nervioso a Alberti.

Por su parte Amor diverso, en el Thyssen, muestra 16 obras de su colección con el tema homoerótico como protagonista. Hércules travestido en la corte de Onfalia, de Hans Cranach, se expone como pieza principal, así como obras de David Hockney, Francis Bacon, Rauschenberg y la escena lésbica de Auguste Rodin en El nacimiento de Venus, amén de clásicos de gran valor, como La muerte de Jacinto, de Tiépolo, en realidad el cuadro más valioso de la muestra y auténtica obra maestra.

Tres recorridos de temática homoerótica para adornar los eventos del World Pride 2017. Adornos de lujo.