ARTE / Con motivo del curso ‘Tres Asesinos: Caravaggio, Marlowe y Gesualdo. La belleza del mal’ que se impartirá en la Casa Encendida

Una historia de violencia: las sombras de Caravaggio, el genio del Barroco

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Caravaggio
'Judith y Holofermes', de Caravaggio. / Marco Cingolani (Flickr)

“Fuera de sí corrió desesperadamente por la playa bajo los ardientes rayos de sol, escudriñando el mar, intentando divisar el barco que se llevaba sus pertenencias. Finalmente llegó a un punto de la playa donde debido a la fiebre se derrumbó. A los pocos días sin que nadie le echara una mano murió miserablemente, tan miserablemente como había vivido”

La vida se apagó de esta manera en el cuerpo de Michelangelo Caravaggio, según narra uno de sus biógrafos, cuando su cuerpo exánime, encontrado en la Duna de la Feniglia de la localidad de Porto Ercole, contaba con poco más de 38 años. Un espacio de vida capaz para que Michelangelo Merisi, en realidad su nombre bautismal, cambiara la historia del arte para siempre. El italiano es el artífice prístino de obras pictóricas que logran situar al observador como testigo privilegiado de la acción que desarrollaba en el cuadro, merced al pulido realismo con el que plasmaba las escenas. Este efecto estaba cimentado principalmente en su mirífica maestría para el uso del claroscuro, en su capacidad para otorgar a las obras sensación de profundidad y en la elección de sus modelos, tomados generalmente entre la gente de los barrios bajos, hábitat donde el pintor estuvo complicado la mayor parte de su existencia.

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El máximo exponente de la pintura barroca no sólo es reconocido por su legado artístico. Su vida delictiva y pendenciera, que asimismo tamizó toda su obra, erigió una aureola legendaria sobre su figura cuyos reflejos todavía deslumbran en la historiografía presente de la pintura. Entre enero y abril próximos Xavier Güell impartirá en la Casa Encendida de Madrid el curso ‘Tres Asesinos: Caravaggio, Marlowe y Gesualdo. La belleza del mal’, con especial atención al pintor lombardo.

Francesco Susinno, uno de sus biógrafos, cuenta que cuando Caravaggio accedió a la Iglesia de ‘La Virgen de Pilerio’ en compañía de varios caballeros, el más educado de ellos se adelantó para ofrecerle agua bendita. El pintor preguntó para qué servía y le contestaron “para anular los pecados veniales”. “Entonces no merece la pena -respondió- porque todos los míos son mortales”.

Todos sus estudiosos coinciden en que los conocimientos pictóricos que Caravaggio demostró estuvieron vinculados a una formación esencialmente autodidacta

Michelangelo Merisi nació el 29 de septiembre de 1571 en el pueblo lombardo de Caravaggio, situado al norte de Milán, topónimo del que adoptó apellido para su carrera artística. Su padre, Fermo Merisi, era arquitecto y mayordomo del noble local, el marqués de Caravaggio. Tras la muerte de su progenitor cuando contaba Michelangelo con sólo once años fue enviado a Milán para convertirse en el aprendiz de un mediocre maestro local llamado Simone Peterzano. Todos sus estudiosos coinciden en que los conocimientos pictóricos que Caravaggio demostró a lo largo de su fértil obra estuvieron vinculados a una formación esencialmente autodidacta. Esta condición individualista estuvo acentuada gracias a que el pintor “refutó todos los tópicos, contradijo de forma desafiante los modelos de formación, patronazgo e incluso práctica artística que se esperaba de un artista de éxito”, dejó señalado en su ensayo sobre el lombardo Andrew Graham-Dixon.

Paralelamente al alboreo de su carrera artística Caravaggio empezaría en su adolescencia a implicarse peligrosamente en el submundo milanés. La ciudad lombarda tenía la reputación de ser muy violenta a finales del siglo XVI, al punto de que entre sus vecinos predominaba una atmósfera de gran inseguridad pública. La fama lo justificaba el crecimiento vertiginoso de asesinatos cometidos intramuros de la ciudad durante las décadas de 1580 y 1590 y que sus calles estaban infestadas de miríadas de vagabundos, expresidiarios, proxenetas y prostitutas.

Los usos y costumbres de la época que abrigaron la existencia del artista potenciaron indefectiblemente su carácter violento

Los usos y costumbres de la época que abrigaron la existencia del artista potenciaron indefectiblemente su carácter violento. En aquellos tiempos si un joven deseaba impresionar debía demostrar una gran aptitud para la lucha, destreza que guardaba el mismo rango a la hora de destacar que el vestir con ropas elegantes. Es más, manejar con pericia la espada formaba parte de un código intangible de habilidades y valores que estaban recogidas en las palabras italianas virtù y nobilità.

Caído bajo el influjo de esta atmósfera el pintor tuvo forzosamente que abandonar Milán cuando contaba veintiún años. Según confirma Giovanni Pietro Bellori, otro de sus biógrafos, Michelangelo “al ser turbulento y pendenciero huyó debido a ciertas peleas”, tomando rumbo a Roma, entonces el centro mundial del arte, sin haber pintado todavía un solo cuadro. Caravaggio llegó a la ciudad eterna huérfano y sin dinero. La única ayuda que tenía al llegar a Roma era una recomendación escrita por su antiguo maestro Peterzano al pintor manierista Giuseppe Cesare rogándole que acogiera a su aprendiz. Gracias a esta misiva pronto trabajaría con su nuevo maestro terminando las obras que éste bosquejaba pero recibiendo una remuneración insuficiente con la que poder subsistir. Acuciado por la necesidad se cree que Caravaggio llegó a gestar en esta primera etapa cuarenta pinturas, muchas de ellas autorretratos, el más famoso es en el que se representa como Baco, el dios del vino, lo que no sorprende ya que este pintor siempre fue un pugnaz bebedor. Estas obras llamaron la atención de un marchante de arte, el Maestro Valentino, que compraba cuadros a los pobres para luego venderlos a gente acaudalada por mucho más dinero. Precisamente, uno de sus compradores era un erudito de la nobleza eclesiástica, el cardenal del Monte, que seducido por los primeros lienzos de Caravaggio decidió alojar y mantener al incipiente genio.

Caravaggio se dedicó casi exclusivamente a pintar obras de asuntos religiosos, temática que era la más valorada en la Europa católica

Gracias a la intervención de su mecenas Caravaggio recibió su primer encargo público en 1597: pintar tres cuadros sobre la vida de San Mateo para decorar la Capilla Contarelli de la Iglesia de San Luis de los Franceses. Estas tres obras focalizaron su labor artística entre 1598 y 1601, esfuerzo muy fructifico para el italiano ya que el resultado le granjeó a Caravaggio el cartel de pictor celeberrimus (pintor famosísimo), lo que de facto le supuso empezar a gozar de una holgada economía. A partir de entonces el lombardo se dedicó casi exclusivamente a pintar obras de asuntos religiosos, temática que era la más valorada en la Europa católica. Esta situación devino acrecentada cuando los líderes de la Reforma protestante censuraron todas las imágenes religiosas con el argumento de que contravenían el segundo mandamiento, ‘No utilizarás el nombre de Dios en vano’. Por el contrario, los clérigos reunidos en el Concilio de Trento para combatir el cisma defendieron la utilización de pinturas y esculturas que representaran pasajes de la Biblia o de las vidas de los santos como una herramienta divina para que los pobres analfabetos que abarrotaban los templos pudieran entender fácilmente el mensaje del cristianismo guardado por la iglesia romana.

Caravaggio
Autorretrato de Caravaggio. / cea + (Flickr)

Mientras ocurrían todos estos acontecimientos Caravaggio nunca ocultó su carácter pendenciero ni cambió el tipo de amistades con las que se relacionaba en su etapa milanesa. El famoso historiador de arte del siglo XVII Joachim von Sandrat lo señala al escribir sobre el pintor que “le gustaba salir en compañía de sus jóvenes amigos, la mayoría de ellos individuos insolentes y bravucones que vivían de acuerdo con el lema ‘nes spec, nec metu’ sin esperanza, sin temor”. Asimismo, a nuestros días han llegado varias descripciones de personajes que conocieron al artista lombardo en Roma y que confirman su vitriólico comportamiento.

El pintor Karel van Mander decía que: “cierto Michelangelo Caravaggio está haciendo cosas extraordinarias en Roma… se ha elevado de la pobreza gracias a su aplicación y está aceptando todo con previsión y audacia… Pero al lado del grano está la paja, que su esfuerzo no tiene continuidad. Después de una quincena de trabajo se dedica a pavonearse durante un mes o dos con la espada al cinto y seguido de un sirviente, de una pista de juego a otra, siempre dispuesto a meterse en una pelea o discusión, por lo que resulta intratable. Todo esto es del todo incompatible con nuestro arte, pues Marte y Minerva nunca han sido buenos amigos”.

"No tienen más cuidado que pensar en matar a esta o aquella persona; más propósito que vengar las afrentas que se toman tan a pecho"

“Cada día en cada momento no hablan más que de matar, cortar piernas, romper brazos, aplastar la espalda de alguien. No tienen más cuidado que pensar en matar a esta o aquella persona; más propósito que vengar las afrentas que se toman tan a pecho; más servicio que ayudar a sus amigos ensañándose con sus enemigos, afirmaba en este sentido el escritor Tommaso Garzoni.

Con esta actitud era inevitable que Caravaggio mantuviera una asidua relación con la justicia. Al pintor lombardo le detuvieron en numerosas ocasiones, la mayoría de las veces por portar armas, acción que estaba prohibida en la Roma del papa Clemente VIII. En la ciudad eterna sólo algunos pocos gozaban de tal privilegio siempre que poseyeran un documento especial que debían llevar inexcusablemente encima sino querían atenerse a las consecuencias. Por ejemplo, el castigo estipulado por ir armado con una daga de mango corta era una dolorosa tortura que se ejecutada con una soga en la vía pública, conocida como el strappado.

Para salir airoso de estas detenciones Caravaggio recurrió al cardenal Del Monte. Más adelante, a instancias de su poderoso mecenas, el lombardo poseyó la cédula que le permitía ir armado, razón que no fue óbice para que siguiera buscándose problemas. Una vez fue interrogado por la guardia romana al llevar espada y puñal en una calle de la ciudad y acabó encarcelado. El jefe del destacamento testificó en el juicio celebrado al respecto que “cuando le preguntamos por la licencia nos la dio. Le di permiso para marcharse y le dije ‘buenas noches señor’. Él respondió en voz muy alta ‘vete a tomar por culo’ y entonces le arresté… cuando estuvo atado dijo ‘Tú y todos los de tu clase os podéis ir a tomar por culo’. Así que le mandé encarcelar”.

Fue acusado de estampar un plato de alcachofas en la cara de un camarero, “sin mostrar ningún respeto por el lugar ni por las personas”, según relató un testigo

En 1600 un pintor se quejó de haber sido atacado por Caravaggio, al año siguiente hirió a un soldado y más adelante cuando era famoso y frecuentaba los salones de príncipes y cardenales fue encarcelado en 1603 por agredir a otro pintor, detenido por lanzar piedras a los guardias romanos y acusado de estampar un plato de alcachofas en la cara de un camarero, “sin mostrar ningún respeto por el lugar ni por las personas”, según relató un testigo. En 1605 hirió a un hombre -hecho por el que tuvo que abandonar por un tiempo Roma- al salir en defensa de una prostituta de la que se ha sugerido que podía ser su amante. Asimismo hay suficientes indicios que sitúan al pintor lombardo ejerciendo de proxeneta porque además de tener estrechas amistades con meretrices romanas parece que gestionaba sus clientes.

Caravaggio escandalizó a las autoridades romanas al comprobar éstas que el pintor utilizó de modelo para los cuadros que realizó de la Virgen María ‘La Madonna de Loreto y ‘La Madonna de los palafreneros’ a una prostituta. Pero sólo fue el aperitivo ya que en ‘La muerte de la Virgen’, obra que llegaron a calificar como “lastrada por su lascivia y falta de decoro”, la modelo fue una mujer que había muerto ahogada en el Tíber. La Virgen María mostraba su rostro y extremidades hinchadas, rasgos que presentan los cuerpos exánimes los primeros días tras su fallecimiento. Esto contravenía la tradición de la Iglesia Católica que afirma que la madre de Jesús no murió sino que ascendió directamente a los cielos.

Al artista lombardo siempre le acompañó el rumor de su supuesta homosexualidad. Aunque hay sobrados indicios para afirmar que Caravaggio mantuvo a lo largo de su vida relaciones sexuales con hombres, los jóvenes milaneses de aquella época eran conocidos por su renuencia al matrimonio. Esta condición no significaba que practicaran la abstinencia sexual sino que se negaban a unirse a una sola mujer. Según recoge Graham-Dixon en su extenso ensayo sobre el pintor, la tasa de soltería en la segunda mitad del siglo XVI en Milán alcanzaba casi al cincuenta por ciento de todos los varones. “En Italia el matrimonio estaba considerado un yugo tan pesado que los hermanos competían por ver quién aguantaba más sin desposarse”, señala. Esta actitud no era nueva. El celebérrimo poeta Francesco Petrarca ya defendía en el siglo XIV que el matrimonio era una distracción para el intelecto y una causa potencial de ruina económica.

Caravaggio
'La decapitación de San Juan Bautista', de Caravaggio. / Wikimedia Commons

Caravaggio colmó el vaso de la paciencia de las autoridades romanas cuando el 26 de mayo de 1606 mató a Ranuccio Tommasoni, líder de una banda rival de quién también se ha dicho que fue su amante, durante una pelea a resultas de un lance en un juego de raqueta, aunque otras fuentes sitúan el detonante en un ataque de celos.

"Caravaggio era un individuo pendenciero y a veces buscaba la ocasión de que le abrieran la cabeza o de poner en peligro la vida de otro"

“Michelangelo era un individuo pendenciero y a veces buscaba la ocasión de que le abrieran la cabeza o de poner en peligro la vida de otro. Frecuentaba la compañía de hombres que, como él mismo, también eran pendencieros. Y al final se enfrentó a Ranuccio Tommasoni por cierto desacuerdo en el juego de raqueta. Discutieron y acabaron peleando. Ranuccio cayó al suelo después de que Michelangelo lo hiriera en el muslo y lo matara. Todos los involucrados en el asunto huyeron de Roma”, nos cuenta Giovanni Baglione, un enemigo del lombardo que años antes había denunciado al pintor por difundir poesías difamatorias contra su persona.

A pesar de que Caravaggio era públicamente reconocido por su gran talento, las autoridades romanas condenaron al pintor por asesinato y publicaron un bando capitale contra él. A consecuencia de esta disposición cualquier persona tenía licencia para matar impunemente al lombardo dentro de los Estados Pontificios. Es más, quién acabara con su vida cobraría una recompensa y únicamente bastaba con presentar su cabeza para reclamar el dinero.

En adelante Caravaggio vivió obsesionado con que pudieran cortarle la cabeza, la terminología clínica lo llama síndrome de castración, como infirió en obras posteriores cuando empezaron a frecuentar más en sus lienzos las decapitaciones. Precisamente en ‘David con la cabeza de Goliat’, tercer cuadro sobre el pasaje bíblico que pintó el artista, la cara del gigante filisteo guarda inquietantes similitudes con los rasgos faciales del pintor.

La policía volvió a buscarle tras ser acusado de ordenar la muerte en Roma del pintor Carlo Piamontese, amigo de su enemigo Giovanni Baglione

Caravaggio, gravemente herido, abandonó la ciudad y se refugió por un tiempo en Palestrina, en un lugar seguro habilitado por amigos suyos. Desde allí viajaría a Nápoles en 1607, la ciudad más poblada de Europa y gobernada por España, sin ningún protector y, a pesar de recibir varios encargos, vivió durante su estancia en una situación bastante precaria. En la ciudad mediterránea regresaron sus problemas con la justicia al buscarle la policía tras ser acusado de ordenar la muerte en Roma del pintor Carlo Piamontese, amigo de su enemigo y posterior biógrafo Giovanni Baglione.

Teniendo por horizonte la sombra de un inminente apresamiento el pintor lombardo decidió trasladarse a Malta, conjunto de islas del Mediterráneo en aquélla época propiedad de los Caballeros de la Orden de San Juan. Los miembros de esta hermandad militar gozaban de un tremendo prestigio en el orbe cristiano debido a su enconado batallar contra los turcos durante siglos. En Malta es recibido como un artista célebre al ser nombrado pintor del Gran Maestre de la Orden, Alof de Wignacourt, que le hizo varios encargos, entre ellos, un cuadro donde le retratara.

A pesar de sus ambiguos orígenes el adocenado Caravaggio consiguió ser nombrado Caballero de Justicia el 14 de julio de 1608, cuando para entrar en la Orden con dicho título era obligatorio certificar ser el fruto de varias generaciones con ascendencia nobiliaria. Corta trayectoria la suya ya que es expulsado de la hermandad el uno de diciembre, apenas cuatro meses después.

Según cuenta Giovanni Pietro Bellori, Caravaggio “vivía en Malta con dignidad y abundancia. Más de improviso su turbulento carácter le hizo caer de aquél prospero estado y perder el favor del Gran Maestre. Pues de resultas de una disputa muy inoportuna con un caballero nobilísimo, se vio encarcelado, humillado y atemorizado”.

Caravaggio
'San Jerónimo escribiendo', de Caravaggio. / Wikimedia Commons

El lombardo hirió de gravedad al caballero, afrenta que el hospitalario saldaría más adelante con creces. A pesar de pertenecer a una orden monástica los Caballeros de San Juan eran famosos por su acerada fiereza en el combate. Durante el Gran Sitio de Malta, llevado a cabo por los turcos en 1565, los invasores otomanos conquistaron el castillo de San Elmo, un esfuerzo que les costó a los musulmanes más de 8.000 bajas. Para amedrentar al resto de los defensores del archipiélago los turcos decidieron crucificar a los caballeros que apresaron con vida, dejándolos anclados a los maderos en el mar para que la corriente los transportara a la vista del resto de hospitalarios que estaban acantonados en la fortaleza principal, el castillo de Sant Angelo. Al observar la tétrica estampa el Gran Maestre ordenó cortar la cabeza de todos los prisioneros hechos a los invasores y a modo de proyectil cañonearlas hacia el campo enemigo para manifestar así su impávida determinación de resistir hasta el final, cuando las opciones de contener los nuevos embates turcos si no llegaban refuerzos eran nulas.

A pesar de ser un prófugo de la justicia, preñado con la perenne amenaza de perder su propia vida, Caravaggio sigue pintando en Sicilia obras maestras

Estando bajo celda en el castillo de Sant Angelo Caravaggio logró escapar de su cautiverio y huyó a Siracusa, una ciudad de la costa de Sicilia. De la ciudad portuaria más adelante se trasladó a la norteña Mesina, otra urbe bajo jurisdicción española, donde es denunciado por algunos vecinos escandalizados al percatarse de que el pintor pasaba mucho tiempo en compañía de adolescentes. El lombardo huye de nuevo y se instala en Palermo. A pesar de ser un prófugo de la justicia, preñado con la perenne amenaza de perder su propia vida, Caravaggio sigue pintando en Sicilia obras maestras como ‘El entierro de Santa Lucía’ o ‘La resurrección de Lázaro’.

Al tener constancia el pintor de que el Papa le había exonerado el asesinato de Ranuccio Tommasoni regresa a Nápoles, a la espera del documento pontificio que lo certifique, tras estar fugitivo un año en Sicilia. En su breve estancia en la ciudad mediterránea es objeto de una brutal paliza a las puertas de una taberna llamada ‘Osteria del Cerriglio’, donde, como recogen varias fuentes, ‘triunfa Baco y se rehúye a Venus’, en alusión a la tendencia sexual de sus clientes habituales.

Al salir Caravaggio del local un grupo de hombres armados atacaron al pintor hiriéndole de gravedad y desfigurándole la cara. Para vengar un insulto a la reputación en el código de honor de la época el castigo reservado era cortar la cara al que había realizado la ofensa, acción humilladora que se llamaba sfregiato. Todo indica que el responsable de esta agresión fue el caballero maltés herido por Caravaggio tiempo atrás, ya que, según algunos investigadores han podido constatar, al poco tiempo de acontecer este suceso apareció misteriosamente una capa de pintura sobre el incidente escrito en los cuadernos de la Orden de Malta que motivó un año atrás la encarcelación del pintor.

Caravaggio nunca llegó recuperarse del todo de esta afrenta; lisiado y medio ciego por las heridas desapareció en el limbo de una gran convalecencia hasta el punto de que en Roma corrió el rumor de su muerte.

El pintor gravemente herido llegó a rastras y envuelto en la vesania a Porto Ercole, donde falleció tres días antes de que llegara de Roma el perdón papal

En julio de 1610 Caravaggio estaba lo suficientemente repuesto de las heridas como para viajar de polizón en un barco que iba de Nápoles a Roma. En la nave es atacado sin motivo aparente por un marinero que lo dejó tan malherido que tuvo que bajar del barco en Palo, llegando a rastras y envuelto en la vesania a Porto Ercole, donde falleció el 15 de julio, tres días antes de que llegara de Roma el perdón papal.

El cuerpo abandonó la vida de Caravaggio pero su alma quedó sellada ad eternum a una obra pictórica que sigue alumbrando a los artistas de nuestro tiempo. Uno de sus deudores es el mito vivo del celuloide Martin Scorsese quién siempre reconoce que varias composiciones del pintor le han servido de modelo a la hora de rodar escenas en películas suyas de la enjundia de ‘Malas Calles’, ‘Taxi Driver’ o ‘La última tentación de Cristo’.

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