‘Cuando dejes de quererme’: quijotes frente al duopolio del cine en España

Cartel anunciador de la película 'Cuando dejes de quererme'
Cartel anunciador de la película ‘Cuando dejes de quererme’, de Igor Legarreta. / Begin Again

Para rodar un buen thriller hace falta, primero, un buen guión. Un texto original, bien dialogado, sin que se le noten las costuras, con los giros a su debido tiempo, con las subtramas bien expuestas y sin que se coman a la principal, con un buen final… Primera sorpresa: Cuando dejes de quererme no está escrita por su director (lo habitual en nuestra “industria”), sino por tres guionistas. ¡Milagro! El resultado se resume en un adjetivo que ya han usado algunos colegas: solvente.

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Y esa solvencia tiene que ver con no tomar el pelo a la gente o tratarla como a lerdos. En fin, lo que era El guardián invisible (también rodada en el norte y entre bosques):  un espantoso bestseller de partida (trilogía Atresmedia al canto), vergonzosa construcción de personajes, giros ridículos, malos diálogos, carencia de humanidad y de veracidad, bochornosa dirección de actores… ¿Sigo?

No es este el caso. Cuando dejes de quererme, rodada entre España y Argentina y con una producción impecable, te engancha desde el principio y sale airosa en un género tan complejo como el policial. La película nos habla de Laura, que vive en Buenos Aires con su padrastro Fredo. Su infancia se truncó en Euskadi, abandonada por su padre. Bueno, eso es lo que ella creía hasta que descubren el esqueleto de su padre enterrado en un bosque. Su cráneo tiene un disparo en la nuca. ¿ETA? ¿Rencillas personales? ¿La guardia civil? No les cuento más porque ya saben que a mí no me van los spoilers.

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Solo a una panda de vascos se les ocurre escribir y rodar un thriller en el que la tierra manda, te tira aunque te hayas ido hasta Argentina sin padre, sin patria. Y lo hacen con una estructura compleja pero eficaz, porque los saltos en el tiempo si no se hacen bien pueden cargarse la película. Y en esta funcionan y en ellos aparece el siempre tremendo Antonio Dechent, haciendo de picoleto cabrón.

Pero la que realmente destaca es la joven actriz Flor Torrente. Se cree su personaje y lo defiende bien con un momento de catarsis en una lluviosa carretera que llega a emocionar. Y junto a ella el siempre eficaz Miki Esparbé, el reciente ganador del Goya Eneko Sagardoy y Eduardo Blanco, perfecto como contrapunto cómico, un personaje humano que ayuda a que la película, tan negra y asfixiante, respire.

El responsable de la dirección es Igor Legarreta y su trabajo detrás de la cámara no parece de director novel. Buena planificación, excelente creador de atmósferas, eficaz director de actores… Volvemos al adjetivo de marras: Legarreta es un tipo solvente.

Como ha escrito Andrea G. Bermejo en Cinemanía, la sombra de la fabulosa El secreto de tus ojos, de Campanella (con quien Blanco trabajó en El hijo de la novia y en Luna de Avellaneda), es alargada. Aunque no llegue a sus grandes logros, aquí también se apuesta por mezclar lo siniestro con lo humano. Y se agradece mucho.

En el apartado técnico destaca el trabajo del compositor Lucio Godoy y el del excelente director de fotografía Imanol Nabea. Este ha sido su debut como jefe de equipo tras trabajar en el departamento de cámara durante 23 años y con conocidos directores vascos como Julio Medem, Bajo Ulloa, Daniel Calparsoro, Álex de la Iglesia, Imanol Uribe o Pablo Berger. El resultado es… Sí, han acertado: solvente.

En definitiva, una película elegante y que se atreve con el policial. Un film abiertamente comercial y que se enfrenta sin complejos a los gigantes, ese duopolio que se está cargando el cine español con películas sin alma, hechas como churros.

Lo mejor: las localizaciones y el gran reparto, secundarios incluidos.

Lo peor: la innecesaria subtrama amorosa y el título. Tiene mucho sentido, pero quizás merecía algo más contundente para un thriller.

El plan B:

Llega lo nuevo Guillermo del Toro con una barbaridad de nominaciones a los Oscar. La cosa se llama La forma del agua y es una película que insiste en la obsesión del mejicano con la realidad y la ficción (la película es un cuentito).

El resultado es otra película de Oscar sobrevalorada y mediocre (menuda colección la de este año…). Este disparate va de la lucha de los débiles contra los malos malísimos. Los débiles son la muda protagonista, su amigo gay y sensible y una compañera negra muy redicha. El malo es Michael Shannon: violento, machista, racista… Un cuadro. En resumen: un puré de La mujer y el monstruo, Amelie e Hijos de un dios menor y todo mal mezclado. Ah, y tiene una escena en blanco y negro que parece sacada de una comedia de Mel Brooks. Tremenda.

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