Feminismos: una mirada desde la sociología

  • Mª Jesús Miranda y Begoña Marugán publican un libro de máxima actualidad para entender dónde nace la violencia contra las mujeres

Mira tú por dónde los feminismos no han muerto sino que más bien se les espera en cada rincón, en las plazas, en las calles pero también -sólo faltaría- en la escuela, en la academia, en la universidad. A pesar de las resistencias de quienes se han servido de las mujeres para su beneficio personal, la mitad de la humanidad a lo largo de los siglos, las mujeres van demostrando su realidad de ser humano, digno de respeto y con derechos idénticos a los de los otros habitantes humanos del planeta.

A pesar de que las mujeres llevan batiéndose el cobre desde el siglo XIX todavía queda por delante un camino que da vértigo mirar si no es gracias al impulso que conceden los éxitos obtenidos. No por graciosa cesión masculina, por cierto, sino por la lucha sin cuartel de las mujeres. Aún hay que insistir, pero no importa, se seguirá insistiendo hasta donde haga falta.

El libro que han escrito las profesoras Miranda y Marugán, publicado por Ediciones Complutense (2018), es un magnífico recorrido histórico hasta nuestros días, de las aportaciones de autoras feministas a la sociología, tradicionalmente impermeable a la realidad de una mitad entera de la población mundial, con lo que las más firmes verdades de los padres de la sociología se ven más temblorosas que un flan de huevos.

Feminismos recoge cómo los padres de la sociología han tratado a las mujeres, casi siempre pasando, y en ocasiones, con una condescendencia escandalosa. Cómo la Revolución Francesa olvidó incluir a las mujeres en la proclamación del Ciudadano y, después, el Siglo de las Luces negó que ellas tuvieran de eso, luces. Así que a las mujeres se les negó por ley instruirse para trabajar, ya que tal cosa estaba reservada a los varones, y así siguiendo hasta que las guerras mundiales pusieron a las mujeres en las fábricas y otros puestos mientras que los varones se fueron a matarse unos a otros para solucionar los problemas del mundo.

Y sabemos que a la vuelta de los supervivientes, ellas volvieron al dulce hogar, a ser cuidadoras y servidoras, como siempre han sido y siguen siendo. Ni el Movimiento Obrero ha sido capaz de hacer justicia con las mujeres, con lo que éstas siguen cargando con la mochila del cuidado de la prole y otras personas, la historia en contra, los prejuicios, el retraso al acceso a la formación…

Así que ha habido que convencer al mundo de la importancia política que tiene la diferencia de los sexos, de la aportación ingente de trabajo sin remuneración que hacen sistemáticamente las mujeres, del que todos –ellos y ellas- se benefician. De la irrupción del llamado “impacto de género” en los proyectos públicos, dada la evidente inequidad de varones y mujeres en el mercado de trabajo, entre otros “mercados”.

Portada del libro/ Ediciones Complutense
Portada del libro/ Ediciones Complutense

El libro, muy documentado y con citas ilustrativas, se detiene en las autoras más conocidas, casi todas anglosajonas más Simone de Beauvoir, y hace justicia con las españolas, especialmente, María Angeles Durán, Amelia Valcárcel, Celia Amorós y tantas otras.

Pero no se trata de un libro de mujeres, es un libro que aclara muchas dudas del desarrollo de la sociedad occidental, busca y encuentra el origen de la violencia machista, o de género, si prefieren, e ilumina los oscuros rincones apestosos de la Sociología para airearlos y expulsar los malos olores.

Como dice el afamado sociólogo, Richard Sennett, y destacan las autoras en el capítulo de la sociología de los cuidados: “Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad”.

Por mucho que la portada no invite, y que el libro merezca ser texto fundamental en facultades del ramo, yo sí les invito a que agarren este libro y lo lean en la playita, o en el campo, a la sombra y con un tinto de verano, si es posible. Asombra la cantidad de oscuridad que iluminan estas páginas. Vale saltarse las más académicas, dedicadas a gente dedicada al estudio más profundo de la materia; pero ésas sólo son unas pocas.

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