Rebeca Lane: “El hiphop es el único género donde las mujeres estamos organizadas”

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Rebeca Lane (Ciudad de Guatemala, 1984) es la pura expresión del rap feminista. Su música es política y de resistencia. Canciones como Libre Atrevida y Loca o Ni una menos forman parte de la banda sonora de un movimiento de mujeres que recorre las venas del continente americano. La fortaleza y la contundencia de sus letras nacen de la necesidad de expresarse desde Centroamérica, una región azotada por la violencia donde es peligroso ser mujer. De formación socióloga, la guatemalteca se explaya al analizar a realidad político-social de su territorio o el papel de las mujeres en el hiphop. Nos encontramos con ella en la Casa Encendida (Madrid). Ha venido aquí a hablar de feminicidio junto a otras intelectuales y activistas en un evento organizado por la Asociación de Mujeres de Guatemala.

– Su tía, guerrillera y poeta, fue desaparecida por el Ejército guatemalteco en 1981, en la guerra civil. ¿Cómo marcó esto su vida y su carrera artística?

– Las familias que tenemos una desaparición forzada vivimos con una herida muy fuerte que no logra sanar. El crimen de la desaparición es muy distinto al de la ejecución porque tiene la intencionalidad de crear una ausencia, que dura toda a vida. Aquí también hay mucha desaparición forzada, así que quizás también les pueda interesar. Esa ausencia, producto de una injusticia, fue lo primero que me impulsó a hacer feminismo político. Ese terrorismo de Estado buscó generar ausencias de ciertas personas. En Guatemala hubo 45.000 desapariciones forzadas que tuvieron como fin ser ejemplarizantes para el resto.

– ¿Su interés por el rap tiene que ver con que su tía fuera poeta?

– La verdad es que no. Mi familia siempre ha tenido mucho amor por la literatura. Siempre se nos ha facilitado el acceso a los libros. Yo leo libros desde que tengo seis años, imitando a mi papá o a mi mamá, que siempre estaban leyendo. También tengo primos y primas que realizan actividades artísticas.

– ¿Y cuándo entendió que el rap era el canal por el que podía expresarse?

"El hiphop le da voz a una generación que viene del desplazamiento de la guerra"

– El hiphop en Guatemala surge en entre 2002 y 2004, con la primera generación entre el final de la guerra y la firma de los acuerdos de paz. Las grandes movilizaciones entonces tuvieron más que ver con la cultura que con un movimiento político. El hiphop le da voz a una generación que viene del desplazamiento de la guerra, que sufre violencia estructural, que sufre estigmatización. Yo trabajé con un grupo de jóvenes en uno de estos asentamientos: eran 60.000 personas y no tenían ni siquiera un centro de salud. Esa es la realidad de miles de asentamientos, abandonados completamente por el Estado. En el centro de la ciudad me topé con jóvenes que estaban en alguna movida política o artística y coincidí con el hiphop. El hiphop fue el primer espacio al que llegué donde no tenías que fingir ser alguien que no eras y quería ser parte de eso. Yo estuve un tiempo de voluntaria y facilitadora de espacios, hasta que ocho años después empecé a rapear.

– El rap es territorio de hombres. ¿Cómo fue, como mujer, empezar a salir al escenario?

– Lo que me llevó a tomar un micrófono fue ver a otras mujeres haciendo rap. En 2012, cuando empecé a cantar, ya existía un grupo de diez o doce raperas. Yo tenía escritas algunas cosas y no me había atrevido a compartirlas. En un programa de radio que yo organicé solo para mujeres, me sentí segura y empecé a rapear. Fue la salida del closet para mi. El estar acompañada por otras mujeres me hizo dar ese paso. Las mujeres somos minoría dentro de la cultura (hiphop), sin embargo, somos numerosas. Siempre argumentan que no hay o no hay calidad en lo que hacemos, pero hay condicionantes estructurales que han provocado que las mujeres no hayan desarrollado la técnica al mismo nivel que lo que pueden desarrollar los hombres, como tener que salir a lavarle la ropa a los hermanos o cuidar al hijo porque el padre está ausente. El hiphop no se inventó el machismo, sino que también lo podemos ver en el rock, en el reggae o en el jazz. Es decir, el machismo está en todas las escenas culturales. Pero sí hay algo que no veo en otro género musical: en el hiphop las mujeres estamos organizadas y estamos que hablando de nuestros propios temas.

– Al hilo de lo que comenta sobre las mujeres en la cultura hiphop, en América Latina hay un movimiento muy fuerte de mujeres raperas. ¿Por qué surge ahora y no en otro momento?

"Mujeres que cantaran sobre estos temas ya había antes, pero no había un movimiento que las apoyara"

– Hemos encontrado una puerta muy grande, que es el apoyo de los movimientos feministas y de mujeres. Mujeres que cantaran sobre estos temas ya había antes, pero no había un movimiento que las apoyara. 2012 es un año muy importante porque el feminismo empezó a apoyar nuestra música como una manifestación más. Desde entonces hay muchas chicas que rapean sobre estos temas y ya tienen quien las apoye. Esto tiene que ver con el crecimiento de un feminismo más urbano, mestizo, de capas medias-bajas que ha permitido que haya un consumo de nuestra música, que hagamos un concierto y paguen la entrada para ir a vernos o que saquemos un disco y nos lo compren. Ha sido una onda de economía feminista. Aún así es difícil porque por muy urbanas y mestizas que seamos no somos privilegiadas, y a la mayoría de mujeres privilegiadas no les interesa el feminismo.

--Ahora que menciona el feminismo de las mujeres privilegiadas, su música formó parte de la banda sonora del 8M aquí en España... ¿Qué piensa sobre la movilización masiva en España de mujeres blancas con ciertos privilegios?

"El feminismo occidental es muy individualista"

– Sigo a varias compañeras que son latinoamericanas y viven acá y a mí me han parecido muy importantes las demandas que ellas tienen. Me ha sorprendido que dentro de ese mismo feminismo se les haya dicho que no es el momento de hablar de sus demandas porque eso causa división. En Guatemala se hizo eso con el movimiento indígena y el de las mujeres. Desde el punto de vista del privilegio es muy cómodo decirle a la gente que este no es el momento de dividir. Bell Hooks tiene un libro muy bonito que se llama El feminismo es para todos y analiza cómo el feminismo blanco y burgués de los 80 logró llevar a ciertas mujeres a posiciones de poder, pero como solo ellas accedían a eso, en el momento en el que lograban la igualdad, ya no siguieron luchando por los derechos de las mujeres negras, latinas o migrantes. El feminismo occidental es muy individualista y, que una mujer con pasaporte europeo venga a decir que sus demandas no son importantes, me parece profundamente racista.

– Tiene un proyecto de empoderamiento femenino a través del rap que se llama Somos Guerreras. ¿Cómo se puede emancipar a través de un movimiento cultural?

– El proyecto Somos Guerreras es un proyecto que hemos desarrollado a nivel de Centroamérica y México. Están también Audrey Funk, mexicana que ahora vive en EEUU y Nakuri, de Costa Rica. Hemos hecho es una serie de viajes alrededor de Centroamérica y México y damos charlas, conciertos o hacemos festivales dentro de la cultura hiphop. En 2016 hicimos un gira desde Panamá hasta Ciudad Juárez en la que entrevistamos a mujeres dentro de la cultura hiphop: bailarinas, gestorias, djs... También estamos empezando a gestionar nuestra carrera como raperas unidas. Hace dos semanas lanzamos nuestro primer vídeo como 'Somos Guerreras' y estamos trabajando en un pequeño EP. En junio y julio vamos a tener una gira en Europa.

– Algunas de sus letras reflejan realidades muy duras. En la canción Ni una menos dice: “cinco mujeres hoy han sido asesinadas y a la hora por lo menos 20 mujeres han sido violadas. Esto que solo es un día en Guatemala, multiplícalo, y sabrás por qué estamos enojadas” ¿Por qué se da esta violencia tan brutal contra las mujeres en Centroamérica?

"En nuestros territorios ha habido guerras donde los cuerpos de las mujeres han sido utilizados como un mecanismo más del genocidio"

– El Salvador, por muchísimo tiene la tasa más alta de Latinoamérica. Guatemala está en el 2,6 asesinatos de mujeres por cada 100.000 habitantes. En El Salvador estamos hablando de un pequeño país donde la tasa es de 10,2 millones por cada 100.000 mujeres. Somos territorios que recientemente han tenido guerras donde los cuerpos de las mujeres han sido utilizados como un mecanismo más del genocidio. Se ha dado la violación, la esclavitud sexual o que sacaran los fetos a las mujeres embarazadas. Esos mismos partidos que lo justificaban son los mismos que ahora dicen que el aborto no debe ser legal porque hay que salvar las dos vidas. La vida del niño vale la pena mientras no sea el niño de una mujer indígena subversiva.

La violencia ha sido utilizada desde los Estados y los ejércitos y tiene que ver con el colonialismo porque, por este motivo, en Guatemala y el Salvador un 80% de la población está en situación de pobreza. Hoy en día el colonialismo no ha terminado: empresas extranjeras, canadienses y estadounidenses que llegan a quitarnos el territorio, a criminalizar las luchas de los pueblos indígenas y provocan el desplazamiento de pueblos. En esa violencia social las las personas más afectadas son las más vulnerables: niños, niñas y mujeres indígenas.

-- Y en este contexto de violencia extrema que analiza, ¿cómo se viven identidades y orientaciones no normativas?

--Yo me identifico como bisexual, aunque actualmente estoy en una relación heterosexual. Ahora no tengo miedo porque sé que a mí pareja la puedo tomar la mano, tenemos derechos, nos podemos casar. La ley nos ampara. Pero en nuestro país el resto no tiene derechos sexuales y reproductivos. Tenemos un cuñado que es trans y no se ha ido a hacer un Papanicolau –citología-- porque tiene miedo. Un amigo nuestro que es gay, tenía un problema de próstata y el primer urólogo al que vio lo trató con desprecio, ni siquiera lo quiso tocar para hacer un examen. Vivimos unos niveles de discriminación absoluta, para toda la población que no es heterosexual o que no se identifica con ser hombre o mujer. Hay asesinatos por odio, transfeminicios o violaciones correctivas para mujeres lesbianas.

-- Son algunos de los temas de los que habla en sus canciones. ¿Para qué cree que sirve su música?

-- Lo que más me gusta es que, sin haberlo pensado, hemos creado un espacio para ser felices un ratito. La gente sabe que si va a algún concierto de alguna de nosotras va a estar bien, que va a haber un grupo grande de personas que nos cuidamos unas entre otras y que hemos llegado a ese espacio para cantar, para reivindicar y para bailar. En este contexto de violencia, reclamar un espacio para ser felices es un acto profundamente revolucionario. Sabemos que nos pueden matar o que no tenemos acceso a salud, pero por lo menos tenemos estas dos horas que dura una fiesta o un concierto. Me parece muy valioso, muy bonito, eso de dar un espacio a chicos, chicas y chiques con una música que hable de nosotras, de nuestra fuerza y resistencia.

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