Victor Cabaco: “Lo que acojona de las grabaciones policiales es que son reales”

  • "La producción está dentro de las cadenas, es muy difícil hacer cine político en España, no interesa", apunta el director del film 'Vitoria, 3 de marzo'

“La matanza del 3 de marzo” sucedió en 1976 en Vitoria. Fue a las cinco y diez de la tarde en la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio obrero de Zaramaga. En ella se congregaban 4.000 trabajadores que sufrieron los gases, las pelotas de goma y el fuego real de la policía. Murieron cinco personas: Pedro María Martínez, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo y Bienvenido Pereda.

Como en tantos casos de la “modélica Transición”, los hechos quedaron impunes, nadie fue investigado ni llevado ante un juez. Aquel infausto día, el fundador del PP, Manuel Fraga, era el ministro responsable de las fuerzas del orden, pero se encontraba en Alemania cuando ocurrió la masacre. Le sustituía en sus funciones Adolfo Suárez, entonces Ministro Secretario General del Movimiento.

Ahora llega a los cines Vitoria 3 de marzo, película que rememora aquellos espantosos sucesos y esa época tan oscura para las libertades y para la clase obrera. La ha dirigido Víctor Cabaco, con el que hablamos para cuartopoder.es

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— ¿Cómo nace la idea de rodar un suceso silenciado en el cine durante 43 años?

— Hemos tardado cerca de 8 años en levantar la película. La productora Sonora Estudios y varios productores ejecutivos pensaron que había que rodar esta historia, nunca retratada en el cine. Empezaron a mover el proyecto para ver su viabilidad y encontraron a mucha gente interesada. Pero encontrar el dinero fue complicado.

— Y más tratándose de cine político, algo que rehuye el cine español actual.

— Eso es. Por eso es un proyecto de mucho tiempo. Luego entró ETB y el Gobierno Vasco y otras productoras y acabaron de montar el proyecto.

— ¿Cómo fue el proceso de guión, de Hector Amado y Juan Ibarrondo?

— El suyo fue un trabajo muy laborioso, se rehízo el guión hasta siete veces. También los actores cambiaron cosas de sus personajes antes de rodar.

— Hablando de actores, la película no cuenta con estrellas o caras conocidas. ¿Cómo te planteas el casting?

Fotograma de 'Vitoria 3 de marzo'. / Madavenue

— Me ofrecieron actores conocidos, pero buscaba que fuesen buenos actores y no muy conocidos para darle realismo a la película. Para darle más verosimilitud no quería caras famosas porque te sacan de esa realidad que quieres plasmar. El de casting fue un trabajo de muchas pruebas a muchas chicas y chicos.

— No os os centráis solo en el suceso histórico y apostáis por tramas amorosas. ¿Por qué?

— No queríamos acercarnos al documental, Vitoria 3 de marzo es una ficción. Teniendo ya los datos de cómo eran las manifestaciones, las asambleas... buscamos un par de historias de amor para articular la información. Para dar emoción, sentimiento, para empatizar con esas tramas antes de llegar al final.

— ¿Con qué presupuesto has contado?

— Con millón y medio de euros para todo, que es poco para lo que contamos. Por suerte conseguimos la colaboración de mucha gente voluntaria que vino al rodaje de las manifestaciones, el final en la iglesia... Tuvimos días de hasta 400 voluntarios, así que las secuencias de acción visten mucho, al verlas parece que teníamos un presupuesto enorme.

— ¿Notasteis el calor de la ciudad de Vitoria, os sentisteis arropados?

— Mucho, fue constante. Se acercaba gente y me decía: “Yo me acuerdo de tal”, o “Yo estaba en tal sitio”, o “Eso no ha pasado aquí, sino en esa esquina”... Pero imagina lo que es hacer una película sobre Vitoria en los setenta, con lo cambiada que está la ciudad. Tiene carril bici, mobiliario moderno, paradas de autobús, nuevos contenedores... Debes hilar muy fino, no puedes rodar en las calles reales.

— ¿Cómo enfocaste el tratamiento de la luz? Habéis mezclado vuestro rodaje con imágenes documentales y a veces no se distinguen unas de otras.

— Tuve una dirección de luz clara con el director de fotografía (Gaizka Bourgeaud). Empezamos con colorido y alegría y fuimos hacia los rojos. Nos planteamos una foto de más a menos color, de forma gradual. Y en este trabajo también era fundamental el equipo de decoración, pintando paredes de forma adecuada, y el de vestuario, con códigos que iban de lo colorido a los colores oscuros.

— ¿De dónde habéis sacado todo el material documental que vemos en la película?

— De archivos del País Vasco y también de un cura que hacía vídeos en Vitoria y nos cedió los derechos de las imágenes. Ya murió.

Cartel de 'Vitoria 3 de marzo'. / Madavenue

— Las grabaciones de los policías son aterradoras y avisas en la película: son las reales. “Hemos disparado más de dos mil tiros, te puedes imaginar cómo está la calle. ¡Muchas gracias! ¡Buen servicio! Hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. Aquí ha habido una masacre. Cambio”.

— Tener eso y no meterlo en la película era imperdonable. Lo que acojona de las grabaciones policiales es que son reales. Y con esas grabaciones y la tensión del interior de la iglesia te crees el agobio de esa gente.

— Manuel Fraga no aparece en la película.

— Tuvimos un Fraga que iba como cierre, pero ralentizaba el final, que va muy arriba. Rebajaba el momento emotivo del final y por eso lo quitamos. Fue una decisión de montaje.

— Vitoria 3 de marzo recuerda lo que era la lucha obrera hace 40 años. En esta protesta pararon colegios, comercios, fábricas... Los obreros pedían jubilarse ¡a los 60! ¿Qué hemos perdido por el camino?

— Eran revueltas obreras, la Transición, todo ese cambio... fue un limbo. Con estos acontecimientos acaba la lucha obrera y fue el último ramalazo de autoritarimo.

— Hablas sin complejo de torturas policiales, pero no las muestras.

— Sí, quise mostrar una violencia más psicológica que física.

— Los créditos finales duran bastante porque hay mucho que explicar. Dices que en aquellos días hubo más muertos que los asesinados en Vitoria.

— Claro, los hubo, fue una lucha obrera muy intensa, cambió los derechos de los trabajadores, lograron grandes avances.

— Tu película es una rareza porque es cine político y sobre una página negra de nuestra historia. ¿Por qué no se hace cine político en nuestro país?

— Hay pocas cadenas de televisión a las que les interese financiar un proyecto como este. Y la producción está dentro de las cadenas, es muy difícil hacer cine político en España, no interesa.