El cerco a las deudas de Malpaso: el historial de impagos de la empresa de Bernardo Domínguez

  • La última denuncia es de la traductora Ana Flecha, que reclama el pago de dos traducciones y un informe de lectura desde mayo y julio de 2017
  • La asociación ACE Traductores, que engloba a los profesionales de la traducción rompió en diciembre de 2016 toda relación con el grupo Malpaso, tras sucesivos impagos

La última denuncia viene de la mano de Ana Flecha, traductora profesional y quien ha hecho posible que leamos en castellano obras traducidas del noruego, como Ahora me toca a mí, de Selma Lønning Aarø. Quienes editan esta obra y otras traducidas por Flecha son Lince Editorial, que pertenece a Malpaso. El grupo Malpaso está compuesto por ocho sellos editoriales distintos y, tras las últimas denuncias, se ha comprobado que no solo se han producido impagos desde Lince Editorial.

Flecha reclama a la empresa el pago de dos traducciones y un informe de lectura impagados por parte de la empresa de Bernardo Domínguez, el empresario mexicano al frente de la editorial, y que debe desde mayo y julio de 2017. Domínguez, por su parte, recibió un aluvión de críticas después de llamar en la tarde de ayer martes “ridícula” a Flecha por exigir “poco menos de 4.000 euros”. Domínguez respondió desde su cuenta de Twitter, algo extraño puesto que no se prodiga demasiado, después de que en 1994 fuera secuestrado en México. A pesar de ello, no dudó en tildar de «sinvergüenza, cobarde e imbécil» a algunas personas que le exigían el pago de los trabajos a la traductora Ana Flecha.

Respuesta de Bernardo Domínguez, de Malpaso, a Ana Flecha, denunciante. / Twitter (https://twitter.com/BDweekly/status/1135907902365900801)

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Como si de una premonición se tratase, la descripción del nacimiento de Malpaso ya pone en antecedentes. En la historia de su nacimiento, se puede leer: Mas ¿qué sería de este oficio si no estuviera su historia trufada por la convulsa épica de los grandes desaciertos comerciales y los estrepitosos fracasos con los que ha ido forjándose la epopeya gremial de los caídos por la pulpa y por su ego? Pero hasta ahí: no sólo de cataclismos vive el libro, y por ello aspiramos –y muy decididos estamos– a llegar a un amplísimo espectro de libreros y lectores… con renovada energía y el omnipresente recuerdo de las lecciones aprendidas en encarnaciones anteriores.

Por su parte, el nombre de Domínguez no está exento de polémica, ni en su haber hay un historial cristalino. Bernardo Domínguez apareció vinculado al blanqueo de dinero de los Pujol, su pasaporte fue retirado y tuvo que prestar declaración: la relación entre Domínguez y los Pujol Ferrusola parte del padre de Domínguez, quien prestó algo más de 6 millones de euros para dos proyectos urbanísticos en los que estaban inmersos Jordi Pujol y Marta Ferrusola. Los dos proyectos fueron fallidos y Domínguez hijo, dueño del emporio editorial, heredó las deudas. Desde Malpaso han negado siempre tener nada que ver con los Pujol Ferrusola.

El impago de trabajos por parte de Malpaso y sus editoriales relacionadas no es nuevo. Tampoco es algo que se niegue desde las entrañas de la editorial. “La empresa sufrió grandes pérdidas por apostar a libros fallidos, ha tenido que reorganizarse y reestructurar todo su quehacer. A todos les pasa”, reconoció Domínguez en un mensaje enviado desde su cuenta de Twitter esta misma semana.

La primera vez que saltaron las alarmas fue con el escritor Galder Reguera, autor del libro Hijos del Fútbol, editado también por Lince Editorial. La obra de Reguera vendió más de 3.000 ejemplares: toda la primera edición. No hubo segunda edición. En julio de 2018, hace casi un año, Reguera lo denunció en su cuenta de Twitter y confirmó que todo el asunto estaba en manos de su abogado. Galder Reguera no había cobrado un euro de esa obra, después de que hubiera sido un éxito. Entonces, el autor informaba de que «Malpaso y Lince no pagan, ni el adelanto, ni la liquidación, ni dan noticias».

Más casos de impagos de Domínguez

Entre 2016 y 2017 el grupo Malpaso creció a ritmo vertiginoso, adquiriendo seis sellos: Jus, Los Libros del Lince, Dibbuks, Salto de Página, Biblioteca Nueva y Barataria. En esos mismos meses, Domínguez daba el paso y abría el restaurante y la librería Malpaso, en pleno Eixample de Barcelona.

Solo unos meses después comenzaban a llegar las críticas de impagos, que se amplían al resto de sellos adquiridos por Domínguez, y que han comenzado a brotar tras el caso de Ana Flecha, que ha actuado de mecha en una situación que ya se encontraba tensa. «A mí me debéis cuatro facturas de Salto de Página por dos mil euros en total desde hace más de un año. Y también está en el juzgado… Mala pinta», denunciaba otro autor esta misma semana.

La ACE se posiciona

La ACE Traductores, asociación que engloba a buena parte de los traductores editoriales en España, se ha posicionado. Cuartopoder.es habla con ACE Traductores. «Al igual que otros afectados, Ana había denunciado una vez más su caso: el impago de dos traducciones y un informe de lectura. El grupo editorial le debe una de las facturas desde mayo de 2017 y las otras dos desde julio de 2017. Después de escribir a la editorial, presentarse allí y recibir como respuesta lo mismo que el resto de afectados, que el grupo no tiene dinero para saldar sus deudas, Ana, al igual que otros profesionales víctimas de impagos, puso el caso en conocimiento de los abogados de la asociación y ha iniciado un monitorio», informan desde la asociación.

La asociación ACE Traductores rompió en diciembre de 2016 toda relación con el grupo Malpaso, debido a que ya en ese momento había tenido noticias de sus socios respecto a incumplimientos contractuales e impagos, y expulsó al grupo de la lista de editoriales -las ocho que ahora mismo figuran bajo el grupo- firmantes de su contrato tipo.

A su vez, desde la entidad, rechazan «cualquier tipo de presión a quienes están haciendo denuncias públicas, reitera a los traductores afectados la disponibilidad de sus servicios jurídicos para reclamar sus derechos y exige al grupo Malpaso regularizar la situación de todos los posibles afectados» y piden al resto de «actores del sector editorial a condenar la existencia de tales prácticas, tanto para preservar el buen nombre del sector como para no exponer a los profesionales a estas situaciones de indefensión».