ESTRENO

‘La boda de Rosa’: correcta Bollaín, enorme Candela Peña

  • Este largometraje es el noveno como directora de Icíar Bollaín
  • La película es un regreso de Bollaín a la comedia con toques de drama como los de ‘Hola, ¿estás sola?’
  • Con esta película, la directora busca espectadores a los que les guste la comedia ligera y ha dejado de lado el drama social para rodar un relato más personal e íntimo

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Tenía que haberse estrenado el 21 de julio, pero sus productores (que han contado con la participación de RTVE, Movistar+ y la televisión valenciana) han decidido hacerlo coincidiendo con el Festival de Málaga. La boda de Rosa, que logró el importe máximo de un millón de euros en las ayudas del ICAA, ha abierto el festival, aplazado por culpa de la pandemia.

Este largometraje es el noveno como directora de Icíar Bollaín, que debutó como actriz en 1983 con El Sur, de Víctor Erice. Tenía quince años y ninguna experiencia y ya destacaba por su desparpajo ante la cámara. La película compitió en el Festival de Cannes por la Palma de Oro, que finalmente se llevó La balada de Narayama. Ese año Bollaín y Erice también coincidieron con Carlos Sura y su película Carmen.

Bollaín tardó cuatro años en volver al cine y lo hizo con películas muy mediocres como Mientras haya luz, de Felipe Vega (con él repitió en El mejor de los tiempos y Un paraguas para tres), Al acecho, de Gerardo Herrero o Doblones de a ocho, de Andrés Linatres. También participó en Las dos orillas, de su tío Juan Sebastián Bollaín, con quien repitió en Dime una mentira. Cierran esta etapa Malaventura, de Manuel Gutierrez Aragón, Sublet, de Chus Gutiérrez, y Venecias y Jardines colgantes, de Pablo Llorca.

El año 1995 fue clave para Bollaín. En él estrenó, como protagonista, Tierra y Libertad, la mejor película sobre nuestra Guerra Civil. Resulta curioso y desconsolador que hayan tenido que ser dos ingleses, el director Ken Loach y el guionista Jim Allen, los que mejor han reflejado la contendida española y en especial las atroces pugnas del bando republicano, finalmente perdedor.

Ese 1995 Icíar Bollaín también se estrenó como directora con Hola, ¿estás sola?, que produjo Fernando Colomo y en cuyo guión participó Julio Medem. La película no tenía excesivas ambiciones, pero resultó fresca y una muestra del talento de Bollaín para la dirección de actores. En este caso de actrices: la floja Silke (que abandonó el cine hace quince años) y la desbordante y tremenda Candela Peña, descubierta por el director de casting Paco Pino, que logró incluirla en el reparto de Días contados.

Bollaín volvió a llamar a Candela Peña para interpretar a la hermana de Laia Marull en el estupendo drama sobre el maltrato Te doy mis ojos, triunfadora de los Goya en 2004 y en la que Icíar Bollaín se hizo con el premio a la mejor dirección, Alicia Luna al mejor guión (con Bollaín) y Candela Peña a la mejor actriz de reparto.

Ahora el trío Bollaín, Luna y Peña vuelve a las salas con La boda de Rosa, retrato de una mujer que es demasiado indispensable para su gente: una hija que regresa con un bebé de Manchester, dos hermanos a los que les supera el trabajo y un padre viudo. Y Rosa manda todo al carajo y regresa al pueblo para reabrir el taller de costura de su madre y lo qué es más excéntrico: para casarse consigo misma en una boda muy especial.

La idea para escribir el guión de La boda de Rosa surgió cuando Bollaín descubrió que en diferentes países mucha gente se casaba sola o en grupo. Poco después, contactó con una bilbaina llamada May Serrano y que organiza bodas en grupo y realiza hasta cursillos prematrimoniales. Fue ella la que le presentó a diferentes mujeres que se habían casado solas y ayudaron a cimentar el personaje de Rosa.

Otra de las mujeres que influyeron en la escritura del guión (y de uno de sus temas: el regreso al medio rural, en este caso Benicasim) fue una mujer que volvió a su pueblo en Andalucía dispuesta a usar un taller familiar para luego vender sus productos por internet.

Aunque su gran éxito de crítica y académico lo logró con el drama, La boda de Rosa es un regreso de Bollaín a la comedia con toques de drama como los de Hola, ¿estás sola?, película con la que se hermana no solo por volver a darle el papel protagonista a Candela Peña, sin por su humor, blanco y discreto.

No empieza bien La boda de Rosa, sus primeros minutos son torpes y demasiado graves. Pero la película mejora pasados esos primero minutos y Candela Peña se hace con ella merendándose al resto del reparto, bastante anodino en general. Y gracias a su mensaje (lo primero es amarse a uno mismo), la película tiene momentos en los que hasta conmueve.

Pero sin Candela Peña no hay absolutamente nada. El trabajo de la actriz, casi seguro Goya (y ya tiene tres), es fabuloso, lleno de verdad, de vida. Nada nuevo en una mujer con un tremendo talento para el drama y la comedia y que nos ha dado trabajos tan admirables como los de Días contados, Sin vergüenza, Torremolinos 73, Te doy mis ojos o la estupenda serie Hierro, cuya segunda temporada ya se está preparando.

No ocurre lo mismo con los actores que la rodean. Nathalie Poza está solo correcta, Paula Usero es bastante limitada, Ramón Barea solo cumple y nunca entenderé qué le ven (en España y en Francia) a un actor tan tremendamente limitado, por no decir malo, como Sergi López.

Con La boda de Rosa Bollaín busca espectadores a los que les guste la comedia ligera y ha dejado de lado el drama social para rodar un relato más personal e íntimo y que afecta a muchas personas, no solo a mujeres. Y en su propuesta no busca la carcajada, sino la complicidad de los espectadores.

El resultado es una película poco novedosa, demasiado convencional y hasta trivial. El trabajo visual es formulario y el guión está demasiado declamado, todo se subraya, el texto no deja al espectador que descubra o intuya lo que le sucede a los personajes porque ellos se encargan de declamarlo a los cuatro vientos. Y lo hacen de forma poco natural.

La boda de Rosa podría haber sido una película con un tono más agresivo, una comedia directa y valiente sobre el peso de la familia y sobre la libertad individual, pero no deja de ser una comedia demasiado amable.

Lo peor: desaborida en lo cinematográfico, no hay un gran cine en ella, su puesta en escena es muy estándar.

Lo mejor: Candela Peña, su impecable factura (la película ha costado más de dos millones y medio de euros) y sus 100 minutos de metraje, que son de agradecer.

Con sus aciertos y fallos, La boda de Rosa es uno de los más destacados títulos del cine español en un año tremendamente pobre y accidentado.

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