‘Pieles’: un truño sideral

Pieles
Cartel de ‘Pieles’, la película dirigida por Eduardo Casanova. / Premium Cine

Eduardo Casanova, conocido por el personaje de niño gay, intelectual y sensible en esa serie donde los actores no paran de gritar, es de los que las lía pardas en las redes sociales. Ya la montó sacándose una foto desnudo con su novio y hace poco publicó lo siguiente sobre su nueva película (por llamar película a esto): “En este país lo único que vale es un heterosexual cachas follándose a una tía en una película, cuando ven algo mío pasan ¡gilipollas!”. “Que asco de país. Aquí nadie valora nada, me he arruinado produciendo mis guiones y ahora nadie me los distribuye”. “Daré las gracias siempre a los que me ayudaron y dentro de unos años me reiré de los que se rieron de mí ¡porque yo voy a seguir escribiendo, dirigiendo y arruinándome para cumplir mi sueño! ¡Dirigir! Y me van a comer el coño todas” (sic).
Este es el nivel del personaje, que en el festival de Berlín dijo que sus películas no eran provocativas, sino que hablaban de su vida, de su casa, de sus preocupaciones… “Para mí todo lo que se ve en Pieles es normal, forma parte de mi normalidad”. Y uno empieza a imaginar entonces qué tipo de vida lleva este muchacho que ha levantado Pieles como un capricho de niño rico y con el respaldo de Alex de la Iglesia y señora (Carolina Bang). Los dos, que aparecen en la ópera prima de Casanova, han respaldado un guión absolutamente demencial y ridículo que no solo es malo, sino que, además, es tremendamente pretencioso.

Tras cortos con títulos tan arrebatadores como Come mi mierda, Casanova mezcla (mal) el cine de Todd Solondz, John Waters, David Lynch o Almodóvar en una película que habla de la fealdad, de la deformidad, de lo monstruoso. Sus protagonistas son una enana, una mujer que tiene por boca un ojete y por culo unos labios, una gorda deforme, una mujer con media cara destrozada, un joven quemado y una prostituta sin ojos. También sale Carmen Machi, tan bella y deslumbrante como siempre. Ya saben: la cara picada, sin maquillaje, pelo aceitoso… todo muy apetecible. Pero vamos por partes:

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El color: Lo primero que horroriza de este bodrio es el tratamiento del color en el decorado, vestuario, fotografía y montaje. Todo en Pieles es rosa o morado porque sí. El morado está hasta en la sopa. Lo digo literalmente: en la película aparece hasta una fuente de sopa de color morado. La apuesta cromática es tan pueril que no sabes si lo que estás viendo es una película o un videoclip de Mario Vaquerizo y sus mariachis. Ese uso tan exhibicionista y obvio del color es letal para la película desde el minuto uno, porque no te crees en ningún momento que estás viendo algo que se parezca, ni de lejos, a la realidad. Y si está planteado como algo metafórico u onírico, no funciona. Se la pega con toda la orquesta.

La realización: Pieles, un mal corto alargado hasta el delirio, está a la altura de su dirección de arte y de su vestuario. Se nota que es obra de un primerizo pretencioso y sin talento visual, una mediocridad que se vislumbra en el uso arbitrario de la cámara lenta, los picados innecesarios, los planos geométricos o la cámara girando caprichosamente sobre el rostro de uno de los personajes. Un atentado contra el cine.

La intención: Provocar. Aunque Casanova lo niegue de forma poco creíble, la película está hecha para escandalizar, pero el pobre no lo consigue. Más que nada, porque no estamos en 1970 y porque su provocación no es ni sugerente ni inteligente. Es barata, zafia. La colección de cosas desagradables es incontable en este horror de película: gente masturbándose ante la foto de una deformada, clientes masturbando a una prostituta ciega, Carmen Machi potando enfundada en un traje de sirena, una gorda practicándose una lavativa y expulsando sus excrementos sobre una bañera… Vamos, que no les recomiendo ir almorzados si están tan locos como para ir a ver esto.

Los cómplices: Además de los citados De la Iglesia y Bang, me entristece que actores como Candela Peña, Secun de la Rosa, Carmen Machi o Joaquín Climent hayan leído este guión (¿lo habrán leído?) y les haya parecido maravilloso. Supongo que lo harán por el cheque o por amistad, pero el ridículo que hacen todos es descomunal.

Los críticos: Si tras ver esto me aguanté el sueño y tuve que recuperarme con un café cargado, ni les cuento cuando leí algunas críticas de la película. El crítico de El Mundo ha dicho que “es melodrama con idéntica vocación que disparate; es rancia con el brillo del más deslumbrante glamur. Es definitivamente, otra cosa. Otros ojos. Otras alas. Ahora toca gritar”. ¿? Edu Galán (Cinemanía) también ha escrito que esta cosa es “una película arriesgada y deslumbrante” y que estamos ante “una de las cimas del último cine español”. ¿?¿?

En fin, allá cada uno con sus delirios y medicaciones. Pieles es cine malo, muy malo, cine de pijos progres que se creen provocadores y lo único que provocan es el bostezo. De lo peor que he visto en mi vida. Un truño sideral.

El plan B:

El discreto actor Ewan McGregor ha debutado en la dirección nada menos que con una conocida novela de Philip Roth: American Pastoral. Demasiadas pretensiones para un debut tras la cámara y para un realizador tan convencional y olvidable como McGregor. Como se suele decir, zapatero a tus zapatos.

La película, bien ambientada y producida y con un correcto casting, se adentra en el texto de Roth de forma errática, centrándose en un problema familiar cuando la novela es mucho más. Y eso que no me considero un gran fan del señor Roth, un escritor que me parece tremendamente sobrevalorado.

Eduardo Casanova (YouTube)