IVÁN REGUERA | Publicado:

Blade Runner 2049
Cartel de ‘Blade Runner 2049’, la película dirigida por Denis Villeneuve, ./ Sony Pictures España

Blade Runner, la original, la adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, nació con mal pie. Su producción fue bastante tormentosa, su rodaje un infierno, las críticas malas y su estreno un desastre porque no funcionó en taquilla. Pero con los años, y gracias al mercado del vídeo, la película se convirtió en un clásico que celebramos en cuartopoder.es con un especial. En él contamos todo lo que rodeó a un hito en su género y del que se han escrito toneladas de ensayos, muchos de ellos filosóficos.

El que sustituye en esta nueva entrega a Ridley Scott, director de la primera, es Denis Villeneuve, autor de esa cosa pretenciosa con chipirones del espacio exterior llamada La Llegada. También, todo hay que decirlo, director de la estupenda Prisioneros, con guión de Aaron Guzikowski.

Villeneuve entró feliz en el proyecto que llevaba cuajando años en el despacho de Scott. Un día, con algunas ideas apuntadas, el director de Alien, que en un principio pensó en dirigir él mismo la película, llamó al guionista Hampton Fancher, que había coescrito el guión original de Blade Runner. Casualidades de la vida, Fancher acababa de terminar una historia corta ambientada en el universo de Blade Runner, algo que le encantó escuchar a Scott, que inmediatamente lo invitó a trabajar con él en Londres.

Tras el OK del estudio (Columbia, aunque la primera es de Warner), se empezaron a construir los espectaculares decorados, maravillosas maquetas gigantes en su mayoría. La película se rodó principalmente en Hungría. Fue en seis decorados y en un plató exterior de Origo Studios en Budapest, en tres decorados de Korda Studios en Etyek y en localizaciones a lo largo y ancho del país. Una de las maravillas que muestra la película es el vestíbulo de un hotel de Las Vegas, recreado en un edificio deshabitado del centro de Budapest, en realidad el mayor canal de televisión húngaro.

Primer pero: el casting de ‘Blade Runner 2049’ es desequilibrado. Lo peor de él es su protagonista. Ryan Gosling no da la talla, es un hombre con una carencia expresiva alarmante. El tipo sigue siendo sosísimo y su química con Harrison Ford nula. Aunque, bien pensado, el hombre hace de replicante. Ana de Armas, Jared Leto y Robin Wright interpretan bien sus papeles. ¿Y visualmente? En ese sentido la película es apabullante, una gozada, de un preciosismo incuestionable. El trabajo del director de fotografía Roger Deakins es magistral (ese desierto anaranjado frente a los neones y los grises de la ciudad) y el del diseñador de producción Dennis Gassneor digna de un maestro en su oficio. El Oscar debería ser suyo.

Pero esta maestría no es trasladable ni al guión, ni a la dirección. Y tampoco a la música. Me parece de auténticos jetas no haber acreditado al gran Vangelis cuando la banda sonora es un plagio descarado de su maravillosa banda sonora para la película del 82. Es alucinante que dos músicos como Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch roben tan descaradamente las ideas de Vangelis. Pero bueno, no es nada nuevo, ocurrió lo mismo en otra producción de Scott (Alien: Covenant, de la que ya hablamos en esta páginas). En ella un caradura llamado Jed Kurzel plagió sin rubor al maestro Jerry Goldsmith. ¿Es tan difícil acreditar a los compositores cuyos acordes has fusilado? No sé, igual que cuando se acredita a un novelista con el rótulo “Guión basado en los personajes de Fulanito”. Es más: en el caso de ‘Blade Runner 2049’, ¿no podrían haber contratado al gran Vangelis directamente?

Vamos con la chicha. ‘Blade Runner 2049’ se desarrolla 30 años después de lo que vimos en la original. El planeta sufre la devastación de lo que fue en su día la naturaleza. Un nuevo Blade Runner, el Agente K (Gosling), desentierra, en una misión que parece rutinaria, un secreto que puede sumir al planeta en un caos absoluto. El hallazgo le lleva a Rick Deckard (Ford), desaparecido durante tres décadas y fugado con la replicante Rachel.

Como he escrito, la película visualmente es la leche, tiene una puesta en escena impecable, apabullante. De hecho, les recomiendo (o les ruego) que no esperen a verla, si la quieren ver, en su casa. Sería un gran error. Yo tuve la suerte de verla, gracias a la gente de Sony, en el pantallón de la sala 6 de los Kinépolis, acompañado de un sonido perfecto y los bostezos de Carlos Boyero en Dolby Surround.

‘Blade Runner 2049’ reutiliza la brillante fórmula narrativa de la película original: la mezcla de la ciencia ficción con el cine negro. Es decir: una peli de detectives con un caso por resolver y de fondo mensajes ecologistas sobre el deterioro del planeta, el cambio climático, la sobrepoblación, las inevitables castas sociales, la ingeniería genética… Pero ‘Blade Runner 2049’ pierde el gran logro de la primera. Me explico: esta película es todo forma (fabulosa) y poco fondo (escaso), ha perdido su reflexión filosófíca sobre la mortalidad. Y lo que es casi peor: la ambigüedad de si el protagonista es o no un replicante, algo que aquí se nos descubre enseguida.

Otro aspecto que no convence es el personaje interpretado por Jared Leto, una especie de Doctor Moreau. La película, además, intenta pero no consigue volver a ese gran dilema entre humanos y replicantes, una creación literaria tan interesante como la de los zombies o los vampiros, los dos muy relacionados también con el tema de la mortalidad, tema que ya se planteaba, de forma gruesa y pretenciosa, en Alien: Covenant. En ella el androide interpretado por Fassbender discutía con su creador sobre ser mortal y también jugaba a ser el Doctor Moreau, personaje que parece obsesionar al señor Scott. En fin, estamos ante lo que ya planteó Mary Shelley con su Frankenstein o Gustav Meyrink con su Golem.

‘Blade Runner 2049’ es visualmente impactante, pero a su vez fría, pretenciosa y larga. Ahora, como siempre, ustedes deciden. Y seguro que la peli arrasa en taquilla. Pero si van a verla, repito: en una buena sala de cine.

El plan B:

Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca tiene algo que ver con ‘Blade Runner 2049’ porque igual acabamos todos como predice la peli de Villeneuve. Diez años después del estreno de Una verdad incómoda, centrada en el cambio climático, este documental nos habla, con una gran producción detrás, de la futura revolución energética que se avecina. Necesaria.

Sony Pictures España (YouTube)

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