Lucrecia Masson: “La colonialidad es la mujer sudamericana que deja a sus hijos para cuidar hijos de blancos”

El cuerpo sigue siendo el campo de batalla. Todos los cuerpos. Negros, blancos, racializados, trans, cis, masculinos, femeninos… Al menos así lo ve la activista transfeminista Lucrecia Masson, que investiga sobre los armazones de carne y hueso desde el punto de vista descolonial.

Esta argentina reivindica sus raíces indígenas, nombra Abya Yala y no América y le pide a España que vuelva la vista atrás y reconozca el saqueo, el exterminio y la violación que costó el imperio español que se estudia en los libros de Historia. Confiesa que colocar el discurso antirracista y anticolonialista junto a otras reivindicaciones sigue costando, incluso en los movimientos más radicales.

Pocos días después de la celebración del Orgullo crítico, Cuartopoder.es se traslada al espacio del colectivo Ayllu, al que pertenece, en Matadero de Madrid para charlar.

— Estuvo en el Orgullo crítico del día 28 de junio, ¿irá a la manifestación oficial del día 7 de julio?

— No, ni siquiera estaba enterada de la manifestación. No formo parte de la propuesta política que reclama lo LGTBIQ y que hace una gran celebración capitalista y de consumo.

— En el Orgullo crítico había una parte de LGTBI racializados, ¿ha costado encajar este discurso en el movimiento?

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“Hay resistencias a la hora de nombrar la blaquitud”

— Ha costado y sigue costando. De hecho, al finalizar la manifestación se quedaron algunos manifiestos sin leer, entre ellos el antirracista, aunque lo leímos igual después por nuestra cuenta. Es un tema sobre el que hay mucha resistencia a nivel de movimientos sociales. Hasta hace un tiempo corto no había un trabajo en España sobre antiracismo, colonialidad, etc.  Ahora estamos en un momento donde el antirracismo está muy fuerte porque el racismo también lo está. Nos encontramos con resistencias a la hora, por ejemplo, de nombrar la blanquitud.

— Ha trabajado mucho con la cuestión del cuerpo, ¿sigue siendo el campo de batalla en 2018?

— Sí, creo que es un lugar privilegiado para la activación política, desde donde partir para hacerse preguntas.

— ¿Cree que hay un intento de comercializar los cuerpos? Incluso, la industria de la moda y de la belleza se han rendido a las tallas grandes.

— Los cuerpos de la modelos ‘plus size’ suelen ser blancos. Hay una construcción de la belleza desde la blanquitud a nivel de rasgos y forma del cuerpo. Suele ser una forma blanca, esbelta, alta… Y sí, también hay un nicho de mercado en las tallas grandes. De repente, algo se convierte en vendible y el capitalismo se actualiza y lo capta. Para mí no cambia nada. Siguen siendo armoniosos, con unos pocos kilitos de más, simétricos…

— ¿Por qué hasta ahora no se ha dado ese debate anticolonialista en España? Muchos creerán que porque no ha habido choques fuertes entre españoles con las personas racionalizadas.

— España es tremendamente racista. Hicimos una manifestación el pasado 12 de noviembre por el asesinato de Lucrecia Pérez, que tuvo lugar en 1992. Hay asesinatos por motivos racistas porque hay un racismo brutal. Es difícil que se den estas discusiones porque de alguna manera u otra eres penalizade y te traerá problemas.

— ¿Como cuáles?

— Señalamientos por una radicalidad excesiva o que se te complique el tema laboral. A veces el racismo no necesita ser explícito y sucede en un plano de lo simbólico.

— ¿Dónde está ese racismo invisibilizado? ¿Cuáles son los problemas a resolver de España en esta materia?

— España tiene que pensar en su historia. El país y su izquierda y su feminismo y su anarquismo tienen que repensar qué formas de actualización hay a día de hoy de la colonialidad, de esas estructuras de poder que se forjaron a base de saqueo, exterminio y violación en las colonias de Abya Yala, que es como nosotros llamamos a América.  Se actualiza la colonialidad a día de hoy en la mujer sudamericana que deja a sus hijos para venir a cuidar hijos de blancos.

Es importante nombrar los beneficios de esa expoliación y saqueo. A veces, nos encontramos con las personas de otros colectivos y siempre surge el “yo no tengo nada que ver”. Les decimos “claro que tú no lo hiciste, pero eres beneficiario de ese sistema y esa violación originaria”.

— ¿Cómo se repara esa deuda?

— Es una tarea que tiene que pensar el conquistador. No sé si las personas migrantes tenemos que dar  esta respuesta. Es como cuando los cisvarones le preguntan qué hacer a las feministas. Empieza por mirarte un poco, en el día a día y en la Historia.

— Hace poco se publicaron las acusaciones de abusos laborales y sexuales sobre las temporeras de Huelva. Ha habido críticas porque las manifestaciones feministas no fueron tan numerosas como en otros casos, ¿lo comparte?

— No me creo el feminismo que dice ‘si tocan a una nos tocan a todas’ porque quedó bien claro con las temporeras de Huelva que no es así. No nos encontramos con una gran movilización del feminismo. Y hablo de “el feminismo” porque si no le ponemos apellido (comunitario, negro…),  hablamos de un feminismo blanco. La pregunta es ¿de qué color tiene que ser esa una y esas todas?.

— O sea que las mujeres migrantes no solo están más expuestas a los abusos sino también más desprotegidas en la respuesta.

— También las mujeres migrantes tienen sus maneras de hacer y sus resistencias. Creo que el feminismo se entiende así mismo como un programa de liberación de la mujer en el mundo. Son lógicas universalistas. No podemos hablar de todas las mujeres. En esta lógica colonial, que se siente en la posibilidad de explicar el mundo entero, hay que decir que lo que opera en un lado no opera en otro. El otro día estaba en una charla de una poeta hondureña y estaban hablando de un movimiento político. Una persona blanca del público se levantó y dijo que había sido cooperante en Honduras y que le pareció muy grave que las mujeres estén en la cocina. La poeta le respondió que pensar de esa manera era una trampa colonial. Las mujeres en la cocina no solo están cocinando. También pueden estar conspirando y tejiendo sus lazos de resistencia y amor.

— También es una activista contra la gordofobia.

“El sistema de peso, tallas y medidas es todo un sistema de control”

Soy una activista de pensar que el cuerpo tiene que ser habitado en toda su disidencia. El sistema de peso, tallas y medidas es todo un sistema de control que opera de manera muy brutal sobre el cuerpo. Me parece importante que tengamos otras vivencias del cuerpo y que sea posible existir en todas las tallas y funcionalidades. Me interesa el cuerpo en su forma y su funcionalidad. Hay cuerpos gordos, enfermos, diversos funcionales… Estos no son tan rentables al capitalismo y reciben todo un adoctrinamiento. Con la gordura pasa y por eso se intenta disciplinar el cuerpo.

— Seguramente no hay ninguna mujer que en algún momento no se haya sentido avergonzada de su cuerpo, sea como sea.

— Sí, en las sociedades occidentales te mandan a que la vivencia con tu cuerpo sea un desastre, que esté condicionada por toda una serie de normas que te mandan ir hacia un futuro en el que vas a ser más guapa, delgada y feliz. El futuro se mete en el cuerpo. Es otra idea colonial de progreso. Es importante cuestionar esa idea de futuro, hay que habitar el cuerpo aquí y ahora.