2018, cuando los pensionistas y las feministas pusieron contra las cuerdas al poder

  • “Fuimos nosotros quienes echamos a Mariano Rajoy”, repiten los jubilados a modo de advertencia en las múltiples protestas que han convocado
  • La movilización de este 8 de marzo volvió a hacer historia, al igual que la del año anterior. Centenares de miles de personas inundaron las calles de 120 ciudades

Parecía que atravesábamos horas bajas en cuanto a movilizaciones en las calles. Mientras debatíamos cuanto influía que Podemos, la fuerza surgida del 15-M, se hubiese “institucionalizado” al entrar en las Cortes y en los parlamentos autonómicos, poco a poco iban llegando otros movimientos con potencia transformadora. 2018 ha tenido dos claros protagonistas en las calles. Uno de ellos es el movimiento feminista, que continuó el camino del año anterior, cuando se convirtió en multitudinario en varios países del mundo. El otro es la protesta de los pensionistas, que en febrero consiguió romper el cordón policial en el Congreso de los Diputados para sorpresa de las propias autoridades y del Gobierno de Mariano Rajoy.

En torno a un millar de jubilados se manifestaban el 22 de febrero en la Plaza de las Cortes, frente al Congreso de los Diputados. Consiguieron parar el tráfico en la Carrera de San Jerónimo y romper el cordón policial hasta llegar a las mismas puertas de la Cámara baja. No estaban solos, sino que miles de jubilados se manifestaban en todo el Estado. Bajo su lema de “el 0,25% es una mierda” reivindicaban garantizar la subida de las pensiones acorde al IPC.

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Una protesta multitudinaria tuvo lugar de nuevo el 17 de marzo. Los rifirrafes entre los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, y la Coordinadora de Pensionistas hicieron imposible una manifestación unitaria. Igualmente el éxito fue atronador: la lluvia no impidió que 15.000 personas salieran en Madrid a clamar por su derecho a “unas pensiones dignas”, mientras que otros muchos miles se manifestaban en otras partes del Estado. Probablemente la marcha más multitudinaria fue la de Bilbao, donde llegaron a congregarse 115.000 personas. Tal y como contamos en Cuartopoder.es, quienes acudieron a esta protesta no recordaban una protesta tan numerosa desde hacía muchos años.

La ira que prendió las calles todavía continúa latente porque, a pesar de que cambió el Gobierno, los pensionistas aseguran que siguen sin haber visto cumplidas sus demandas. “Fuimos nosotros quienes echamos a Mariano Rajoy”, suelen repetir los jubilados a modo de advertencia en las múltiples protestas que han seguido convocando después de la moción de censura.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez y Podemos acordaron que las pensiones subirían en función del IPC en 2018 y 2019 y el Pacto de Toledo también consensuó que de ahora en adelante, se continúe en esta misma senda. Pero los jubilados creen que no son medidas definitivas que aseguren el futuro de las pensiones para todos. Seguirán en las calles si no se acomete “una reforma integral, con debate público y con luz y taquígrafos”, explicó el portavoz de la Marea Pensionista, Domiciano Sandoval, antes de que tuviera lugar la protesta estatal en más de 200 localidades el pasado 15-D.

Manifestación de pensionistas en Bilbao.
Manifestación de pensionistas en Bilbao. / Efe

El feminismo sigue siendo protagonista en las calles en 2018

Tanto las movilizaciones de pensionistas como el feminismo estallaron en un momento de parálisis en el Congreso de los Diputados, cuando el Gobierno de Rajoy se convirtió en el que más iniciativas legislativas había bloqueado en la historia de la democracia. Otro punto en común de ambas movilizaciones bebe de las experiencias de los más mayores. Si los jubilados pertenecen a una generación combativa que se movilizó durante la dictadura, la nueva ola feminista también bebe de la tradición de las anteriores para llevar a la calle sus demandas.

La movilización de este 8 de marzo volvió a hacer historia, al igual que la del año anterior. Centenares de miles de personas inundaron las calles de 120 ciudades en múltiples protestas. La huelga feminista que la acompañó, si bien no paralizó el país — los sindicatos convocaron únicamente paros parciales– sí fue inédita en España y tuvo una repercusión internacional. Ponía encima de la mesa todas las desigualdades: la violencia machista, el abuso, la brecha salarial, la sobrecarga en los cuidados, la discriminación o el techo de cristal. Los malestares se habían catalizado y el hartazgo había explotado en un movimiento que este año se consolidaba como imparable.

También fueron las protestas del 17 de mayo que obligaron al Gobierno de Rajoy a ceder e incluir en los Presupuestos “los 200 millones pactados” en el Pacto contra la Violencia Machista. También fue la movilización contra la sentencia de La Manada que prendió en Pamplona y Barcelona y se extendió por todo el país para pregonar aquello de “no es abuso, es violación”. Las marchas del 25 de noviembre en 40 ciudades volvían a exigir dotación presupuestaria para el acuerdo y condenaban los vientres de alquiler y la prostitución.

Tanto los pensionistas como la feministas han conseguido prender una llamarada que se ha extendido a lo largo de 2018. Al margen de conseguir que sus demandas concretas, que son principalmente la garantización de las pensiones a largo plazo y la ejecución del Pacto contra la Violencia Machista, ambos movimientos se enfrentan a dos principales retos. Los más mayores buscan convencer a los jóvenes de que su protesta no es tanto por sus propias pensiones, que en cierta manera están garantizadas, sino por las de ellos. Sumar a más generaciones en su protesta sería garantía de éxito. Por otro lado, el movimiento feminista necesita espantar los fantasmas de la extrema derecha e imponerse a aquellas fuerzas que buscan su retroceso. El año que entra, para ambos, será determinante.