8-M

Porteadoras en Melilla, con la desigualdad a cuestas

  • Las ONG estiman que cerca de 6.000 porteadoras marroquíes cruzan diariamente la frontera para transportar fardos de hasta 90 kilos a cambio de 10 euros  
  • El contrabando de mercancías mueve entre 1.500 y 2.000 millones de euros y se sirve de mujeres sin recursos para burlar el pago de impuestos en frontera
 

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Para Mariam, Fátima y Hassana todos los días son iguales. No tienen muy claro qué significa 8M ni qué se celebra o reivindica este domingo, Día Internacional de la Mujer; lo único que saben es que mañana les tocará madrugar otra vez para intentar llegar cuanto antes a la cola para cargar con un bulto que pesa entre 40 y 90 kilos y por el que recibirán 10 euros por llevarlo de Melilla a Marruecos. Todo ello tras pasar horas esperando a la intemperie para cruzar el control fronterizo de Barrio Chino.

Estas tres ciudadanas marroquíes son porteadoras, también conocidas como mujeres mula por la carga que soportan a sus espaldas. Hay quien se refiere a ellas como trabajadoras transfronterizas, término que blanquea y esconde las condiciones infrahumanas bajo las que trabajan y que en realidad engloba a otras empleadas marroquíes que cruzan diariamente la frontera hacia la ciudad autónoma para ejercer como limpiadoras, cuidadoras u otros servicios feminizados, precarios, y que en muchas ocasiones realizan sin contrato ni Seguridad Social. El porteo se acaba convirtiendo en una medida desesperada para quienes ya no tienen más opciones.

Equipaje de mano libre de impuestos

El porteo se conoce eufemísticamente como comercio atípico, una actividad alegal que consiste en transportar fardos a cuestas –aunque desde hace un par de años los cargan en monopatines aquellas que pueden permitirse uno– desde España hacia Marruecos. En realidad es contrabando de mercancía que se esconde bajo etiquetas para sacar partido a las peculiaridades de Melilla y Ceuta, ya que la Unión Europea les otorgó un régimen particular y no tienen aduana comercial. De acuerdo con el régimen fiscal de viajeros, se considera equipaje de mano todo lo que estas porteadoras sean capaces de llevar encima en el momento de cruzar la frontera, por lo que no pagan impuestos por esta mercancía.

Así, estos fardos del mismo peso o incluso del doble de las porteadoras son ‘equipaje de mano’ compuesto por ropa usada o a estrenar, artículos de electrónica, productos de limpieza e higiene personal o alimentos perecederos como queso, mortadela o latas de atún, todo ello productos que no se declaran. Estas mujeres ni siquiera saben qué llevan a sus espaldas, simplemente saben que el número del fardo que portan se corresponde con la identificación del comerciante que las espera en el lado marroquí de la valla. 

Sin embargo, este negocio tiene los días contados. El país alauita suspendió el contrabando en Ceuta el pasado mes de octubre y la intención es hacer lo mismo con Melilla, según anunció hace un mes el director general de las Aduanas marroquíes, Nabyl Lakhdar. Hasta la fecha, esta actividad comercial se ha beneficiado de los puertos francos de Melilla y Ceuta con un régimen fiscal especial con un impuesto más bajo que el 21% del IVA del resto de España: el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI), que oscila entre el 0,5% y el 10%.

Porteadora empuja un monopatín con un fardo - Rosa Soto
Porteadora empuja un monopatín con un fardo./ Rosa Soto

El objetivo de Marruecos es romper con esta dependencia comercial y exportar e importar directamente a través de sus puertos recién remodelados de Beni Enzar (entre Melilla y Nador) y Tanger Med (entre Tánger y Ceuta), de ahí que el presidente de la Asociación de Comerciantes de Melilla dedicados a la frontera (Acsemel), Abdeselam Mohamed, alerte de que los beneficios de este sector se hayan quedado en el 30% y teme que vayan a peor. No constan datos oficiales en la administración española de los beneficios que reporta esta actividad económica sumergida, pero de acuerdo con Mohamed, mueve en torno a 1.200-1.300 millones de euros, frente a los 1.500-2.000 que estima Lakhdar. “Dinero que va a las manos de los comerciantes que rigen la política melillense y de la cadena de distribuidores mientras que las porteadoras únicamente reciben 10 euros tras una jornada y unas condiciones esclavas”, señala el portavoz de la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla (APDHM), José Alonso Sánchez.

El peso de la injusticia

La socióloga y doctora en Estudios Migratorios por la Universidad de Granada, Cristina Fuentes Lara, señala en un estudio que el perfil de las porteadoras es variado, son mujeres de edades comprendidas entre los 30 y 60 años, de todos los niveles culturales y con estado civil de soltera, divorciada o viuda, y con dos aspectos en común: son responsables únicas de la economía familiar y tienen el cuidado de personas bajo su responsabilidad. Situaciones que cumplen las tres mujeres que han querido compartir con este diario su día a día y que, de entrada, advierten: “Para nosotras el fin del porteo es sentenciarnos, desde fuera puede parecer indigno e inhumano, desde dentro es el infierno, pero es lo único que tenemos para ganar unas monedas. Es nuestro trabajo y forma de mantenernos a flote. No tenemos más alternativas, ojalá así fuera”.

Mariam es porteadora desde hace 10 años./ Rosa Soto
Mariam es porteadora desde hace 10 años./ Rosa Soto

Mariam tiene 36 años, pero aparenta mucho más mayor. Lleva diez años trabajando como porteadora en el paso fronterizo de Barrio Chino. Diez años desde que su marido la abandonó después de conocer su diagnóstico, un cáncer de mama agresivo por el que tuvieron que amputarle un pecho. Repudiada, con tres niñas pequeñas y sin ningún tipo de formación, el porteo de mercancías de un lado al otro de la frontera se convirtió en su único modo de subsistencia incluso cuando todavía acudía a sesiones de radioterapia. Amigos y familiares la ayudaron con el gasto de las medicinas y el cuidado de sus hijas. “La necesidad, la pobreza y el hambre te mueven para sobrevivir, pero cuando tienes tres hijas y tú eres su único sustento porque estás sola haces lo que sea para mantenerlas y lo das todo para que ellas tengan una vida mejor que la tuya”, relata Mariam, cuya madre, que roza los 70 años, también es porteadora.

Fátima vende dulces a las demás porteadoras para conseguir un extra./ Rosa Soto
Fátima vende dulces a las demás porteadoras para conseguir un extra./ Rosa Soto

La historia de Fátima tiene muchas similitudes con la de Mariam. Ronda los 40, tiene tres hijos y de la noche a la mañana se encontró sola después de que su marido anunciara su divorcio sin darle opción a nada. Todas las mañanas al amanecer ya está en Barrio Chino, espera su turno en la fila hasta que le toca recoger un fardo, lo pone sobre un monopatín y lo empuja hasta el camino que conduce hacia la salida a Marruecos. Las largas colas y la arbitrariedad de la gendarmería marroquí a la hora de permitir el paso permiten a Fátima dejar el bulto y pasearse entre las demás mujeres con un cubo lleno de dulces en un intento de conseguir alguna moneda extra. A medida que avanza la aglomeración tiene que regresar hasta su fardo y empujarlo para no perder su puesto. “No te puedes fiar de nadie, hay quien trata de colarse y pasar por delante para intentar hacer un segundo viaje y conseguir más dinero. A veces te empujan y golpean, luego acabas con moratones, además de dolor de espalda y pinchazos en los brazos”, describe entre lágrimas.

Hassana tiene 54 años y es porteadora desde que enviudó hace 7. /Rosa Soto

La nota de color a este drama la pone Hassana, quien no deja de reclamar una fotografía encima de los fardos desde que ve la cámara de fotos. Es la más mayor e irradia buen humor. Tiene 54 años y empezó a trabajar en el contrabando hace siete, cuando enviudó y se encontró sin pensión. “Con esto puedo sobrevivir, pero cada vez me cuesta más. Al principio llevaba los bultos en la espalda, pero ya no puedo y ahora los llevo en patinete, pero para empujarlo tengo que agacharme y la espalda me duele igual”, explica mientras se ajusta el sombrero. Por si fuera poco, a todo ello se suma la pérdida de visión. Tiene cataratas en el ojo derecho y cada vez ve menos. “No estoy ciega, pero tampoco puedo tratarme y esto irá a peor”, predice.

Estos tres testimonios representan el día a día y el contexto social y personal de las porteadoras. A ello se suman las críticas que lanzan entidades como la Asociación Gran Rif de Derechos Humanos sobre violencia policial, aunque desde la APDHM señalan no tener constancia de ello por parte de las Fuerzas españolas, pero sí por parte de la gendarmería. Malika, una porteadora de 56 años, natural de Oujda, que murió el pasado 1 de marzo de un infarto después de que las autoridades marroquíes le requisaran sin motivo la mercancía que cargaba desde Melilla. Los gendarmes le retiraron el fardo de 40 kilos de almendras y Malika, diabética, aguardó en la puerta del almacén todo el día sin comer con la esperanza de recuperar la mercancía. En los últimos diez años, es la quinta porteadora que fallece en la frontera de Melilla.

A la intemperie

Se estima que 6.000 mujeres como Mariam, Fátima, Hassana y Malika cruzan cada día la frontera de Melilla para portear. De lunes a jueves dejan atrás su pequeña vivienda en algún punto de la provincia de Nador, o incluso de Oujda, y cruzan de madrugada hacia Melilla a través del paso fronterizo de Barrio Chino. Cuando el reloj marca las seis de la mañana ya hay centenares de mujeres que hacen fila en tierra española y esperan en la zona de embolsamiento a que furgonetas y camiones descarguen los pesados paquetes que luego cargarán o arrastrarán hasta la explanada en el lado marroquí donde las reciben otros vehículos para recoger los fardos.

Mujeres esperan a que avance la cola sentadas sobre los fardos./
Mujeres esperan a que avance la cola sentadas sobre los fardos./ Rosa Soto

El horario de apertura del control fronterizo es de siete a doce de la mañana, según la Delegación del Gobierno en Melilla, pero tanto porteadoras como agentes de la Guardia Civil sobre el terreno señalan que el paso de mercancías puede llegar a alargarse hasta casi mediodía en función del cargamento y las trabajadoras que haya, “aunque depende más bien de la decisión arbitraria de los gendarmes marroquíes”. El viernes no se trabaja, es el día del rezo musulmán, y los fines de semana, marcados por el calendario cristiano-occidental, tampoco.

Sea invierno o verano, llueva o el termómetro marque más de 40ºC, las porteadoras no faltan al trabajo incluso estando enfermas, embarazadas, desvalidas o siendo ancianas. Para sobrellevar las inclemencias del tiempo, a duras penas tienen una cubierta de madera al inicio del recorrido del porteo, camino marcado por palés que desaparecen una vez cogen el bulto y comienzan el camino, que cada vez se va estrechando como un embudo, hacia la frontera, y en el que agentes se encargan de separar en grupos a mujeres y hombres para evitar cualquier tipo de acoso. Los hombres se han incorporado en los últimos años a esta actividad tradicionalmente femenina, según señalan desde el Instituto Armado, aunque matizan que ellos siguen predominando en el contrabando mediante vehículos, circuito que cruza la frontera de Farhana.

Realmente no existe una infraestructura que resguarde a estas personas de la lluvia o del sol a pesar de que en más de una ocasión entidades sociales u ONG han reclamado la instalación de toldos para “dignificar en la medida de lo posible el trabajo de subsistencia del que dependen miles de personas”. Para el portavoz de APDHM, José Alonso Sánchez, “los toldos se ponen al ganado, la única forma de dignificar este trabajo esclavo es regulando la situación laboral, las condiciones en las que se ejerce, firmando contratos, Seguridad Social, fijar prestaciones y todo lo que conlleva un empleo de verdad, no la esclavitud”. Ahora bien, otra de las reclamaciones para “mejorar” esta situación es la instalación de un servicio público que permita a estas mujeres ir al baño, ya que no tienen donde hacer sus necesidades o descansar desde que se averió el año pasado el único lavabo que había instalado. 

Mientras políticos y comerciantes de ambos países mantienen un pulso por los beneficios que reporta el comercio transfronterizo y organizaciones no gubernamentales tratan de visibilizar y mejorar en la medida de lo posible la situación de las porteadoras, estas mujeres llevan sobre sus espaldas la lucha por su supervivencia y el peso de las relaciones internacionales de España y Marruecos que se plasmaron con el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación en 1991 para definir la fluidez de las fronteras terrestres entre ambos reinos.

1 Comment
  1. Selvin mejia says

    La señora Nora, sigue bien? Le vi en un documental, y quiero saber que ácido de ella…
    Responder al coreó electrónico

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