La pugna por la Generalitat, la lucha por liderar el movimiento independentista

PUIGDEMONT-JUNQUERAS-EFE
Los cabezas de lista de ERC y JXCat, vicepresident y president del depuesto Govern, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, líderes del movimiento independentista. / EFE

BARCELONA.- Las elecciones del 21-D en Catalunya ofrecían varios frentes de disputa. El principal, el que enfrentaba a los partidos independentistas (JxCat, ERC y CUP) contra los españolistas favorables a la aplicación del artículo 155 y la intervención de la Generalitat (Ciudadanos, PSC y PP). Esta batalla la ganaron los independentistas, que consiguieron 70 diputados, cuando la mayoría absoluta se sitúa en los 68. Las otras disputas se daban internamente en cada uno de estos bloques. En el españolista, Ciudadanos conseguía una abultada victoria frente al PSC, pero sobre todo frente al PP, dejando a Mariano Rajoy en una difícil situación, tiene un firme competidor en la derecha en todo el Estado. Mientras tanto, ERC no conseguía imponer su hegemonía en el movimiento independentista: la lista de Carles Puigdemont obtenía dos escaños más que la de Oriol Junqueras, aunque en votos quedaron muy igualadas.

El movimiento independentista no deberá tener problemas matemáticos para conformar Govern. Les salen las cuentas, aunque la última palabra la volverá a tener la CUP que con sus cuatro representantes en el Parlament vuelven a ser la llave para conformar mayorías. La formación anticapitalista pierde peso político con respecto a la legislatura pasada, cuando tenía 10 diputados, pero sin sus votos no podrá haber un presidente independentista en un primer debate de investidura. La CUP podría endurecer el tono y mostrarse crítica con algunas decisiones del anterior Govern, exigir una materialización de la república, aunque nadie tiene muy claro qué es exactamente eso.

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Las negociaciones entre JxCat, la candidatura del president Puigdemont, y ERC se suceden. Sin embargo, las extrañas circunstancias en las que se han desarrollado estas elecciones convocadas desde Moncloa influyen en todas las decisiones que el movimiento independentista pueda adoptar. Una fecha clave será el próximo 4 de enero, mañana jueves, cuando Junqueras comparecerá en el Tribunal Supremo y argumentará su defensa para salir de la cárcel, donde está preventivamente. Parece difícil que el líder de ERC quede en libertad, pero esto podría ser determinante para la futura composición del Govern catalán.

Sin embargo, desde ERC aseguran que la opción con la que trabajan en las discretas negociaciones con JxCat y PDeCat es que sea Puigdemont quien se postule a president, al ser la candidatura independentista más votada. Pero también le piden a JxCat que aclaren cómo hará para volver de Bruselas y asistir a su toma de posesión como diputado en el Parlament y al debate de investidura. Se da por hecho que, en el momento en el que el cabeza de lista de JxCat pise suelo español, será detenido y enviado a prisión. En ese caso, si Junqueras estuviera libre y Puigdemont detenido o en Bruselas, se le abre la oportunidad al de ERC, lo que no deja de ser una pugna más por el liderazgo en el movimiento independentista.

Y es que, como decíamos, el 21-D estaba en juego también en quién recaía la hegemonía independentista. ERC tenía la esperanza de ser el partido más votado en este espectro político, como ya lo fue en las generales del 2015 y en la repetición del 2016. Las encuestas, además, así lo plasmaban. Sin embargo, la candidatura de Puigdemont se hizo con la victoria entre las opciones independentistas, una suerte de lista de país en la que el PDeCat no tenía mucha presencia orgánica, aunque sí la apoyaba. Una lista que aglutinaba a representantes de la sociedad civil del ámbito independentista. Puigdemont, desde Bruselas, se dirigió durante la campaña directamente a Rajoy. President del Govern frente al presidente del Gobierno. Se llevó el gato al agua frente a ERC, cuyo candidato estaba en prisión desde donde no pudo conseguir ningún protagonista en campaña.

ERC no consiguió arrebatarle la hegemonía independentista al campo neoconvergente, mantenida desde los tiempos de Jordi Pujol, después de Artur Mas y después en JxSí, la candidatura con la que se presentaban conjuntamente Convergència y ERC en las elecciones catalanas del 2015, en la cual tenían mayor presencia e importancia los primeros. El independentismo volverá a estar liderado por la derecha nacionalista catalana. Y, ante este panorama, las tensiones en ERC se empiezan a evidenciar entre los sectores más izquierdistas del partido que verían con buenos ojos una aproximación al mundo de los comunes y los que apuestan más firmemente por la independencia.

Cada vez se escuchan más voces, en medios de comunicación del ámbito independentista catalán y en algunos círculos políticos y sociales, favorables a la creación, a medio plazo, de una fuerza política de unidad nacional que supere las diferencias en el eje izquierda-derecha. Una fuerza que sea el referente de los algo más de 2.000.000 de independentistas que se vienen definiendo como tal en las últimas votaciones. Algo parecido al proyecto JxSí, pero con perspectiva de permanencia. La idea de una lista unitaria ya era defendida por varios sectores independentistas de gran relevancia de cara al 21-D, desde la ANC defendían esta opción. Algo parecido, en definitiva, al SNP escocés, tal y como recoge 'La Vanguardia', que surgió en 1934 con la fusión del conservador Scottish Party y el partido de centro izquierda National Party for Scotland. La indefinición ideológica en el eje izquierda-derecha de esta formación hegemónica en Escocia le ha servido para sumar votantes y apoyos de gente muy diversa.

Son unas primeras voces las que apuntan en esta dirección, las resistencias serían grandes en algunos sectores de ERC, sobre todo. Pero es algo a tener en cuenta, una vez que el independentismo catalán, tras el fuerte choque con el Estado español en el pasado año 2017, tendrá que reiventarse de cara a lograr sus objetivos. De momento, en ERC hablan claro, el objetivo, una vez se consiga formar Govern, es que esta legislatura sea larga, nada de hojas de rutas precipitadas con calendarios de 18 meses como la anterior. El independentismo, tras la tensión de los últimos meses, pone las largas, evita precipitaciones. Aunque la disputa con el Estado y las acciones judiciales pueden cambiar el tablero de juego en cualquier momento. Y en 2019, las municipales. Un nueva partida, una nueva disputa.