RESUMEN / Del conflicto catalán durante los últimos meses a través de la cobertura llevada a cabo por cuartopoder.es

Año 2017: Cuando la tensión explotó en Catalunya

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POLICÍA NACIONAL Y G.CIVIL ACTÚAN PARA EVITAR LA VOTACIÓN DEL 1-O EN COLEGIOS
La Policía Nacional en un instituto de Tarragona. Las cargas policiales ante los colegios electorales marcaron la jornada del 1-O en Catalunya. / Jaume Sellart (Efe)

BARCELONA.- Una crónica anunciada. El 2017 sería el año de Catalunya, el año en el que el Govern de Carles Puigdemont haría todo lo posible para celebrar un referéndum de autodeterminación, el año en el que el Gobierno de Mariano Rajoy aseguraba que no habría consulta, hasta que se celebró el 1-O. En el 2017, hemos visto la paradoja de encontrarnos con una república catalana proclamada al mismo tiempo que una autonomía intervenida, presos políticos, un president de la Generalitat en el exilio y unas nuevas elecciones que dejan un escenario muy parecido al anterior. El año en el que se planteaba un enorme reto para España, el encaje territorial, y el año en el que no se aceptó el reto, se optó por el inmovilismo político, por la confrontación en vez de por el acuerdo.

Ha sido el año en el que la política, el acuerdo y el diálogo entre posturas contrapuestas han fracasado. El conflicto político catalán continúa y, hasta ahora, las únicas respuestas que vemos vienen por parte de los tribunales, no hay creatividad política para encontrar un encaje territorial, una solución política que intente acercar hacia un consenso a unas posturas divergentes cada vez más enconadas. En los últimos meses de 2016, entrevistábamos al vicepresident de la Generalitat, Oriol Junqueras, hoy pasa las navidades en prisión preventiva. Entonces preveía una alianza entre PP, PSOE y Ciudadanos sobre el tema catalán, algo que un año más tarde cristalizaría con el visto bueno a la aplicación del 155 en el Senado, y nos sugería este suculento titular: “España está transitando de un régimen bipartidista a uno unipartidista”.

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Ahora que termina este año 2017 con marcado acento catalán, hacemos un repaso de cuáles han sido los momentos más relevantes que hemos contado en cuartopoder.es. Muchas gracias por habernos leído durante todo este tiempo. Han sido unos meses intensos en los que todo adquiere sentido en la medida en la que nuestras publicaciones han ayudado a dotar precisamente de sentido a unos complejos acontecimientos para nuestros lectores.

Los preparativos hacia la ruptura

El año crucial para el independentismo comenzaba como suelen hacerlo todos los años políticos, con las confrontaciones típicas para llegar a acuerdos que aprueben presupuestos. En esta ocasión, los presupuestos de la Generalitat eran un campo en disputa para los independentistas: el Govern necesitaba el apoyo de la CUP para sacarlos adelante, se debía destinar una partida para el referéndum y, por otro lado, los anticapitalistas recibían presiones para que no apoyara unos presupuestos de corte neoliberal. Finalmente se aprobaron las cuentas el 22 de marzo tras largas y secretas negociaciones. Junqueras había incluido una partida de 5,8 millones de euros para un proceso refrendario sobre el futuro político de Catalunya. La relación entre la CUP y JxSí hasta después del verano fue un verdadero tira y afloja en el que los primeros tensaban la cuerda hacia la desobediencia y los segundos intentaban seguir la hoja de ruta sin dar motivos a los tribunales para que actuaran.

En esta entrevista con el presidente de la ANC, Jordi Sánchez, hoy en prisión preventiva, el dirigente independentista revelaba más de siete meses antes del 1-O que, salvo un uso desproporcionado de la fuerza, se celebraría la consulta. Desde Moncloa negaban la mayor, pero, así fue. Mientras tanto, los procesos judiciales se sucedían, el Tribunal Constitucional suspendía la hoja de ruta hacia el referéndum en febrero, los procesos contra Artur Mas, Francesc Homs, Joana Ortega e Irene Rigau, del anterior Govern de Convergència, por la consulta del 9-N, avanzaban.

Las leyes de desconexión, la ley de la Hacienda catalana, la ley del Referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, comenzaban sus trámites en el Parlament que concluirían en septiembre, en el famoso pleno de los días 6 y 7 de septiembre donde la mayoría independentista, haciendo caso omiso al Consell de Garanties Estatutàries, las aprobaba forzando el reglamento. Mientras tanto, quedaba al descubierto, en comisiones en el Paralament y en el Congreso de los Diputados, parte de la llamada 'Operación Catalunya' urdida desde el Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz contra políticos catalanes independentista. Con el portavoz del PDeCat en el Congreso, Carles Campuzano, tratábamos este y otros temas.

Unos partidos nacen, otros se renuevan

Más allá del proceso independentista, la actualidad política adquiría importancia en consonancia con los procesos internos de los partidos en el ámbito catalán y estatal. El 13 de febrero, Pablo Iglesias se hacía con el control interno de Podemos frente a Íñigo Errejón en Vistalegre II. De ello hablábamos con Vicenç Navarro, el catalán que más apoyos obtenía para entrar en el nuevo Consejo Ciudadano Estatal, en esta entrevista. Por su parte, en abril, se conformaba una nueva fuerza política catalana, Catalunya En Comú, la confluencia de ICV, EUiA, Barcelona En Comú, Equo y muchos independientes.

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Xavier Domènech y Ada Colau en la asamblea constituyente de Catalunya En Comú. / EFE

El líder de esta formación sería Xavier Domènech, que concedía esta entrevista a este periódico el día previo a la asamblea fundacional. Podem, tras unas duras negociaciones, no formaba parte del nuevo sujeto político, quedaba fuera de la confluencia la fuerza morada liderada, entonces, por Albano Dante Fachin, con quien hablábamos después. En el PSOE, en junio, celebraban el Congreso Federal que suponía el regreso de Pedro Sánchez a la Secretaría General tras haber sido defenestrado en octubre del 2016. En este periodo intermedio, hablábamos con Miquel Iceta, primer secretari del PSC.

Cuenta atrás hacia el referéndum

La segunda semana de junio, el president Puigdemont anunciaba la fecha y la pregunta para el referéndum. "¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente en forma de república?". La consulta se celebraría el domingo 1 de octubre, el 1-O. El 11 de junio, en las escalinatas de Montjuïc, el independentismo se confabulaba en un multitudinario acto que iniciaba la cuenta atrás hacia la consulta. Pep Guardiola, tras un emotivo y duro discurso en el que calificaba al Estado español de "totalitario", ponía el cronómetro a cero: "Votarem!".

Leer más | Anna Gabriel: "El referéndum no se da en condiciones de normalidad democrática"

El Gobierno español respondía, pocos días después, aclarando que no tenía la mínima intención de dialogar sobre la posibilidad de un referéndum que ya estaba en marcha. La Fiscalía investigaba a las empresas que concurrían al concurso para la compra de urnas por parte de la Generalitat. El concurso se paralizaba. La hoja de ruta independentista seguía unilateralmente hacia el referéndum, confiaba en la movilización social como su principal baluarte. Los comunes, que apoyaban un referéndum pactado y con garantías como forma de resolver el conflicto, entraban en pleno debate sobre qué postura adoptar de cara al 1-O. Comenzaba una yinkana plena de obstáculos hacia octubre.

Daba comienzo el verano y los partidos analizaban distintos escenarios ante la convulsa situación. El calendario estaba marcado, los acontecimientos, no. Muchas dudas sobre la hoja de ruta del Govern, también entre los independentistas. De todo esto hablábamos con Anna Gabriel, de la CUP, en esta entrevista. Unos días más tarde, en un acto en el Teatre Nacional de Catalunya, el 4 de julio, el Govern destaparía algunas de las incógnitas sobre la consulta. Sería una votación que se celebraría "como siempre", pero las principales dudas seguían sin desvelarse: censo, urnas, papeletas, centros de votación... "Somos conscientes de que el Estado hará cualquier cosa para evitar la consulta", aseguraba Junqueras. Por eso no desvelaban más incógnitas.

Una constante que veíamos consolidarse ya desde el verano era la intoxicación mediática sobre el conflicto catalán, dos relatos contrapuestos que no tenían nada que ver se contaban en Catalunya y en el resto de España. Dos visiones que no coincidían. Dos proyectos, dos legitimidades diferenciadas, una que emanaba del Parlament, otra de la Constitución Española. Los medios, poco a poco, se fueron situando en uno de los dos bandos, hasta hoy. Entre los independentistas ya rondaba un temor por sus cabezas, en caso de que el proceso hacia la independencia no saliera victorioso, el Estado podría iniciar una suerte de 'humillación catalana', algunas de sus peores previsiones se han visto materializadas.

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Dos manifestaciones opuestas, una independentista y otra españolista, frente a las dependencias de la Guardia Civil en Barcelona el pasado mes de julio. / Quique García (Efe)

La cada vez más grave situación catalana, a pesar del silencio que el Gobierno de Rajoy mantenía, que no se movía del "no se va a celebrar ningún referéndum", tensaba mucho a la izquierda también en el resto del Estado. Dos posturas se perfilaban cada vez más claras, entre los que veían una oportunidad para atacar al Régimen del 78 y los que consideraban que la cuestión nacional perjudicaría al resto de cambios políticos. Tensiones que también se reproducían en los comunes. El liderazgo de la antigua Convergència en el independentismo echaba para atrás a muchos sectores del partido de Domènech.

Y la tensión política, a pesar del verano y las vacaciones, cada vez se dejaba notar más en las calles. El grito de "Fora les forçes d'ocupació" regresaba a Catalunya. En pleno agosto, en pleno debate sobre el modelo turístico, una acción de Arran, organización juvenil próxima a la CUP, contra un autobús turístico, calentaba el caldo de cultivo mediático contra todo lo que oliera a independentismo. La simplificación al máximo: independentistas contra turistas, así se trataba el tema en muchas tertulias televisivas. cuartopoder.es tuvo la suerte de tratar pausadamente sobre estos temas con dos relevantes personalidades de la política catalana: el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, y el profesor integrante de Barcelona En Comú, Joan Subirats.

El terror golpea el corazón de Catalunya

El 17 de agosto de 2017, el terrorismo atacaba el corazón de Catalunya, a las 17 horas una furgoneta atropellaba a una multitud en Las Ramblas de Barcelona. Horas más tarde, por la noche, un tiroteo en Cambrils. En total, 15 muertos y más de 130 heridos. La ciudad quedaba muda, la conmoción se dejó notar fuertemente en la sociedad catalana que respondió con rapidez y contundencia saliendo a las calles al grito de 'No tinc por'. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, lanzaba un rápido mensaje en contra de cualquier atisbo de xenofobia que pudiera surgir como respuesta a los atentados. Las distintas administraciones colaboraron en los momentos de máxima tensión, pero quedaba patente la división que había entre las administraciones catalanas y las españolas a menos de un mes y medio de la convocatoria de un referéndum unilateral de autodeterminación. En una manifestación unitaria celebrada en Barcelona, esta división quedaba patente: "Felipe, qui vol la pau no trafica amb armes", advertía una pancarta al rey español, evidenciando que no era bienvenido para muchos en Catalunya.

El ataque terrorista supuso unos días de tregua en la escalada de tensión política ante la proximidad del 1-O. Pero pronto el conflicto entre las administraciones volvía a las portadas de los periódicos. Entrevistábamos a Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, hoy en prisión preventiva también, quien lanzaba un estricto mensaje al Gobierno de Rajoy: Ya era hora de que explicara cómo iba a detener el referéndum. Hacíamos lo propios con los secretarios generales de los dos principales sindicatos en Catalunya, Javier Pacheco de CCOO y Camil Ros de la UGT. Ambos se mostraban críticos con la tibieza de las izquierdas españolas con respecto al conflicto catalán, se posicionaban en contra de que el Gobierno español pudiera intervenir la Generalitat mediante el 155 y abogaban por una resolución pactada a la crisis territorial. El escenario político catalán entraba en lo imprevisible, el tiempo se echaba encima.

Aprobación de la desconexión en el Parlament y campaña por el 'sí' 

Septiembre sería un mes en el que la confrontación entre el independentismo y las instituciones españolas se agudizaría. Los plenos en el Parlament del 6 y 7 de este mes supusieron la primera desobediencia institucional. Plenos tensos, la mayoría independentista forzaba el reglamento y desatendía las advertencias de los letrados del Parlament y del Consell de Garanties Estatutàries que aseguraban que las leyes del Referéndum y de Transitoriedad Jurídica no eran constitucionales. Ciudadanos, PSC y PP abandonaban los plenos. La tensión política y social aumentaba. Los reproches entre las izquierdas catalanas y españolas subían de nivel, tal y como podemos comprobar en esta entrevista al coportavoz en el Congreso de ERC, Gabriel Rufián.

El 11 de septiembre se celebró una Diada histórica. Miles de personas colapsaron el centro de Barcelona en distintas manifestaciones. Dirigentes, militantes, simpatizantes de diversos partidos compartían espacio en las calles. Un enemigo común, el PP. Y unos días más tarde daba comienzo la campaña por el 'sí' en el referéndum. Dos semanas en las que no se hizo campaña por el 'no' y en las que las mayores reclamaciones de los distintos partidos que organizaban los actos eran en favor de la democracia, de poder votar, en contra de los tintes autoritarios que había adquirido la estrategia del Gobierno de Rajoy: registros en imprentas, cierres de páginas webs, sanciones a medios de comunicación... La campaña, de la cual muchos actos se intentaban prohibir por parte de las fuerzas de seguridad a través de identificaciones, adquiría unos tintes de 15-M.

Y llegó uno de los días claves, cuyas consecuencias dieron con los presidentes de ANC y Òmnium Cultural en la cárcel, de forma preventiva, por convocar y desconvocar una manifestación en las inmediaciones de la Conselleria de Economia i Hisenda mientras esta estaba siendo registrada por la Guardia Civil. Durante horas se mantuvo esta movilización permanente hasta que ya por la noche se desconvocara, precisamente, por Sánchez y Cuixart, megáfono en mano, subidos sobre un coche de la Guardia Civil. Momentos de gravedad e incerteza política, tal y como se puede comprobar en esta entrevista a la alcaldesa de Hospitalet y número dos de Miquel Iceta en el PSC, Nuria Marín. "El final político de Rajoy puede ser consecuencia del 1-O", afirmación que adquiere mayor importancia tras ver los desastrosos resultados electorales que en diciembre obtendría el PP y el protagonismo adquirido por la nueva derecha de Ciudadanos. Con el portavoz de este partido en el Parlament, Carlos Carrizosa, conversábamos en este periódico durante aquellos días agitados.

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La diputada de CSQP, Àngels Martínez, retira las banderas de España puestas por el PP tras abandonar el polémico pleno de septiembre. / EFE

Mientras, en Catalunya, se construía un nuevo sujeto político y social en contra de la estrategia represiva del PP, en favor del derecho a decidir y en contra de las detenciones. Un nuevo espacio que aglutinaba a independentistas y soberanistas de los comunes o del mundo de los sindicatos. La movilización era la clave, en ella tenía las esperanzas puestas el Govern para que el 1-O fuera exitoso. Con las investigaciones acorralando al Govern, las urnas y las papeletas llegarían a los colegios electorales si la organización popular daba resultado, como así fue. Miles de personas resistiendo el 1-O en los colegios y organizadas días antes para la logística del referéndum hicieron posible las votaciones.

1-O: El día en que votar volvió a ser peligroso

Y llegó el 1-O. Llegaron las urnas y las papeletas y las imágenes de brutalidad policial de la Guardia Civil y la Policía Nacional dieron la vuelta al mundo. Más de 2.200.000 personas consiguieron votar frente a los intentos violentos de la policía por impedirlo. Volvieron las balas de goma a Catalunya y se llevaron una víctima que perdió un ojo. Más de dos millones de votos favorables a la independencia. En aquel momento, las líneas editoriales de los medios de comunicación se polarizaron. Entre la mayoría de los medios españoles, se cerraron filas en favor de la actuación policial y de la indiscutible unidad de España. El día 3 de octubre, una huelga general o paro de país movilizó a una gran parte de la población catalana en contra de la represión policial del 1-O. Volvíamos a encontrar en las calles a ese nuevo y amplio sujeto político y social. Por la noche, Felipe VI pronunciaba un duro discurso televisado contra el independentismo. El rey dejó de ser un árbitro para tomar partido por una de las partes en el conflicto.

Pero la otra Catalunya, esa que es favorable a la unidad de España, salió a las calles también como nunca lo había hecho en una manifestación el día 8 de octubre. Una multitud colapsó el centro de Barcelona, no tan numerosa como la Diada, pero muy importante. Gente llegada de toda Catalunya, sobre todo del área metropolitana de Barcelona, pero también de fuera de Catalunya en autobuses y trenes. También estaba en la movilización la extrema derecha que protagonizaría hechos violentos. Los discursos de Josep Borrell o de Mario Vargas Llosa serán recordados durante mucho tiempo en contra del independentismo.

El día 10 de octubre, el país contenía el aliento. Puigdemont intervenía en el Parlament y muchos esperaban que declarara la independencia. No lo hizo. Tensión en el Parlament, el parque de la Ciutadella tomado por los Mossos d'Esquadra, los helicópteros de la Guardia Civil, Policía Nacional y Mossos sobrevolaban la ciudad. Puigdemont dejó una independencia nunca proclamada, pero en suspensión, a la espera de un diálogo con el Estado que nunca se produciría. "Asumo el mandato de que Catalunya sea un estado independiente", fueron las palabras del president. Entonces comenzaría una infructuosa relación epistolar entre Rajoy y Puigdemont en la que el diálogo real no estuvo presente.

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La camntautora Maria del Mar Bonet en el escenario de la manifestación por la liberación de Sánchez y Cuixart. / Roser Vilallonga (ANC)

En este contexto político incierto, las calles de Catalunya se volvieron a incendiar cuando los líderes de ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, fueron enviados a prisión preventiva el 16 de octubre, acusados de sedición. Decenas de miles de voces alertaban a Rajoy: "Llibertat, presos polítics". Y mientras las calles volvían a ser un hervidero, la negociación política entre Moncloa y el Palau de la Generalitat continuaba siendo inexistente. Sin diálogo, la situación se dirigía cada vez con paso más firme al esperpento: una república independiente proclamada y una autonomía intervenida.

La protesta social contra el encarcelamiento de los líderes independentistas proseguía, las movilizaciones se sucedían por toda Catalunya, mientras se evidenciaba una inminente aplicación del 155 e intervención del autogobierno catalán. En las calles volvían a confluir independentistas con soberanistas, en contra del 155, de los encarcelamientos de independentistas y en favor del derecho a decidir. La presión aumentaba en el PSC, donde muchos alcaldes y dirigentes como Núria Parlon se mostraban en contra de la aplicación de este artículo de la Constitución. La entrevista al teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Asens, refleja el clima político de aquellos días.

Una república proclamada, una autonomía intervenida

Y, en medio de este panorama político desquiciado en Catalunya, llegó el día 27 de octubre. Otro pleno tenso en el Parlament, otra vez el parque de la Ciutadella tomado por los Mossos, otra vez los helicópteros sobrevolando la ciudad. Y se cumplió la profecía: Puigdemont proclamó la República Catalana mientras en Madrid el Senado aprobaba la aplicación del 155. Se disolvía el Parlament, se cesaba al Govern, se convocaban elecciones para el 21-D, se prescindía del major de los Mossos, Josep Lluis Trapero. Horas previas inciertas en las que el president estuvo a punto de convocar elecciones si recibía garantías de que no se aplicaría el 155, finalmente no convocó elecciones y proclamó la independencia. La incertidumbre se adueñaba del momento político. Puigdemont ponía la nueva Catalunya en manos de la movilización popular. Quedaba la duda de, si la población defendía las instituciones ante una intervención policial, qué ocurriría. Momentos tensos. "Teníamos informaciones de que habrían muertos en las calles", aseguraba después la dirigente de ERC, Marta Rovira.

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Carles Puigdemont tras una rueda de prensa en su exilio belga. / EFE

El 30 de octubre se conocía que Puigdemont y varios consellers habían partido a Bélgica ante la posibilidad de ser detenidos. El 2 de noviembre, Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Turull, Raül Romeva y otros consellers entraban en prisión preventiva ordenada por la Audiencia Nacional. Todavía hoy siguen encarcelados Junqueras, Forn, Sánchez y Cuixart. También los integrantes de la Mesa del Parlament declaraban, en este caso ante el Tribunal Supremo, por haber permitido el debate sobre la independencia en el pleno. Hablábamos con Nuet sobre esto. El 29 de octubre, otra manifestación españolista volvió a llenar el centro de Barcelona. En esta ocasión, compartía pancarta el líder del PSC, Miquel Iceta, junto a dirigentes del PP y Ciudadanos. En la marcha, organizada por Societat Civil Catalana, volvieron a participar grupos de la extrema derecha.

De nuevo, campaña: 21-D

La inminencia de las elecciones del 21-D hizo que pronto las maquinarias de los partidos se pusieran en marcha. Si en un primer momento, algunos dirigentes independentistas habían declarado que eran unos comicios ilegítimos, todas las fuerzas participarían. En total, siete candidaturas tenían posibilidades de entrar en el Parlament. La coalición JxSí se rompía y ERC y PDeCat, bajo la fórmula de JxCat, concurrirían por separado. Por otro lado, Iglesias convocaba una consulta en Podem y los inscritos decidían confluir con Catalunya En Comú. El secretario general de Podem, Albano Dante Fachin, dimitía de su cargo. Sus motivos los contaba en esta entrevista.

Comenzaba una campaña atípica, los partidos intentaban ganarse a la gente corriente en un escenario convulso, candidatos en prisión o en el exilio. Las encuestas daban durante toda la campaña unos resultados igualados entre partidos independentistas y partidarios de la unidad de España, y los comunes tendrían la llave de la gobernabilidad con su propuesta de iniciar un proceso constituyente catalán para hablar de tú a tú al Estado. Durante la campaña, cuartopoder.es habló con destacados representantes de algunos de los partidos que concurrían a las elecciones: Benet Salellas, de la CUP; Elisenda Alamany, de Catalunya En Comú; Sergi Sabrià, de ERC; Jaume Collboni, del PSC.

Y llegó la jornada electoral. Y el recuento. Y los resultados reeditan una situación similar a la anterior: el independentismo obtiene la mayoría absoluta. La sorpresa es que el partido ganador es Ciudadanos y, el segundo, JxCat, que adelanta a ERC a quien las encuestas daban como primera fuerza en el Parlament. Las derechas ganaban estas elecciones. Los comunes no tendrán la llave de la gobernabilidad entre los dos bloques. El PP se desplomaba y compartirá grupo mixto con la CUP, que también pierde más de la mitad de su representación parlamentaria. El PSC se mantenía. Los resultados reflejan las dos principales debilidades del independentismo y, quizás, sus principales errores: solo cuenta con el apoyo de una mitad de la sociedad, la otra está enfrentada a este proyecto. Con ese nivel de apoyo, faltan fuerzas para enfrentarse a toda la maquinaria del Estado español.

Y así llegamos al final de nuestro repaso del 2017. Un año intenso. Un año que mantiene la incertidumbre. En el bloque españolista, PP y PSOE presionan a Ciudadanos para que intente formar Govern, a pesar de la mayoría absoluta del independentismo. En el bloque independentista, desde JxCat piden restituir a Puigdemont como president, aunque si vuelve a España sería detenido. Por parte de ERC, esperan que Junqueras salga pronto de prisión y pueda optar a la presidencia de la Generalitat. Nada ha terminado. Terminamos el año con puntos suspensivos...

1 Comment
  1. florentino del Amo Antolin says

    … Y ¿ ?. Sato, las elecciones estas las convocó el tripartito del 155… Y otras elucubraciones, con el: 1 O… Que si se gastaban muchos euros. Que si prevaricadores… Intervienen los jueces… Que no íba a ver elecciones… Que no se podia votar… Que es anti Constitucional… Que os mando 10.000 fuerzas armadas ( Constitucionales )… Que….¡ A por ellos !… Que obedecen a la primera… Que dejan casi1.000 heridos… ( democráticamente )… ¡ Que no hay derecho !… Dos millones doscientos mil !… ¡ Por la República !… Ciento ochenta mil encontra… ¡ Bah !… ¡ Hay una mayoria silenciosa… apor ellos!… Una extrategia muy ladina, barrio bajera, facha… Se reparten los papeles de actuación: Ciudadanos, la cara amable ultra; Psc + Unió, la izquierda como dios manda… Vox. Falange. Democrácia Nacional. SCC… Apoyando al primo de Rivera, de la manera más sutíl… ¡ No presentandose, y no división del voto !… ¡ Los resultados ahí están !… ¡ Mira que estan comprometidos estos partidos, y aman a Catalunya… ¡ Cuanto dinero, cuantos palos, cuanta indignación !… Una mayoria silenciosa, fué la que ganó… ¡ Ahora , toca gobernar y cumplir como el PP con Rajoy ! ¿ Manporreros ultras, creando unión entre los Catalanes y mucho Catalanes ?… ¡ Pleitesias en Moncloa !… ¿ Falsarios Faes ?… Tienes razón Sato, este año acaba con los puntos suspensivos… ¿ Volvera la Caixa ?… ¿ El Sabadell invertirá más dinero por el bien de España ?…

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