La crisis Cifuentes desata una guerra de poder en la cúpula del PP

El estallido del "caso Cifuentes" no sólo ha complicado seriamente la vida política del PP y, concretamente, la continuidad de un gobierno de los populares en la Comunidad de Madrid, buque insignia de las Comunidades gobernadas por el partido de Mariano Rajoy. La división de opiniones en la forma de resolver el caso que protagoniza muy a su pesar la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, ha desatado una guerra en la misma cúpula del PP.

Entre los partidarios de atajar la pérdida del gobierno de la Comunidad de Madrid al precio que sea, así haya que entregar la cabeza de Cifuentes a Ciudadanos, y los que se niegan a dejar caer a la presidenta madrileña se han convertido en dos facciones enfrentadas, encabezadas por la secretaria general, María Dolores de Cospedal, firme defensora de Cifuentes y de su permanencia en el cargo, pese a las amenazas de C´s, y el coordinador, Fernando Martínez Maíllo, quien no tiene reparos en señalar que "nadie está por encima de las siglas del PP". Éste defiende la tesis de que no se puede perder el gobierno de la Comunidad de Madrid y dejarlo en manos del socialista Angel Gabilondo, cueste lo que cueste... Y, claro está, el precio puesto por Albert Rivera y los suyos es la cabeza de Cifuentes. Ese es el precio, que está dispuesto a pagar.

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Pero no se trata de una divergencia sin más. Fuentes del PP han asegurado a cuartopoder.es que la polémica tiene como trasfondo una batalla por el poder y control orgánico del PP. Cospedal reclama para sí el mando en plaza, puesto que, orgánicamente, es la número 2 del PP. Por su parte, Martínez Maíllo reivindica su papel como coordinador, el que en la práctica lleva las riendas orgánicas del PP y así lo ha venido haciendo desde el último Congreso, cuando Cospedal fue reelegida secretaria general, pero todo (incluida la actitud de Rajoy) le llevaron a concluir que, ocupada Cospedal con sus labores ministeriales, el presidente del PP le confiaba a él el mando de la organización.

Los dos reivindican para sí el poder orgánico y, mientras tanto, Mariano Rajoy sigue sin decir ni palabra del caso Cifuentes y su resolución. Llegadas las cosas a este punto, hay quienes en la cúpula popular se lamentan de que "sea cual sea la decisión final por la que se incline Rajoy, el daño está hecho y la lectura será que ha ganado Cospedal o que ha ganado Maíllo... Y por tanto, habrá perdedores, más allá de lo que el futuro depare a Cifuentes".

En el seno del PP y, en concreto, en su cúpula dirigente, son más los partidarios de dejar caer a Cifuentes que los de mantenerla, "aunque -como señala un dirigente popular- será Rajoy quien decida su suerte... Y quién sabe si también la de Cospedal y Maíllo". Pero todos son conscientes de que, no sólo porque la propia Cifuentes lo exige, sino porque tiene a los dos máximos dirigentes populares enfrentados tanto si el pulgar de Rajoy señala al suelo como si señala al cielo y decide salvar a Cifuentes a riesgo de perder el gobierno de la Comuidad de Madrid, estará mandando una señal a sus compañeros de partido, sobre la fortaleza de Cospedal y de Maíllo.