Los grandes debates políticos de 2019

  • La urgencia de los acontecimientos hace que muchos debates de calado se olviden, pero en esta legislatura el tablero político ha sufrido cambios.
  • La recuperación del eje izquierda-derecha o las plataformas personalistas que rivalizan contra los partidos son algunas de las discusiones que se abren en el ciclo.

El vertiginoso ritmo político hace que en las ejecutivas de los partidos y en los medios de comunicación solo haya tiempo para hablar de lo urgente. Pero en la última legislatura el tablero español ha cambiado tanto que ha abierto grandes debates que tendrán desarrollo (y quien sabe si resolución) en el próximo ciclo electoral que empieza en unas semanas.

En 2015 Podemos entraba con una fuerza inédita en el Congreso de los Diputados dispuesto a hacer una política diferente a la que ejecutaban los partidos de “la casta”. La necesidad de acabar con ese reparto asimétrico de poder legislativo era un propósito que compartía con Ciudadanos. Y lo consiguieron. Hoy el equilibrio de fuerzas ha hecho que PSOE y PP hayan abandonado la comodidad y tengan que negociar para sacar adelante sus propuestas. Paradójicamente, ambas son formaciones fundamentales hoy para dar apoyo a los gobiernos encabezados por los actores principales del bipartidismo que aspiraron a derribar. Son tiempos de gobiernos de pacto y coalición.

Si los resultados de 2015 se interpretaron como una resaca de la nueva política que exigía el movimiento 15M, es extraña la encuesta que hoy no haga una predicción de resultados para 2019 sin contar con Vox, una nueva fuerza política reaccionaria. Lo único intacto durante estos cuatro años es la desafección política que siguen arrastrando los ciudadanos y que se percibe en cada barómetro del CIS.

Durante los próximos meses, habrá declaraciones sobre alianzas poselectorales, de procesos internos o de proyectos municipales, pero cinco debates serán claves y transversales a todos los comicios.

Vuelve el eje izquierda-derecha

En 2015 partió el eje izquierda-derecha que hasta ese momento encabezaban PSOE y PP. Los términos del debate comenzaron a ser otros: los de abajo contra los de arriba o los nuevos partidos contra el sistema bipartidista. Sin embargo, las nuevas mayorías y la entrada de Vox han vuelto a dibujar esa línea entre las dos tendencias, hoy convertidas en bloques de partidos. Eso sí, eso no descarta otras futuras alianzas electorales según los resultados.

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Ciudadanos rompió su discurso regeneracionista cuando apoyó hasta los últimos momentos al Gobierno de Rajoy en la moción de censura de 2018, que vino promovida por la sentencia del caso Gürtel en la que se condenaba al PP por corrupción. Los naranjas también se escoraron claramente a la derecha en los pactos poselectorales de las últimas elecciones andaluzas, cuando el hoy vicepresidente de la Junta, Juan Marín, que venían de gobernar con la andaluza Susana Díaz, prefirió al gobierno del ‘popular’ Moreno Bonilla, sostenido desde fuera por el ultraderechista Vox.

Lo mismo ha ocurrido con Podemos, que ha sido el mayor apoyo parlamentario del Gobierno del PSOE durante estos ocho meses. En 2014 los de Pablo Iglesias decían no ser “ni de izquierdas, ni de derechas” buscando un caladero de votos mucho más amplio del que tiene hoy, situados claramente a la izquierda de los socialistas. Entonces, hablaban de un movimiento político impulsado por el 15M que buscaba superar la España de la Transición. Cuatro años después, el “régimen” ha demostrado ser mucho más sólido y tener capacidad de regeneración.

En los próximos comicios, los electores habrán tenido cuatro años para identificar ideológicamente a los dos partidos, cuya aparición fue un revulsivo en 2014. Rivera es consciente de que una clasificación política clara les expone en el riesgo de perder esa transversalidad del centro electoral que hacía ganar elecciones. Por ello, en el debate de los Presupuestos Generales del Estado del pasado martes, aseguraba que el eje izquierda-derecha se ha quedado antiguo y apelaba a una tercera España. Dos días, se había retratado con Vox y PP en Colón.

Otra pregunta queda abierta para los politólogos: con un sistema pluripartidista, ¿las elecciones se siguen ganando en el centro?

Personalidades vs partidos

En 2014, Podemos se presentó a las elecciones europeas con la cara de Pablo Iglesias como logo. Aunque muchos cronistas lo calificaron como un ejercicio de ego, lo cierto es que la formación quería que cuando los españoles buscaran la papeleta del partido de ese profesor de la Complutense que salía en las tertulias la identificasen rápidamente. Y lo consiguieron. En esos comicios sacaron cinco escaños contra todo pronóstico. Durante estos años, Podemos y Ciudadanos se han enfrentado al reto de tener que construir un partido para batallar en las elecciones municipales a la penetración territorial de las grandes formaciones.

Si en 2015, la desafección hizo confiar a los ciudadanos en nuevas caras y marcas, en 2019 son los proyectos políticos los que se han entregado al nombre propio. En Madrid, la alcaldesa Manuela Carmena ha abandonado ese proyecto común que fue Más Madrid para crear una plataforma que dé soporte a su candidatura. Tanto tira el nombre de Carmena, que Íñigo Errejón se ha enfrentado a Podemos para poder hacer campaña junto a la exjueza.

Otro caso paradójico en la capital es el del PSOE, un partido con 140 años de historia, cuyas direcciones han elegido como favorito a una estrella del deporte, sin carnet y sin pasado político, como Pepu Hernández para intentar ganar el Ayuntamiento de Madrid.

No es solo una cuestión de la capital. En Barcelona, Ciudadanos apoyará al candidato a la alcaldía Manuel Valls, llegado de Francia. La Crida Nacional per la República, del expresident Carles Puigdemont, también rivaliza con ERC, que nació en 1931.

Mientras las nuevas plataformas permiten (o eso aseguran) mayor participación ciudadana, también corren mayor riesgo de que el proyecto desaparezca cuando lo haga el líder al que está vinculado. Por ello, cuando se producen fichajes estrella surge una pregunta recurrente: ¿su líder se quedará cuatro años si pierde?.

Progreso vs regresión

Es uno de los argumentos que veremos constantemente en la campaña electoral, desde la europea hasta las municipales. La entrada de Vox, y sobre todo, su influencia en la agenda del PP, ha reabierto debates que parecían superados.

Los movimientos sociales se han puesto en pie de guerra. Mientras las feministas españolas se solidarizaban el pasado agosto con las argentinas cuando se debatió la despenalización del aborto en su país, el ‘popular’ Pablo Casado defiende volver a la ley de supuestos de 1985.

También ocurre, por ejemplo, en los derechos laborales. Mientras Ciudadanos propone un contrato único, Unidos Podemos quiere derogar la reforma laboral.

El debate territorial, abierto

La cuestión catalana ha reavivado el debate territorial y no solo en el noreste de la península. Los frentes sobre los que reflexionar son muchos y van desde cuestiones económicas como la actual financiación autonómica, criticada por la Comunidad Valenciana, hasta temas de calado que atañen al Título VII, la Organización Territorial del Estado, de la Carta Magna.

Aunque no hay consenso para modificar la Constitución, durante la última legislatura los partidos han defendido sus propuestas sobre cómo gestionar el sistema autonómico. Por un lado, Vox defiende el fin de las autonomías y eliminar los parlamentos, mientras Ciudadanos aboga por unificar materias como al Educación en todos los territorios y critica abiertamente el cálculo del cupo vasco, al que llama el “cuponazo”.

Por otro lado, Podemos y PSOE se inclinan por avanzar en la España federal. Mientras el PP de Pablo Casado coquetea con la idea de unificar algunas materias, la penetración territorial del partido (y sus barones) hacen de muro de contención contra cualquier discurso que suene a recentralizador.

El debate identitario vs el social

Las tres vertientes de la crisis española (territorial, social y generacional) han hecho que los partidos hayan tenido que vender en todos los mítines y entrevistas su idea de España, una construcción que las derechas han sabido rentabilizar mejor que las izquierdas en contraposición con el independentismo catalán. Mientras Vox, PP y Ciudadanos hacen piña para defender la unidad de España, los partidos de izquierdas intentan que construir el significante de nación a través de lo social, con la defensa de la igualdad económica (y no territorial) o de los servicios públicos.

Estas dos prioridades se vieron muy claramente en el debate de los Presupuestos Generales del Estado del pasado miércoles, donde Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tuvo que decidir si apoyaba unos presupuestos que recuperaban importantes partidas sociales o dejaba caer las cuentas de un Gobierno que no quiere hablar de derecho de autodeterminación, en pleno juicio del Procés. Este viernes, el presidente del Gobierno anunciará a las diez la consecuencia de esta decisión.