Pedro Sánchez, en busca de la estabilidad perdida

  • Sánchez tiene un objetivo a largo plazo: formar gobierno y lograr una legislatura que aporte estabilidad al país.
  • La composición de su ejecutivo puede ayudar en la tarea, pero la evolución de Catalunya seguirá siendo decisiva

«Os pido que no dejemos la faena a medias». El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hacía esta petición este lunes en un acto en Santander. En realidad, el líder socialista estaba solicitando el voto para que las urnas del 26 de mayo completen «la faena» que comenzaron el pasado 28 de abril tiñendo el mapa electoral de rojo. Pero el dirigente también intentaba conectar así con la percepción, acrecentada por las múltiples citas electorales, de que se acaba un ciclo político y empieza otro. El presidente tiene un objetivo mayor: que el país recupere la normalidad política. En la nueva legislatura, Sánchez tendrá más tiempo para cumplir la promesa que hizo ante la cámara para ganar la moción de censura: la estabilidad, unida en los próximos meses al concepto de gobernabilidad.

Pero la empresa no es fácil y dependerá de varios factores, entre los que están la formación de gobierno, su capacidad de diálogo en el parlamento y, por supuesto Catalunya. Durante la primera sesión del nuevo Congreso las antaño normalidades fueron noticia, como el saludo entre Sánchez y el diputado de ERC, Oriol Junqueras. La nueva presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, discurrió en su discurso por el mismo camino que Sánchez, animando a los diputados a «no degradar ni banalizar la actividad parlamentaria». Los socialistas son conscientes del desgaste que las instituciones del Estado han sufrido en los últimos años. Es una consigna que los miembros del PSOE repiten: hay que reforzar las instituciones.

El 2019 pone fin al convulso ciclo que comenzó con las elecciones de 2014, cuyo resultado tradujo el descontento que explosionó en el Movimiento 15-M en 2011. Las elecciones de 2015 partieron el tablero político y dejaron al PSOE en 84 diputados. Hoy ha recuperado 39 y son la primera fuerza política con 123 actas. Este martes se ha conformado un Congreso con una fragmentación política con la que el presidente del Gobierno tendrá que lidiar. Por primera vez, la formación ultraderechista Vox entrará en el Congreso y sus 24 diputados son una de las mayores incógnitas de los primeros meses, junto al desarrollo del conflicto catalán.

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No solo se trata de que el Gobierno pueda conformarse con superar la investidura con cierta comodidad, también de que la legislatura sea fructífera y la actividad legislativa sea más alta que en la anterior, donde hubo cierta parálisis y se dejaron sin abordar grandes retos como la modernización del sistema de pensiones o la modificación de la reforma laboral.

El enigma de ERC

Para defender la moción de censura de junio, Sánchez estableció una ruta clara que luego no cumplió:  «Censura, estabilidad y elecciones». Los comicios llegaron antes que la normalidad. Las urnas de mayo aún están abiertas y sus resultados influirán en la formación del gobierno de España. Por el momento, los días previos a la constitución de las Cortes han estado plagados de anomalías. Este lunes Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull viajaban desde la prisión al Congreso para recoger su acta, mientras Raül Romeva hacía lo mismo en el Senado.

Durante los últimos meses, se ha roto también toda cortesía parlamentaria, frustrando en el Parlament incluso que Miquel Iceta recogiera su acta de senador por designación autonómica, rompiendo la tradición de que cada partido elija a sus propios representantes. Lo que en principio parecía un contratiempo, pronto se convirtió en una ventaja para el PSOE al evidenciar que no existe el pacto oculto que la oposición atribuye a socialistas e independentistas.

Desde su llegada al Gobierno en junio, Sánchez ha intentando devolver la normalidad a las relaciones instituciones, haciendo incluso contorsiones inverosímiles. Durante estos meses, los españoles han visto al president Torra, a quien Sánchez llegó a llamar «racista», paseando por los jardines de Moncloa, han escuchado a la vicepresidenta, Carmen Calvo, hablar de una figura de «relator»  y, finalmente, han visto cómo las formaciones independentistas tumbaban los Presupuestos Generales del Estado.

Durante los últimos meses, la estabilidad seguirá pasando por Catalunya. El PSOE siempre ha mirado a ERC más que al JxCAT, confiando en el que el bloque independentista se resquebrajase y los socialistas pudieran encontrar la complicidad en los de Junqueras. Sin embargo, los independentistas anunciaron su ‘no’ a los PGE y su ‘no’ a Iceta. Nadie en Ferraz confía ya en esta formación.

Las coaliciones, piedra de la estabilidad

El gesto de situar en el Senado a un federalista catalán convencido como lo es Iceta era potente. Sánchez no dobló el brazo y, tras el rechazo, apostó por otros dos catalanes para las cámaras: Meritxell Batet para el Congreso y Manuel Cruz para el Senado. «La apuesta es definitiva», aseguraba el secretario de Organización, José Luis Ábalos, en una rueda de prensa, alejando la posibilidad de «ningún grado de provisionalidad» que pueda perjudicar las instituciones. De nuevo, la búsqueda de la estabilidad.

Las negociaciones para la Mesa también dan pistas de por dónde transitará la voluntad del PSOE. Esta legislatura pondrá a prueba su capacidad de pacto. Muy lejos ha quedado ese Pablo Iglesias de 2016 que pedía la vicepresidencia del Gobierno en una rueda de prensa. Ahora, Podemos ha llevado las negociaciones con el PSOE con máxima discreción, unas conversaciones que han eclosionado en acuerdo para la composición de la Mesa, el órgano que se encarga de ordenar los trabajos de la Cámara. La pasada legislatura, se demostró que tener su control es fundamental: el PSOE llegó a recurrir al Constitucional después de que el PP dejase decenas de propuestas de la oposición en un cajón.

Sin embargo, hasta que las urnas municipales y autonómicas no se resuelvan, tampoco habrá investidura en el Congreso. Las mayorías que se configuren en Comunidades Autónomas y las grandes ciudades serán clave y, previsiblemente, pasarán por un pacto entre partidos distintos. Todo dependerá de las fuerzas que consiga cada formación. En este contexto, Unidas Podemos y PSOE seguirán negociando partiendo desde dos posiciones diferentes. Los primeros quieren entrar en el Gobierno, los segundos prefieren continuar en Moncloa en solitario, dejando los acuerdos para el Congreso.  En cualquier caso, exigirá buenas dotes de negociación y el resultado también dará pistas de la estabilidad de la legislatura: un gobierno de 165 escaños es, a priori, más potente que un gobierno solo del PSOE con 123.

La derecha que viene

Tras la moción de censura que desalojó a Rajoy de la Moncloa, el PP dio un giro hacia su derecha. La convocatoria de elecciones generales hizo que Ciudadanos iniciase una competición con el PP para liderar el centro-derecha. En diciembre, Andalucía había encajado a Vox en este mosaico político. Una oposición dura, como acostumbran los populares, puede hacer que Sánchez tenga un gobierno menos apacible.

Con la caída del PP en las elecciones generales de 2018, la estrategia de su líder, Pablo Casado, viró para la cita electoral de mayo, apostando por la moderación y por elevar la apariencia institucional. Sin duda, el dirigente es uno de los que más se la juega el 26 de mayo.

Por su parte, Albert Rivera ya se ha autoproclamado líder de la oposición, a pesar de que en abril Ciudadanos no logró sobrepasar a los populares. Si en la pasada legislatura fue un apoyo parlamentario para el gobierno de Rajoy, habrá que ver qué ocurre cuando ambas formaciones compitan por la atención en las sesiones de control al ejecutivo.

El comportamiento de Vox también es una incógnita. El partido ultraderechista tendrá un espacio mediático fijo, pero también tendrá que posicionarse sobre asuntos políticos que van mucho más allá de sus temas estrella en campaña. Habrá que ver si acaban diluyendo sus propuestas más radicales, si logran influir en PP y Ciudadanos o deciden continuar con su estrategia de diferenciación.