La fiesta del PCE, o la “casa común” de las izquierdas

  • Desde hoy y hasta el domingo, el PCE celebra su fiesta anual en Vallekas
  • Hablamos con militantes del partido y con Enric Juliana y David Fernández, que nos dan su visión exterior sobre el significado de estas fiestas

“Era un espacio en el que varios mundos coincidían. Pese a que hoy estamos más comunicados que nunca, hay fuerzas que nos separan, parece que vivimos en mundos distintos: están los muy cafeteros de la política, los que no les interesa nada la política, los de derechas y de izquierdas, los apasionados de La guerra de las galaxias… Lo interesante de la ciudad democrática es la mezcla, durante unos años esas fiestas conseguían esa especie de ensamblaje”. El que habla es el periodista Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia en Madrid, preguntado por lo que significaban las fiestas del PCE. Juliana no consigue disimular una sonrisa al recordar sus tiempos de vinculación con el PSUC en la juventud.

“Recuerdo cómo la Casa de Campo se convertía en una casa común. No despreciaría de las fiestas del PCE la capacidad de autoorganización. Larguísimos debates inacabados e inacabables, las charlas larguísimas con compañeros de otras organizaciones y de otros lugares”. David Fernández, periodista y exdiputado de la CUP en el Parlament, también visitó las fiestas del PCE. “Eran mediados de los 90, el final del ‘felipismo’ y la llegada de la ‘aznaridad’ con los apoyos de las derechas vascas y catalanas”, hace memoria.

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Andrés Díez es el secretario de Finanzas del PCE en la actualidad y lleva ocho años al frente de la organización de esta fiesta. La idea de casa común, de ensamblaje, también ronda en su explicación de lo que significa esta celebración anual. “Es el ejemplo de que la confluencia se debe dar por la base, que gente de distintas organizaciones sean capaces de encontrarse, debatir y ponerse de acuerdo. La fiesta del PCE es un lugar de encuentro donde los debates son interesantes y es un espacio abierto a todo el mundo”, describe.

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Ana Mata está afiliada al PCE desde el año 1978. Forma parte, actualmente, del Comité Central y desarrolla su actividad en el Área de Feminismo. “Yo destaco el calor humano, un lugar donde vemos a la camaradería de otras federaciones, de todo el Estado, pero también abierto a gente fuera del partido, es un punto de contacto con el exterior, la gente viene a aprender y a enseñar, es precioso ver a los jóvenes montando las carpas y a las personas más mayores hablándonos y contándonos los aciertos del pasado y también las equivocaciones, para que no vuelva a ocurrir”.

Para Matas, igual que para Fernández, algo que destaca es “la biblioteca”, según le llama ella. “Tenías acceso a una gran cantidad de contenido bibliográfico que no se encontraba en otros lugares”, valora el exdiputado de la CUP, quien también tiene raíces políticas comunistas, aunque no vinculadas al PCE ni al PSUC. Fernández militó en el Colectiu de Joves Comunistes de Catalunya, las juventudes hermanadas con el Partit Comunista de Catalunya. “Una escuela donde aprendí muchas cosas, como la realidad del país, la memoria histórica, conocí a personas de Gràcia que habían pasado por campos de concentración nazis, las luchas clandestinas del antifranquismo”, entre estas personas, Fernández destaca a Isabel Vicente, albaceteña afincada en Barcelona, una de las mujeres que levantaron una barricada en la Plaça Bonanova para evitar la entrada de las tropas franquistas a la capital catalana en 1936.

La militancia. “Es necesario el contacto, el conocerse y la convivencia”, considera Mata. Y, para ello, la fiesta del PCE es “un punto de encuentro donde compartimos mesa, comida, conversación con camaradas que, en muchas ocasiones, sólo ves una vez al año”. “Es un punto de inyección de moral a la militancia”, explica Díez. “Es como la vendimia o la siega, una vez al año recogemos lo bueno que hemos trabajado durante el año y reflexionamos sobre lo que viene”, prosigue Mata. Díez, como es uno de los responsables de la fiesta de este año, que se celebra durante este fin de semana en Madrid, en Vallekas, lleva varios días en el madrileño barrio coordinando y trabajando para que todo esté apunto. “Un camarada que nos está ayudando a montar ha participado ya 39 veces en la fiesta del PCE”, comenta. Este año se celebra la edición número 41. “Yo siempre cojo vacaciones para la fiesta”, nos cuenta. La autoorganización que destacaba Fernández, y es que la mayoría del montaje de las infraestructuras sale de la mano voluntaria de la militancia.

Este año es la edición número 41. La primera fiesta del PCE se celebró en 1977, en Torrelodones. El PCE llevaba pocos meses legalizado y, cuentan los papeles, que se reunieron en aquella primera edición un total de 300.000 personas. “Se llenaron muchos trenes y autobuses, no dejó de llover a cántaros, ¡cómo llovía!”, recuerda esta veterana militante. La segunda fiesta se celebró ya en la Casa de Campo, en 1978, y fue la más numerosa, participaron en torno al medio millón de personas. Los años consecutivos también asistió una afluencia de centenares de miles de personas. En el año 2009 se trasladó a Córdoba. “El Ayuntamiento de Madrid nos echó, nos pedía una cantidad de dinero por el alquiler del recinto inasumible”, explica Díez.

Al año siguiente la fiesta del PCE volvió a la Comunidad de Madrid, a San Fernando de Henares. Y desde el año pasado ha regresado a la capital, a Vallekas. “Estamos remontando, cuesta mucho y no son tan numerosas como antes, pero la gente de mi entorno, de fuera del partido, se ilusiona con que se vuelvan a celebrar en Madrid”, comenta Mata, añadiendo: “Cuando eran en la Casa de Campo, meses antes de la fecha ya me pedían compañeros de trabajo y gente del barrio que les reservara entradas”.

“Hemos perdido en tamaño, desde luego, y en afluencia de gente, pero en lo político nos mantenemos”, reivindica Díez, recordando que este año, desde hoy viernes y hasta el domingo, hay programadas unas 70 actividades, entre conciertos, debates, mítines, presentaciones de libros… Unas 1.000 personas se quedarán a dormir en la zona de acampada y se han instalado cerca de 70 casetas en las que movimientos sociales, organizaciones sindicales, asociaciones y partidos de izquierdas internacionales podrán mostrar su actividad.

La programación musical es envidiable: Riot Propaganda, Ira, Zoo… Juliana no estuvo nunca en la fiesta del PCE, pero sí en la que desde el entorno del PSUC se organizaba en Barcelona, “para sacar dinero para el periódico Treball”, recuerda. “No me acuerdo del nombre del grupo, pero era un grupo de rock muy famoso, estaba lleno de gente joven y, a un lado, medio escondido, Antonio Gutiérrez Díaz, entonces secretario general del PSUC, miraba todo aquello intentando entender qué significaba”, relata. “Era un lugar de encuentro muy abierto donde varios mundos coincidían, unas fiestas extraordinarias”, añade el de La Vanguardia. Lugar de encuentro, casa común…

David Fernández describe sus visitas a la Casa de Campo con motivo de las fiestas del PCE como una “mezcla de cultura de la resistencia y alternativa”. El componente cultural y rompedor de las fiestas del PCE siempre las situaba en el espectro más vanguardistas de los eventos del año madrileño. “Un lugar de cita con los compañeros del PCE y de otros espacios alternativos, una cita a la que gustaba asistir, sobre todo si tocaba Rosendo”, continúa el que fuera diputado de la CUP.

Se suma a la conversación la secretaria general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez. La anticapitalista asistió a las fiestas del PCE de la Casa de Campo los años 1998, 1999 y 2000. “La primera vez que yo fui a Madrid fue para ir a una fiesta del PCE”, recuerda la andaluza. “Yo venía de un pueblo de 30.000 habitantes, yo había desdeñado cosas en mi cabeza sola y después apoyándome en algunas lecturas, pero llegar a la fiesta del PCE era un encuentro con gente de muchos sitios diferentes con las que compartir inquietudes”, comparte, añadiendo: “¡Y aprendí a hacer mojitos en el rincón cubano!”. Rodríguez considera “fundamental recuperar este tipo de espacios políticos, la socialización”. “Es muy importante que, en un contexto en el que nos prefieren solas, consumidoras, los espacios socializantes sean necesarios”, concluye..

Ana Mata se muestra especialmente ilusionada por la enorme presencia feminista de la que goza la programación de este año. Se ha instalado una carpa feminista en la que se celebrarán distintas actividades. Mata destaca dos: “Vamos a homenajear a las camaradas que han hecho posible la lucha, todas aquellas mujeres a las que nunca se les ha hecho un reconocimiento o un homenaje”. Habla de las compañeras de partido que “nos cuidaron, ahora se dice cuidados, para nosotras era vida, Kolontai nos enseñó la importancia del amor en camadería”.

“Aquellas mujeres que fundaron y trabajaron en el PCE, en las asociaciones vecinales, en las AMPA, a las del Movimiento Democrático de Mujeres que nació en las puertas de las cárceles porque los maridos estaban presos, una red solidaria para llevarles comidas”, prosigue, y cuenta una anécdota: “Homenajearemos a una camarada que, cuando estaba embarazada, llevaba los pasquines en la barriga porque ahí no le iban a registrar los grises”. Además, en la carpa feminista, se proyectará el documental Mujeres en lucha, un documental sueco sobre las mujeres republicanas.