LAS IZQUIERDAS

La CUP busca adhesiones en Madrid a la causa de la desobediencia

  • Mireia Vehí: "No vamos a hacer política parlamentaria normalizada, vamos a dar la batalla ideológica y cultural"

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Mientras el Camp Nou y las calles aledañas en Barcelona vivían las masivas protestas del Tsunami Democràtic y, de nuevo, las cargas policiales se convertían en protagonistas en Catalunya, en la Sala Mirador de Madrid, los diputados de la CUP en el Congreso, Mireia Vehí y Albert Botran, celebraban un acto titulado 'El poble vol ser rei (El pueblo quiere ser rey)' en el que presentaban su proyecto ante colectivos sociales de Madrid de cara a la legislatura que acaba de empezar. Una idea principal: los representantes de la izquierda independentista en el Congreso se ponen a disposición de los movimientos rupturistas para acercar sus reivindicaciones a la institución.

Vehí lo explicaba claramente: "No vamos a hacer política parlamentaria normalizada. Vamos a hacer batalla ideológica y cultural y a evidenciar que el aparato del Estado español es una cárcel de derechos, de pobres y pueblos". Por ello, la labor parlamentaria de la CUP abrirá camino en la institución parlamentaria, según dicen, a las reclamaciones de "aquellas organizaciones que construyan 'contrapoder' desde las calles", pues, "la soberanía está cada vez menos en los parlamentos", consideran los anticapitalistas.

Entre el público, representantes de Madres contra la Represión y de la Plataforma Referéndum UAM que celebró consultas republicanas en universidades y barrios el año pasado. También de Anticapitalistas, de Izquierda Castellana y otras organizaciones sociales y políticas. Presidiendo la sala, el cartel del acto, ilustrado con una fotografía de Felipe VI al revés. Sobre ella, una bandera de los Bukaneros, la peña del Rayo Vallecano de izquierda radical. Además, imágenes de luchas sociales representativas de Madrid en el escenario.

Tanto Vehí como Botran hacen un reconocimiento de las luchas republicanas y sociales de Madrid, mostrando paralelismos con luchas de Catalunya. También se muestran, desde el teatro de Lavapiés, críticos con la dinastía de los borbones, para justificar el porqué de su no asistencia a la Zarzuela durante la ronda de consultas celebrada la semana pasada. Los diputados de la CUP, así como los de ERC o EH Bildu, no asistieron a la reunión con el jefe del Estado.

"Cuando hablamos con el protocolo de Zarzuela y le dijimos que no íbamos a ir, creo que les quitamos un peso de encima", describía Botran. Corrupción, participación de la Casa Real en la venta de armas a dictaduras, el discurso autoritario y amenazador que dio a los catalanes el 3 de octubre de 2017... Éstas, y otras más, son algunas de la retahíla de cualidades que Vehí reconoce a los borbones. Aplausos desde la grada.

Mientras el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos para un gobierno de coalición está casi cerrado, a expensas de que ERC dé el paso de reconocer que facilitará la investidura de Pedro Sánchez para hacerlo público, la izquierda alternativa estatal se debate entre las posibilidades que se pueden generar al participar en el próximo ejecutivo del Estado y entre la orfandad de representación. Muchos colectivos sociales y políticos no ven con buenos ojos compartir gobierno con el PSOE, en un momento, además, de desaceleración económica que podría traer una nueva crisis económica con nuevos recortes sociales, económicos y políticos. Así, activistas ven en la CUP su nuevo referente en el Congreso, una vez que Unidas Podemos estará en el Consejo de Ministros y ha abandonado su lenguaje más rupturista.

"Nuestro independentismo se siente heredero del movimiento para construir una república desde abajo y para los de abajo", definía Botran. Y es que, tras años de tensión nacional, la política parece encaminada a situarse, de nuevo, en el eje izquierda-derecha y profundizar en esta dialéctica tanto en Catalunya como en el resto del Estado. Las tensiones territoriales no desaparecen, ni mucho menos, pero la cuestión material toma protagonismo también ante la coyuntura internacional.

La CUP, entregada durante años al Procés y manteniendo alianzas con ERC y la derecha nacionalista convergente, profundiza en su vertiente anticapitalista y busca alianzas en el resto del Estado. "Somos independentistas internacionalistas", recordaba Botran en la Sala Mirador. "Debemos explicarnos ante vosotras, compartimos valores y adversarios", reconocía ante el auditorio, que no parecía muy entusiasmado con eso de "independentistas internacionalistas". El principal adversario, según los de la CUP: el Régimen del 78. ¿La extrema derecha? "Una pata más del Estado".

Por ello, ante la crisis de régimen que, según los cupaires, sigue vigente y los intentos de restauración borbónica, "la gobernabilidad no soluciona nada". "La gobernabilidad no supone ningún avance democrático", valoran. Frente a esto, proponen una alternativa: autodeterminación, fin de la represión, no pagar la deuda, nacionalización de los oligopolios energéticos... Y, para conseguir esta alternativa, los diputados de la CUP no ven otra vía que "la desobediencia masiva".

"Se necesita el apoyo mutuo y la solidaridad", agradecían los representantes de la izquierda independentista en el Congreso a los movimientos sociales de Madrid. "No nos queda otra que la desobediencia masiva para defender nuestros derechos cuando la ley es injusta", analizan. Desde la CUP, tienden la mano a estas izquierdas que no se ven representadas por el pacto de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos. Algo empieza a organizarse entre estos sectores, a la izquierda de la izquierda.


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