La manada feminista vuelve a gritar en Madrid contra “la cultura de la violación”

El pasado 8 de marzo, el movimiento feminista prometió que la huelga de mujeres sería un antes y un después. Y está cumpliendo su palabra. Este viernes, la Comisión 8 de marzo de Madrid ha convocado  una nueva manifestación en Atocha a las 19 h. para pedir el fin de la “cultura de la violación”. Han lanzado un mensaje alto y claro: “La calle y la noche también son nuestras”.

La sentencia del caso de ‘La Manada’ ha desencadenado en los últimos días una ola de indignación y protestas que, por el momento, no se apaga. El 26 de abril, el día en el que se hizo público el fallo, el movimiento feminista ya inundó las calles para gritar “Yo sí te creo“. El pasado 2 de mayo, las mujeres madrileñas le robaron protagonismo a los actos del Día de la Comunidad de Madrid para lanzarle un mensaje alto y claro a un poder judicial que consideran anclado en el patriarcado. Este viernes, apenas dos días después, han vuelto con fuerza a las calles.

Tras salir desde Atocha, la manifestación ha transitado con más fluidez que en anteriores ocasiones. La primera parada ha sido el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. “¿Dónde está la ministra de Igualdad”?, se preguntaban las manifestantes. Las asistentes han acudido con pelucas, pañuelos y otro tipo de prendas moradas, el color que lleva tintando las calles desde el pasado 8 de marzo. Las mujeres quieren dejar de sentir miedo. No son casos aislados. “La noche, la calle, también son nuestras” o “Sola, borracha, quiero llegar a casa”, gritaban en pleno Paseo Del Prado. El mensaje ya no es solo “No es no”. Hoy han coreado: “Si no hay un sí también es violación”.

Lejos de calmar los ánimos, las últimas novedades siguen acrecentando la indignación. Esta misma mañana se ha conocido que la comisión encargada de estudiar la reforma de los delitos sexuales estará formada por hombres. “No nos sorprende. En este país todas las instituciones públicas y jurídicas piensan que pueden decidir sobre nuestro cuerpo. Aunque ahora probablemente hagan un pequeño cambio para disimularlo, es sorprendente que hayan planteando que sean 20 hombres los que decidan cómo se tiene que juzgar cuando nosotras somos agredidas”, argumenta Sara Nayla, portavoz de la Comisión 8 de marzo. No les convencen los “parches” de última hora, quieren cambios estructurales que lleguen a las vidas de todas las mujeres.

Pese a lo frecuente de las convocatorias, las mujeres siguen llenando las calles para protestar contra una justicia que, creen, juzga a la víctima: “Esta sentencia también es violencia”, corean. Hay un sentimiento común y demasiado frecuente en la vida de mujeres de todas las edades y clases. “Todas en nuestra vida cotidiana al final somos agredidas. Si tocan a una, tocan a todas. Saldremos a la calle”, reflexiona la portavoz. Las mujeres ya no tienen miedo y salen todas las semanas a gritarlo.

Hablar de deseo y no de consentimiento

Finalmente, la marea morada ha llegado a la Plaza De la Villa de París para leer el manifiesto ante el Tribunal Supremo, una tarea que se han repartido entre varias voceras.

Han comenzado recordando que en España hay cuatro violaciones al día, pero solo el 20% se denuncia. “Se estima que una de cada tres mujeres sufrirán agresiones o abusos en su vida”. “Se acabó, no vamos a dejar que la cultura de la violación se siga legitimando”, ha concluido la primera vocera antes de que las manifestantes rompieran en aplausos. La sentencia de “La Manada” es, para ellas, una expresión más de la Justicia Patriarcal. “Nos quieren solas y nos tienen en manada”, ha asegurado la segunda portavoz. “Somos muchas las que hemos vivido violencia sexual”, pero hoy “ya no tenemos miedo”.

Después, han continuado pasando el micrófono al resto de compañeras para, a continuación, exigir la aplicación real de “la perspectiva de género a la Justicia” que evite que “se nos juzgue cuando nosotras somos las víctimas”. No van a permitir que “se siga hablando de muertes cuando son asesinatos” y, además, piden un cambio de enfoque en otras áreas: “Exigimos que se deje de hablar de consentimiento. Las relaciones sexuales no tienen que ser consentidas, tienen que ser deseadas por quienes participan en ellas”. Hay un matiz fundamental entre estas dos palabras: “El consentimiento se puede condicionar, el deseo no”. Este deseo, además, debe ser “afirmativo, específico, consensuado y en todo momento reversible”.

También ha habido algún mensaje para políticos oportunistas, ya que han exigido que dejen de usarse esas reivindicaciones con “fines electoralistas”. Quieren un cambio profundo, real y de base y debe empezar en las escuelas, con una educación sexual y afectiva que enseñe a los hombres a no violar y no obligue a las mujeres a ser “educadas para no ser violadas”.

Finalmente, han coreado todas las frases reivindicativas de la jornada, empezando por una que esperan que traspase las gruesas paredes del Tribunal Supremo: “Stop a la cultura de la violación”.

 

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