Seguimos, porque queremos decidirlo todo

  • Este sábado 22 de junio, más de 18.000 personas participaron en la macro consulta republicana por el derecho a decidir
  • Desde luego que la única república que merece la pena es aquella que es capaz de resolver realmente las demandas y necesidades de las clases populares.

Lucía Nistal, miembro de la Plataforma por la Consulta Republicana Madrid 22J

Este sábado 22 de junio, a cinco años de la proclamación exprés de Felipe VI, más de 18.000 personas participaron en alguna de las decenas de mesas dispuestas por el centro de Madrid en la macro consulta republicana por el derecho a decidir. En concreto, se recogieron 18.060 votos, de los cuales 17.474 apostaban por el derecho a decidir y 16.124 a favor de la república, es decir, más del 90% de los participantes votaron por abolir la monarquía como forma de Estado

El éxito de esta jornada, en la que además de llenar el centro de la capital de mesas con urnas, llenamos sus plazas con actividades organizadas por diferentes colectivos sociales, vino precedido de un proceso de autoorganización en el que participamos las plataformas de las consultas republicanas barriales, como fue la de Vallecas decide de hace precisamente un año, o las que tuvieron lugar simultáneamente el 2 de diciembre, y los referendos universitarios madrileños, que arrancaron el 29 de noviembre en la Universidad Autónoma de Madrid, del que fui una de las impulsoras. Las consultas mostraron el enorme cuestionamiento a la monarquía de las nuevas generaciones que llevamos la consulta a decenas de universidades de todo el Estado.

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Para nosotros, mientras todos los partidos del régimen sin excepción sacan la cuestión de la monarquía de la agenda, es fundamental la capacidad de coordinación y trabajo común para poner en pie movilizaciones independientes de las instituciones que continúen profundizando el cuestionamiento a la monarquía, socavando así un pilar básico de este régimen para ricos que, desde luego, no tiene nada que ofrecernos a las mayorías sociales.

Por eso era tan importante sumar a diferentes colectivos en el proceso, para que las compañeras del movimiento feminista pudieran exigir desde la Puerta del Sol nuestro derecho a decidir sobre nuestras vidas frente a esta monarquía patriarcal en su más profunda naturaleza, para unirnos a los pensionistas que acompañaron la jornada con una manifestación por unas pensiones dignas, junto a los migrantes que desde Lavapiés denunciaron el racismo institucional de este régimen, mano a mano con la juventud precaria que pelea si quiera por cobrar el salario mínimo interprofesional, con colectivos en lucha por derechos sociales y laborales, con los jóvenes que piensan otro sistema y otra ciudad que no destruya nuestro planeta.

El sábado, fuimos sectores de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud quienes llenamos el centro de Madrid para exigir nuestro derecho a decidir, para impugnar una monarquía que sirve de candado a este régimen para ricos que solo nos ofrece precariedad y represión. Una monarquía que, no nos cansaremos de repetir, fue impuesta por el dictador genocida Francisco Franco, corrupta e impune incluso tras retirarse, absolutamente antidemocrática, que se enriquece a nuestra costa, que se lleva al año 60 millones de euros de los Presupuestos Generales mientras negocia con grandes fortunas y jefes de Estados totalitarios.

Una monarquía que entró en el famoso pack de la Constitución por el temor a que si se abría a referéndum, no saldría respaldada. Una corona que nadie ha elegido, pero que se permite avalar la brutal represión al pueblo catalán por querer decidir sobre su futuro y que se entrevista con los diferentes partidos para hacer de juez y parte, como ordena la Constitución, la ley de leyes en cuya redacción participaron generales del franquismo – y que ninguna opción política que pretenda cambiar la situación de la mayoría social tendría que enarbolar como si fuera lo único a lo que podemos aspirar–.

El 22 de junio no solo salimos a la calle para impugnar esta monarquía, sino para dejar claro que no aceptamos este régimen impuesto que vela por los intereses de unos pocos a costa de la miseria de las mayorías y que busca profundizar la criminalización de la movilización social como deja claro el juicio a los presos políticos catalanes.

Algunos de los comentarios por parte de monárquicos acérrimos que nos llegaban por redes nos decían que con una república no se soluciona todo. Eso ya lo sabemos, por eso nuestra idea no es cambiar algo para que nada cambie. En mi caso, desde luego no aspiro a una república como la estadounidense en la que el 20% más pobre – en su mayoría no blancos – tiene una esperanza de vida 13 años menor que el 20% más rico, pero tampoco en una república como la francesa que trata de imponer recortes a golpe de represión. En todo caso, pienso en una república de la clase trabajadora, organizada democráticamente desde las bases, donde los que producen la riqueza social puedan decidir su propio destino. 

Por eso somos muchas las voces en el movimiento antimonárquico que hablamos de la necesidad de abrir procesos constituyentes. Porque no nos vale con una república capitalista decidida en despachos, en las que una vez más se cambia algo para que nada cambie. Procesos que solo podrán ser verdaderamente libres y soberanos si se realizan sobre la base de asambleas constituyentes elegidas por sufragio universal entre todas las personas mayores de 16 años. Cuyos representantes puedan ser revocados en todo momento y no perciban más salario que el de una maestra. Asambleas constituyentes libres de todo tutelaje y límites impuestos desde las instituciones de las que se dota esta democracia para ricos, ya sea el Senado, la Judicatura o, por descontado, la propia Corona. Precisamente por esto, un proceso como el que estoy describiendo solo podrá conquistarse desde la ruptura con todo el orden constitucional previo y a través de la autoorganización y movilización del pueblo trabajador, de la cual jornadas como la del pasado 22 de junio son una de sus primeras semillas.

¿Y qué decidiríamos a través de estas Asambleas Constituyentes? Absolutamente todo. Desde luego el fin de la monarquía, sí, pero también la relación entre los pueblos del Estado y otras cuestiones que afectan directamente a nuestras vidas, como abrir la discusión sobre el pago de la deuda, sobre qué medidas reales debemos tomar contra la violencia machista, cómo terminar con la pobreza, el cierre inmediato de los CIEs, terminar con los privilegios de la casta política y judicial, la nacionalización de la banca, etc.

Desde luego que la única república que merece la pena es aquella que es capaz de resolver realmente las demandas y necesidades de las clases populares. Desde mi perspectiva, esto solo puede llevarse a cabo en una república de los y las trabajadoras y el pueblo basada en la democracia directa. Opuesta por el vértice a los principios de un sistema económico, el capitalismo, sostenido sobre el expolio a las mayorías en beneficio de una muy pequeña minoría. 

En su discurso de Navidad, el rey se dirigió sin explicitarlo a una juventud que estaba realizando referendos en la mayor parte de las universidades públicas, ya que sin duda es consciente de que ha perdido el apoyo de las nuevas generaciones y que el tiempo de su institución se agota. Incluso desde los círculos de poder empieza a asumirse que la monarquía es insostenible y que Leonor no va a reinar. Lo que está en juego ahora es qué es lo que va a sustituirla y si tendremos que esperar otros cuarenta años para eso. Por nuestra parte la decisión está clara: queremos una alternativa en favor de las mayorías y la queremos ya.

El 22 de junio dimos un paso más en el proceso de organización y movilización por el derecho a decidir. Pero queremos mandarle un mensaje claro a este régimen, a su monarquía, su extrema derecha, su judicatura… Seguimos, porque queremos decidirlo todo.

La energía que renueva los pueblos