INNOVACIÓN

De Andalucía al espacio: el reactor que podría facilitar la vida en la Luna está en Tabernas

  • Thorsten Denk ha creado un reactor que es capaz de mantener con vida a una tripulación de 5 o 6 miembros en la Luna de manera indefinida    
  • El proyecto se desarrolla en la Plataforma Solar de Almería (PSA) en el desierto de Tabernas  
 

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De todos es conocida la potencia energética que sería España en producción solar si no fuera por el devenir político al que parece estar supeditado este sector estratégico, pero no es tan conocido que en una de las primeras plantas a nivel mundial de investigación de energía solar por concentración se ha creado un reactor que haría posible la habitabilidad en nuestro satélite, la Luna.

La Plataforma Solar de Almería (PSA), en el desierto de Tabernas pertenece al CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) del Ministerio de Ciencia e Innovación. Institución que a lo largo de su historia ha colaborado con entidades tanto de ámbito privado como público en proyectos de investigación y comercialización de energía renovables. Estas colaboraciones trajeron a Thorsten Denk hasta este rincón del desierto andaluz. Este investigador de origen alemán hace 18 años se afincó en nuestro país a través de sus primeros proyectos en la PSA cuando trabajaba en la Agencia Aeroespacial Alemana (DLR). Con perseverancia y trabajo Thorsten logró a mediados de 2017 demostrar empíricamente que podía extraer agua de la tierra lunar, lo que habría un mundo de posibilidades en lo referente a la habitabilidad del satélite.

Este ingeniero aeroespacial ha conseguido crear un reactor que es capaz de mantener con vida a una tripulación de 5 o 6 miembros en la Luna de manera indefinida. Alimentado con ilmenita (FeTiO3), un mineral presente en la arena lunar. Este reactor se calentaría por concentración solar hasta los 900 grados Celsius al cual se le añadiría hidrógeno y argón, este último en mayor proporción para dar estabilidad a la reacción (en la Luna solo se usaría hidrógeno puro). Las altas temperaturas producen la reacción química entre el gas y las partículas dando lugar a agua (H2O). Este agua da oxígeno e hidrógeno a través de un proceso de electrólisis. El hidrógeno volvería a alimentar el reactor y el oxígeno sería el preciado elemento para los soportes vitales de los astronautas o factor fundamental para el combustible de los cohetes. 

El oxígeno es tan vital como pesado, por lo tanto, se podría ahorrar mucho en viajes lunares ya que no habría que transportarlo desde la tierra para utilizarlo en los viajes de regreso si se produjera en la Luna de manera autónoma. Esto sería fundamental si habláramos de una base lunar, ya fuera laboratorio de investigación o estación de servicio para viajes encaminados al espacio profundo. La Luna como colonia minera aún es un terreno por el que queda mucho que investigar y grandes dificultades que resolver. 

Thorsten Denk junto a su reactor de fluidización de partículas dentro el horno de energía solar en la PSA de Tabernas, Almería.
Thorsten Denk junto a su reactor de fluidización de partículas dentro el horno de energía solar en la PSA de Tabernas, Almería. /Felipe Passolas

Se podría aprovechar el espacio de carga que no requeriría el oxígeno para otros recursos. El reactor bautizado como Oresol por Thorsten funcionaría durante el periodo de luz de 14 días en la Luna, pudiendo generar oxígeno de manera continua. El reactor está diseñado para que su mantenimiento y operatividad estuvieran integrados dentro del soporte vital de la tripulación sin complicaciones tanto en uso como en su alimentación.

Una primera fase de adaptación

Thorsten afirma que sería necesaria una primera fase de adaptación ya que algunas de las condiciones ambientales como la baja gravedad del satélite son difíciles de replicar en la tierra y debería incluirse en un módulo de investigación antes de ser completamente asignado a un soporte vital en la Luna. Factor importante de este reactor es su tamaño que podría producir 17 litros de agua al día pesando alrededor de 400 kilogramos, una cifra muy importante cuando hablamos de agua en el espacio. 

Las opciones de este reactor aumentan conforme uno estudia las posibilidades del satélite como primera etapa antes de una exploración de aquello que parece ser el objetivo de todas las agencias espaciales, el planeta rojo. El oxígeno como parte del combustible podría ser producido en la Luna, lanzado a órbitas terrestres para ser recogidos por los vehículos espaciales y seguir rumbo a Marte. 

El futuro de este reactor y de la exploración espacial no está supeditado solo al ingenio humano y los retos tecnológicos que la última frontera supone, sino al devenir político y empresarial de entidades con un carácter nacional o supranacional. El calendario de las grandes agencias espaciales es complicado y los intereses nacionales en la conquista del espacio muy particulares. Atendiendo a esto, y como buen científico, Thorsten ha tenido en cuenta otro tipo de escenarios más terrenales para su reactor. Este no se aplicaría a temas de agua u oxígeno en zonas que lo necesitasen como podría pensarse a primera instancia aquí en la tierra, ya que sería más costosos que por métodos tradicionales, pero si podría destinarse en la industria de la construcción, aplicando el proceso de la fluidización con radiación solar concentrada a elementos como el cemento. 

La carrera espacial más pronto que tarde se comercializará a un público mayor, los cohetes reutilizables ya son una realidad, los viajes de turistas al espacio cada vez son más baratos, aunque por ahora sigamos hablando de turistas millonarios, pero de lo que no hay duda, es que la exploración espacial es algo que veremos como algo cotidiano dentro de poco. Un mundo conectado con satélites, donde el objetivo a corto plazo es una conexión global de internet donde no quede un rincón sin cobertura, es un paso que ya se está dando. Los departamentos de investigación de universidades de todo el mundo ya lanzan sus propios mini satélites desde la Estación Espacial Internacional (ISS), posibilidades de exploración que hace unas décadas eran impensables. El ser humano será fiel a su condición y no tardaremos en demandar ir más allá, un más allá donde tal vez nuestra Luna tenga mucho que ver. 

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