Cardenales curiales y extranjeros libran la primera batalla de la sucesión papal

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Lucia  Magi *

Varios cardenales durante la Congregación encargada de fijar la fecha del comienzo del cónclave, en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. / Guido Montani (Efe)

ROMA.– El Colegio Norteamericano es un edificio escuadrado en la colina del Gianicolo, cerca del Vaticano. Aquí se alojan los 11 cardenales llegados desde Norteamérica. Muy unidos y cercanos, ríen mucho, intercambian bromas y se desplazan hasta la Sala Nueva del Sínodo, en el corazón del Vaticano, todos juntos apiñados en la misma furgoneta. En el teatro de su seminario, solían turnarse para contestar a las preguntas de los periodistas. Cada día a las 14:30, terminada la Congregación de la mañana y el breefing del portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, las ruedas de prensa de los norteamericanos se estaban convirtiendo en una cita esperada por los medios globales, ya que los otros cardenales no son tan alcanzables ni organizados. Sin embargo, ayer, el mitin fue cancelado a última hora. “El Colegio cardenalicio expresó preocupación”, dice la monja que lleva la comunicación de estos purpurados. Parece que el camarlengo Tarcisio Bertone y el decano Angelo Sodano, secretarios de Estado con Ratzinger y Wojtyla, regañaron a los colegas de EEUU por su actitud demasiado abierta con la prensa. Resultado: bocas cerradas.

Los vaticanistas leyeron en este gesto una confirmación más de la división que se perfila dentro del Colegio Cardenalicio entre curiales y extranjeros, entre purpurados que pertenecen al gobierno central y purpurados esparcidos por el mundo, alejados de Roma.

Otro argumento que sostiene la tesis de esta división de bandos es que los cardenales están tardando más de lo esperado en fijar una fecha de ingreso al Cónclave.

El “no habemus fecha” estimula la curiosidad de los analistas más veteranos. El martes, Lombardi precisó que, contrariamente a lo que había explicado en un primer momento, no es necesario esperar a que todos los electores se incorporen a las reuniones para establecer el principio del Cónclave. “En realidad, - aclaró - ya que sabemos cuándo llegan sus aviones, los padres pueden decidir cuando quieran”. La nueva interpretación pareció apuntar a la voluntad de cerrar enseguida la fecha. La Capilla Sixtina ya está casi lista para acoger a los purpurados menores de 80 años: cerrada a los turistas, su pavimento ha sido protegido con una capa de madera, las estufas están allí, una para quemar las papeletas y otra los agentes químicos que coloran la fumata de negro o de blanco. Está montada la chimenea, en el techo. Sin embargo, los purpurados no parecen compartir la misma prisa. No todos, evidentemente: mientras Lombardi modificaba su anterior interpretación de la norma canónica y consideraba que no es necesario esperar a todos, el Arzobispo de Chicago Francis George declaraba: “No es una cuestión de leyes. Aunque todos los cardenales estuvieran en Roma, yo no me siento preparado para el cónclave”.

“En el Colegio – tuvo que conceder Lombardi ayer miércoles– se advierte muy clara la necesidad de una preparación adecuada, seria, profundizada y nada apresurada. Las congregaciones representan un tiempo de reflexión y maduración. Una buena parte de los cardenales no quiere forzar los tiempos”.

Son sobre todo los extranjeros los que necesitan reposar informaciones e impresiones. Necesitan tiempo para conocerse, hablar y centrar la atención sobre uno o dos nombres. No hay que olvidar que la renuncia de Joseph Ratzinger les cogió desprevenidos. Muchos se ven por primera vez en esta ocasión. Y las congregaciones son una óptima ocasión para que quien quiera tome la palabra, haga su discurso, plantee problemas o cuestione algún tema. Pero tienen reglas muy rígidas y formales. Las verdaderas conversaciones que sirven para empezar a formar grupos de presión sobre uno u otro candidato se desarrollan al margen. En la pausa para el café a media mañana o por la tarde, si no hay encuentros oficiales.

Dice un cardenal que se para un puñado de segundos mientras sale de la cuarta Congregación, la del miércoles por la mañana: "Funciona así. Un compañero se te acerca y te pregunta qué te parece otro cardenal. Tú contestas y entiende si eres de su grupo o no". Los curiales, en cambio, llevan años cruzándose en los pasillos del Vaticano y se conocen: cuanto antes se celebre el Cónclave, más favorecidos serán sus candidatos. Esta fractura entre cardenales romanos (que viven en la Ciudad del Vaticano, no necesariamente italianos) y de fuera será importante bajo la bóveda de Miguel Ángel. La urgencia para el nuevo pontífice será reformar la Curia: los extranjeros prefieren que lo haga uno de ellos, hombre externo y reformista; los curiales imaginan un cambio operado desde el interior. Lo confirma el arzobispo de Boston, el capuchino O'Malley: “Existen dos escuelas. Una sostiene que, como los problemas actuales de la Iglesia nacen de la Curia, debemos apostar por un externo; otros contestan que hay que buscar dentro de la Curia, justo porque su primera tarea será reformarla”.

(*) Lucia Magi es periodista.

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