Ricardo Anaya, el ambicioso ‘chico maravilla’ que quiere sentar en el banquillo a Peña Nieto

  • La campaña mexicana es una guerra sucia y Anaya se ha ganado a pulso un buen puñado de enemigos políticos que le han jugado malas pasadas
  • Comenzó a labrar su futuro político muy temprano y nunca ha trabajado en la empresa privada, algo que le distancia de Macron, con quien su equipo de campaña le comparó

Político de carrera meteórica, Ricardo Anaya, con 39 años, es el candidato más joven que compite en la contienda para presidir México. Orador notable y estudiante brillante, se ganó el apodo ‘chico maravilla’ en las filas de su formación política, el conservador Partido de Acción Nacional (PAN), por su capacidad para aprender rápido y mantener todo bajo control. Ha conseguido lo que pocos creían posible: una alianza con las formaciones de centroizquierda PRD y Movimiento Ciudadano llamada Por México Al Frente, pero tropieza en la carrera electoral al situarse más de veinte puntos por debajo del candidato favorito, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Él, que dice aspirar a salvar a México de la corrupción y la impunidad, precisamente ha visto empañado su sueño de llegar al sillón presidencial al ser señalado por financiación ilícita. La campaña mexicana es una guerra sucia donde en cualquier momento pueden aparecer vídeos o filtraciones sorpresa, y Anaya se ha ganado a pulso un buen puñado de enemigos políticos que le han jugado malas pasadas. Los detractores los tiene tanto en la interna de su propio partido, el PAN, como en el poderoso partido del Gobierno, al que apoyó cuando era diputado federal en buena parte de sus medidas y que ahora ha convertido en su diana. Su promesa más kamikaze es investigar al presidente Enrique Peña Nieto por supuestos delitos de corrupción, si es que llega al poder.

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Nacido en Nacualpan de Juárez (Estado de México), Anaya ha vivido desde niño en el estado de Querétaro, en el centro del país. Hijo de un ingeniero químico y de una arquitecta, fue un estudiante estelar. Se graduó en Derecho en la Universidad Autónoma de Querétaro, donde fue reconocido por haber obtenido el promedio más alto en 15 años, de un 9,97. Además, cuenta con una maestría en la Universidad del Valle de México y un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Comenzó a labrar su futuro político a muy temprana edad y nunca ha trabajado en la empresa privada, algo que le distancia del presidente francés Emmanuel Macron, con quien su equipo de campaña le comparó en un primer momento. Con tan solo 21 años fue candidato del PAN a diputado local en el Congreso de Querétaro, y tres años más tarde se convirtió en el secretario de Gobierno de dicho estado, donde llegó a presidir el partido de 2010 a 2011. Abandonó el cargo para sumarse al gabinete del expresidente Felipe Calderón (2006-2012) como subsecretario de la Secretaría de Turismo, equivalente a un ministerio, aunque con los años acabaría ganándose la enemistad del exmandatario.

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El panista ahora critica las medidas del Gobierno, pero en su época como diputado federal del PAN, de 2012 a 2015, apoyó nueve de las diez reformas estructurales de Peña Nieto, según el portal Verificado, un medio que responde con datos a las noticias falsas que se difunden en México. En septiembre de 2014, Anaya llegó a la presidencia del PAN, partido al que presume de haber llevado al Gobierno en doce estados del país, aunque algunos de ellos, Tamaulipas y Veracruz, tienen niveles de violencia salvajes.

Lo que juega en su contra

Anaya tiene dos frentes importantes: detractores en su propio partido y en el gran aparato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que desde 2012 gobierna México y que ahora enfrenta sus horas más bajas. Sus enemigos internos le acusan de ser el causante de fracturar el PAN por su ambición de ser candidato presidencial. Varios de sus dirigentes más importantes renunciaron a la militancia de la formación conservadora, entre ellos Margarita Zavala, esposa de Calderón, quien se marchó del partido para concurrir como candidata independiente a la Presidencia de México, aunque a mediados de mayo decidió retirarse de la carrera electoral.

El PRI ha potenciado las sospechas de corrupción sobre Anaya y a principios de junio asestó un nuevo golpe contra el candidato panista. El Gobierno pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que interviniese en la campaña electoral mexicana contra Anaya por el expediente que mantiene abierto la Procuraduría General de la República (PGR) por su presunta implicación en la compraventa de un terreno industrial que le había dejado ganancias por 2,7 millones de dólares, aunque todavía no ha sido acusado de ningún delito. Sin embargo, la maniobra más dura ha llegado en la recta final de la campaña, con la publicación de unas imágenes y unos audios en Youtube en los que se escucha al empresario queretano Juan Barreiro diciendo que él y su hermano (Manuel) habrían financiado parte de la campaña del panista y generado ganancias millonarias por la venta de terrenos.

Anaya ha culpado directamente a Peña Nieto de orquestar una campaña de desprestigio en su contra. “A usted, presidente, lo responsabilizo de mi seguridad y la de mi familia. No me van a doblar”, indicó Anaya horas después de la publicación de las imágenes. El candidato presidencial dice que pretenden hacerle pagar caro el hecho de que directamente sostenga que el mandatario actual es “un corrupto” y prometa investigarlo si llega al poder.

Sus propuestas

Anaya es parte de una corriente de políticos mexicanos en la que las ideologías quedan desdibujadas. Aunque de joven estudió en colegios religiosos del Opus Dei y de los maristas y se define como “católico practicante”, no es un predicador del catolicismo tradicional ni alude con frecuencia a la religión en sus discursos. Aunque defiende “la libertad religiosa” se ha mostrado esquivo con la prensa cuando le han preguntado por el matrimonio homosexual o el aborto.

Entre sus apuestas más importantes, fortalecer el Sistema Nacional Anticorrupción y crear una Fiscalía autónoma e independiente del poder político –actualmente existe la PGR que está vinculada al Ejecutivo–, una reivindicación que centenares de colectivos ya llevaron a las calles de la Ciudad de México. También quiere pacificar el país mediante una Secretaría de Seguridad Ciudadana independiente de la de Gobernación y reestructurar el Sistema Nacional Penitenciario para modernizarlo.

Otras de sus propuestas son impulsar la participación ciudadana mediante debates públicos permanentes, garantizar la igualdad salarial entre hombres y mujeres, así como combatir la pobreza mediante el aumento del salario mínimo. Promete abrirse a debates como la legalización de la marihuana, pero tener mano dura en la política exterior, especialmente contra el presidente estadounidense Donald Trump, a quien quiere decirle que “México no pagará el muro” con el que pretende separar ambos países.

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